Vuelve a casa, vuelve, por Navidad

Acaba el a√Īo 2018 y son miles los j√≥venes espa√Īoles que viven fuera de Espa√Īa porque han tenido que salir de nuestras fronteras a buscarse los garbanzos. Buenas chicas y buenos chicos que despu√©s de dejarse las pesta√Īas estudiando sus carreras y sus masters no han tenido m√°s remedio que ir a buscar trabajo lejos, muy lejos, incluso ‚Äúall√† el collons‚ÄĚ.

Se nos quiso vender como ‚Äútoda una aventura‚ÄĚ para nuestros chavales. Tal vez en otro tiempo, en mi √©poca lo fue. Pero ahora no. Ahora es necesidad. La penuria laboral a la que se enfrentan aqu√≠ les lleva a sacar su talento del pa√≠s y ponerlo al servicio del mejor postor. Pa√≠ses que se quedan con lo mejor de nuestras universidades sin haber invertido un solo duro en su preparaci√≥n ni en su formaci√≥n.

Es la primera generaci√≥n, en mucho tiempo, que va a vivir, que vive, peor que sus padres. Peor que nosotros. Y, lo que a√ļn es m√°s duro, sin expectativas de futuro porque no les ofrecemos nada. Casi nada. Les damos muy pocas posibilidades para crecer. Por eso se van.

Al inicio de la crisis surgi√≥ la figura del ‚Äúmileurista‚ÄĚ. Ahora, cobrar mil euros ya es la leche para nuestros j√≥venes. Bueno y para muchos no tan j√≥venes. Hace un par de d√≠as hablaba de esto con una mujer, profesional muy preparada que, a sus 22 a√Īos, sobrevive en Madrid con el salario m√≠nimo interprofesional y con un mont√≥n de horas extra al d√≠a que, por supuesto, no le pagan. Le pregunt√© si estar√≠a dispuesta a salir de Espa√Īa a buscar trabajo y me dijo que si pudiera, s√≠. Pero que econ√≥micamente no pod√≠a ni plantearse emprender el viaje. ¬°C√≥mo est√° el patio! Estaba ilusionada con la subida del salario m√≠nimo pero le parec√≠a, claro, insuficiente.

Yo no soy economista, pero soy padre. Y veo lo que hay. Y veo las dificultades de nuestros hijos para hacerse hueco y comenzar a andar su camino. Y poder pensar en el futuro. Y poder independizarse. Y comprar una casa. Y formar su propia familia‚Ķ Son frases que parecen de ciencia ficci√≥n, ¬Ņverdad? Pero son la aspiraci√≥n de cualquier ser humano.

Imagen de una joven tomada en el campus de Tarongers de Valencia – ROBER SOLSONA

Ahora, encima, nos enteramos de que el sistema de becas para nuestros universitarios no va a cambiar y que, hasta bien empezado el curso no van a saber lo que van a recibir. As√≠ les a√Īadimos un poca m√°s de incertidumbre y, de paso, ponemos a los padres al borde del colapso. Vamos, que lo hemos cambiado todo para que no cambie nada. Me encanta!!!

Esto es un drama. El de un Estado que ha fracasado en sus planteamientos y que ha defraudado a los j√≥venes en sus expectativas. Eso por no hablar de si se defrauda o no a los jubilados, pero esa es otra historia, o tal vez no, porque no olvidemos que de las cotizaciones de los trabajadores j√≥venes dependen las pensiones de los m√°s mayores. Pero claro, si lo j√≥venes cobran sueldos de mierda ya se pueden figurar d√≥nde puede ir a parar el sistema p√ļblico de pensiones. Pero insisto, esa es otra historia y hoy estoy hablando de j√≥venes.

S√≥lo les hago una pregunta a ustedes y, de paso y con permiso, a los responsables pol√≠ticos de turno: Realmente ¬Ņestamos haciendo lo suficiente? Espero su respuesta con hechos, pero yo, sinceramente creo que no.

Si aqu√≠ tienen contratos precarios, sueldos m√≠nimos y horarios infames despu√©s de haberse dejado la vida estudiando, seguir√°n march√°ndose de Espa√Īa para buscarse la vida. Una l√°stima.

Pero no se preocupen. Volver√°n a casa, cada a√Īo, por Navidad, como en los anuncios de turr√≥n. Eso, con suerte.

Ferran GarridoFerran Garrido

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