Villarejo, el comisario que quiere chantajear al Estado

¬ęYo puedo con el Estado¬Ľ. Esta frase lapidaria, pronunciada en una comida ante varios polic√≠as, demuestra hasta qu√© punto el excomisario Jos√© Villarejo, en prisi√≥n desde hace ya casi un a√Īo, se cre√≠a impune. No le import√≥ enfrentarse al CNI; tampoco desafiar a la Corona… √©l pod√≠a con todo, porque pensaba que con la informaci√≥n que acumulaba nadie podr√≠a con √©l.

Villarejo ha estado involucrado en la redacci√≥n del informe V√©ritas y en las andanzas del ¬ępeque√Īo Nicol√°s¬Ľ, pasando por otros focos de pol√©mica m√°s lesivos para el buen nombre de la Polic√≠a. Paralelamente, se le conoce un patrimonio surgido a rebufo de un complejo entramado de empresas que hizo compatible con su estancia en puestos relevantes en la seguridad del Estado cuya remuneraci√≥n no daba para tanto.

¬ęMont√≥ una trama que le funcionaba a la perfecci√≥n. Ten√≠a dinero, y poder. Muchos le admiraban, y muchos m√°s lo tem√≠an. Pero se equivoc√≥ en lo m√°s evidente; al Estado no se le desaf√≠a, porque es mucho m√°s fuerte que cualquiera¬Ľ, explica de forma gr√°fica un mando policial que lo conoce bien y que siempre ha mantenido con √©l la distancia adecuada ¬ępara no tener problemas¬Ľ.

La detenci√≥n junto a otras cinco personas hace casi un a√Īo marc√≥ el principio del derrumbe de su fortaleza. La figura m√°s pol√©mica de la jerarqu√≠a policial en los √ļltimos treinta a√Īos era acusada de lucrarse con ¬ęservicios especializados de inteligencia y de facilitar la entrada ilegal de ciudadanos no comunitarios en territorio espa√Īol¬Ľ.

La implicacion, aunque luego fue absuelto, en la operaci√≥n Emperador del comisario de Barajas, Carlos Salamanca, anticip√≥ su detenci√≥n. Villarejo lo vivi√≥ como una amenaza, no solo porque afectaba a su ¬ętronco¬Ľ -a uno de ellos-, sino porque el aeropuerto es uno de esos destinos que permite adquirir relaciones privilegiadas. El excomisario despleg√≥ una actividad brutal para desprestigiar a uno de los fiscales del caso, que pas√≥ a ser una de sus obsesiones.

El comisario principal Marcelino Mart√≠n-Blas, entonces jefe de la Unidad de Asuntos Internos, le comenz√≥ a investigar poco despu√©s del caso del peque√Īo Nicol√°s. De nuevo su reacci√≥n fue furibunda y consigui√≥ que el entonces director Adjunto Operativo, Eugenio Pino, lo apartase del cargo.

Pero para entonces Villarejo hab√≠a perdido uno de sus principales activos: la discreci√≥n. Salir en los medios de comunicaci√≥n -a pesar de ser una de las principales fuentes de alguno de ellos-, le perjudic√≥ de forma notable. Un ¬ęagente encubierto¬Ľ, como se defin√≠a a s√≠ mismo, no puede exponerse p√ļblicamente, incluso en televisi√≥n. Y √©l lo hizo, de nuevo porque se sent√≠a impune. Hab√≠a acumulado un conocimiento casi cartogr√°fico de las llamadas ¬ęalcantarillas del Estado¬Ľ, tan de moda sobre todo en los noventa.

Pero las revelaciones periodísticas sobre su patrimonio y andanzas, y sobre todo su choque frontal con el director del CNI, Félix Sanz, terminaron de hacerlo más vulnerable. Pero ni siquiera así pudo imaginar que un día agentes de la Unidad de Asuntos Internos, dirigidos por dos fiscales Anticorrupción ajenos a la operación Emperador, le pusieran las esposas, y menos que un juez lo encarcelara.

Al principio pensó que aquello sería cosa de pocas semanas, y así se lo dijo a varios allegados. El paso de los meses, y la acumulación de cada vez más pruebas contra él, le desconciertan. Todas sus peticiones de libertad han sido rechazadas. Y él, ahora, pasa al ataque. Primero fue Don Juan Carlos; ahora Dolores Delgado.

Ya son tres d√≠as consecutivos los que el digital Moncloa.com lleva publicando audios de un almuerzo de la entonces fiscal de la Audiencia Nacional con Villarejo, el exjuez Baltasar Garz√≥n y otros mandos policiales que probar√≠an la relaci√≥n cercana de Delgado con el excomisario. En los audios, la hoy ministra realiza comentarios mis√≥ginos y hom√≥fobos y llega a llamar ¬ęmaric√≥n¬Ľ al hoy titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska.

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