¬ęYo puedo con el Estado¬Ľ

¬ęYo puedo con el Estado¬Ľ. Esta frase lapidaria, pronunciada en una comida ante varios polic√≠as, demuestra hasta qu√© punto el excomisario Jos√© Villarejo, en prisi√≥n desde hace ya casi un a√Īo, se cre√≠a impune. No le import√≥ enfrentarse al CNI; tampoco desafiar a la Corona… √©l pod√≠a con todo, porque pensaba que con la informaci√≥n que acumulaba nadie podr√≠a con √©l.

¬ęMont√≥ una trama que le funcionaba a la perfecci√≥n. Ten√≠a dinero, y poder. Muchos le admiraban, y muchos m√°s lo tem√≠an. Pero se equivoc√≥ en lo m√°s evidente; al Estado no se le desaf√≠a, porque es mucho m√°s fuerte que cualquiera¬Ľ, explica de forma gr√°fica un mando policial que lo conoce bien y que siempre ha mantenido con √©l la distancia adecuada ¬ępara no tener problemas¬Ľ.

El primer problema de la trama surgi√≥ de forma inopinada, con la operaci√≥n Emperador, en la que fue procesado y luego absuelto el comisario de Barajas, Carlos Salamanca. Villarejo vivi√≥ aquello como una amenaza, no solo porque afectaba a su ¬ętronco¬Ľ -a uno de ellos-, sino porque el aeropuerto es uno de esos destinos que permite adquirir relaciones privilegiadas. El excomisario despleg√≥ una actividad brutal para desprestigiar a uno de los fiscales del caso, que pas√≥ a ser una de sus obsesiones.

A partir de ah√≠ comenzaron los problemas. El comisario principal Marcelino Mart√≠n-Blas, entonces jefe de la Unidad de Asuntos Internos, le comenz√≥ a investigar poco despu√©s del caso del peque√Īo Nicol√°s. De nuevo su reacci√≥n fue furibunda y consigui√≥ que el entonces director Adjunto Operativo, Eugenio Pino, lo apartase del cargo.

Pero para entonces Villarejo hab√≠a perdido uno de sus principales activos: la discreci√≥n. Salir en los medios de comunicaci√≥n -a pesar de ser una de las principales fuentes de alguno de ellos-, le perjudic√≥ de forma notable. Un ¬ęagente encubierto¬Ľ, como se defin√≠a a s√≠ mismo, no puede exponerse p√ļblicamente, incluso en televisi√≥n. Y √©l lo hizo, de nuevo porque se sent√≠a impune.

Las revelaciones periodísticas sobre su patrimonio y andanzas, y sobre todo su choque frontal con el director del CNI, Félix Sanz, terminaron de hacerlo más vulnerable. Pero ni siquiera así pudo imaginar que un día agentes de la Unidad de Asuntos Internos, dirigidos por dos fiscales Anticorrupción ajenos a la operación Emperador, le pusieran las esposas, y menos que un juez lo encarcelara.

Al principio pens√≥ que aquello ser√≠a cosa de pocas semanas, y as√≠ se lo dijo a varios allegados. El paso de los meses, y la acumulaci√≥n de cada vez m√°s pruebas contra √©l, le desconciertan. Todas sus peticiones de libertad han sido rechazadas. Y √©l, ahora, pasa al ataque. Primero fue Don Juan Carlos; ahora Dolores Delgado… ¬ŅEl siguiente? Veremos.

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