Villarejo tiene miedo de acabar como Khashoggi

«Cuesta creer que en un Estado democrático y de Derecho alguno de sus altos cargos pueda imaginar siquiera la eliminación física de una persona inocente. No puedo ocultar que en varias ocasiones, los últimos días, me ha venido a la mente el reciente episodio de Jamal Khashoggi». Son palabras del comisario jubilado José Manuel Villarejo, recogidas en un escrito recién presentado ante la Audiencia Nacional por su abogado. En el mismo denuncia que sufre «torturas y trato degradante» en la prisión de Estremera y pide al juez Diego de Egea que «se adopten las medidas de protección de la integridad física y moral» del preso que sean procedentes.

El escrito consta de ocho puntos. Además de la comparación extrema con el caso del periodista asesinado en el consulado de Arabia Saudí en Estambul, relata una serie de episodios en los que acusa de manera directa a varios funcionarios. Dos de ellos se produjeron, según su denuncia, después de dos «vis a vis» familiares, el 26 de noviembre y el pasado 10 de diciembre. Tras la primera visita asegura que irrumpieron cuatro o cinco funcionarios con dispositivos electrónicos «de los que se utilizan para recuperar micrófonos que se clavan como chinchetas, así como con raquetas detectoras de metales». Dice que lo cachearon y desnudaron, que se burlaron de él y que se le dispararon las constantes. «Uno de los funcionarios llegó a señalarle a su compañero: ‘venga, hay que pasarle la raqueta por los huevos de una puta vez‘».

Respecto del segundo episodio relata que otro funcionario , en tono amenazante y agresivo, le susurró que a partir de ahora lo iba «a pasar muy mal», que gente «muy importante había pedido al director que me sacara el lugar donde tenía una copia de todo, y que si no cooperaba, iban a ponerme un compañero conflictivo en la celda y a los pocos días iba a estar aislado, incomunicado, solo». Añadió, dice, que a su amigo el juez «le quedaban dos telediarios».

Villarejo enumera una serie de episodios que califica de «tortura psicológica» por parte de algunos funcionarios, aunque aclara que el trato de la mayoría es correcto. Y frente a su habitual socarronería y cierta actitud chulesca que se aprecia en las grabaciones difundidas alega: «Me he sentido agredido, vulnerable, consciente de que en cualquier momento podía ser atacado físicamente por sujetos grandes, jóvenes, aparentemente fuertes, y en un espacio muy pequeño y cerrado».

El escrito recoge también que ha sentido que su mujer y su hija podían ser amenazadas; invoca su estado de salud e incluso que intenten provocarle «algún tipo de fallo de salud». De ahí que analice los medicamentos que le suministran, deslizando que se pudiera hacer pasar por una «muerte normal», dado su delicado estado, lo pudiera ser «una acción planeada y provocada».

«Mi principal preocupación y mi meta es, del alba al ocaso, salircon vida de este infierno de Estremera para poder defenderme, como reza nuestra Constitución, con todas las garantías, y si llegara el caso, a un juicio justo». Así concluye el escrito presentado ante el Juzgado Central de Instrucción número 6. El juez Diego de Egea solo permanecerá al frente del caso hasta el 31 de diciembre, por decisión propia.

Hasta ahora todas las peticiones de libertad de Villarejo, que lleva más de un año en prisión preventiva, han sido denegadas tanto por el juez como por la Sala de lo Penal. De Egea, no obstante, se había planteado colocarle una pulsera de control telemático y excarcelarlo.

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