Venecia celebra a Peggy Guggenheim, su mayor coleccionista

En su jardín, tan visitado como el Palacio Ducal, Peggy enterró a sus 14 perros

Desde 1951, cuando fundó su casa museo en el Palacio Venier de los Leones, se convirtió en la gran animadora del arte del siglo XX; su nieta le rinde homenaje

VENECIA.- “La √ļltima dogaressa”. As√≠ se llama la muestra que celebra a Peggy Guggenheim, creadora de una de las colecciones de arte moderno m√°s importantes del mundo, mecenas del siglo XX, mujer de vanguardia, exc√©ntrica y legendaria, a 40 a√Īos de su muerte. Peggy muri√≥ aqu√≠ el 23 de diciembre de 1979, a los 81 a√Īos.

El título de esta muestra, que acaba de inaugurarse y podrá verse hasta el 27 de enero en el estupendo museo que lleva su nombre, en el Palacio Venier de los Leones, sobre el Gran Canal, se debe a un motivo muy simple.

“Fue el apelativo que le dieron a mi abuela cuando cumpli√≥ 80 a√Īos, en un reconocimiento de lo que hizo al formar una de las colecciones de arte m√°s importantes del Novecientos”, explica a LA NACION Karole P. B. Vail, su nieta, directora desde 2017 de la colecci√≥n Peggy Guggenheim y curadora de la muestra.

La exhibici√≥n se centra en la figura de Peggy y se focaliza en la parte “veneciana” de su extraordinaria colecci√≥n de arte, con obras de Jackson Pollock, Ren√© Magritte, Francis Bacon y Marcel Duchamp, entre otros “monstruos sagrados”. Y le rinde homenaje a esa relaci√≥n √ļnica que la coleccionista tuvo con Venecia, donde pas√≥ los √ļltimos treinta a√Īos de su vida, despu√©s de haber estado en Par√≠s, Londres y Nueva York.

El arte del siglo XX es el eje de la muestra homenaje Crédito: Gza Colección Peggy Guggenheim

Nacida en 1898 en el seno de una rica familia estadounidense de industriales judíos de origen suizo, Peggy muy joven heredó un gran patrimonio después de la trágica muerte de su padre, Benjamin Guggenheim, en el naufragio del Titanic. De carácter inquieto y fuerte, decidió abandonar los estudios y se lanzó al descubrimiento de Europa, detrás de la huella de muchos otros intelectuales norteamericanos de su época.

Durante 20 a√Īos frecuent√≥ el mundo literario y art√≠stico de Par√≠s y de Londres, al que se integr√≥ cas√°ndose con el artista Laurence Vail, su primer marido y padre de sus dos hijos, Sindbad y Peggen. Fue entonces cuando puso su primera galer√≠a y se transform√≥ en una verdadera mecenas. Invirti√≥ su fortuna y a partir de los 40 a√Īos se dedic√≥ a coleccionar obras de arte, as√≠ como a “coleccionar”, con pasi√≥n, a sus autores.

Asesorada por Marcel Duchamp -quien durante un tiempo fue su amante, al igual que Cy Twombly, John Holms, Douglas Garman, Yves Tanguy, Samuel Beckett o John Cage, entre otros-, llegó a comprar una obra de arte al día. Entre sus adquisiciones había capolavori, como los cuadros de Georges Braque, Salvador Dalí, Piet Mondrian y Francis Picabia.

En 1941, regresó a Nueva York con su colección, que organizó en el Art of This Century, una galería que enseguida saltó a la fama internacional porque juntaba las corrientes de vanguardia: cubistas, abstraccionistas, dadaístas, surrealistas, neoclásicos. Divorciada de su primer marido, poco después se casó con el artista Marx Ernst, un matrimonio breve.

En 1948 Peggy exhibi√≥ su colecci√≥n en la Bienal de Venecia, mostrando por primera vez en Europa obras de artistas como Arshile Gorky, Jackson Pollock y Mark Rothko. Fue un √©xito total y un momento de no retorno. Fascinada por la ciudad de los canales, decidi√≥ quedarse aqu√≠ para siempre, acompa√Īada por sus amados perros y por sus amigos artistas, intelectuales y escritores -entre los cuales estaban Gore Vidal, Stravinsky, Cocteau, Chagall y Truman Capote-, que la visitaban con frecuencia.

“En 1948 Peggy compr√≥ el Palacio Venier de los Leones, que en 1951 convirti√≥ en una casa museo, abierta al p√ļblico tres tardes por semana, gratuitamente. Para ella, la colecci√≥n era para compartir con los dem√°s”, asegura a LA NACION su nieta, que recuerda muy bien a Peggy, a quien sol√≠a visitar en Venecia durante las vacaciones, de ni√Īa y adolescente.

“No era la t√≠pica abuela, era un personaje a veces un poco intimidante, criada en un ambiente con muchos sirvientes que separaban a los padres de los hijos, que no se sent√≠a c√≥moda con chicos, pero tengo buenos recuerdos. Ella tuvo la √ļltima g√≥ndola privada con gondolero, que hoy se encuentra en el Museo Naval, y con sus nada discretos anteojos de sol me llevaba a pasear por los canales y me hac√≠a bajar para entrar en las iglesias y preguntarme despu√©s qu√© cuadros o frescos de Carpaccio, Tintoretto o Tiepolo hab√≠a visto. Yo era chica y la verdad es que no estaba muy contenta de entrar sola en iglesias entonces muy oscuras… Pero la verdad es que fue una experiencia educativa que al final me form√≥ y que ahora aprecio mucho”, cuenta. “Aunque mi abuela coleccion√≥ arte moderno, a ella le encantaba el arte cl√°sico, el Renacimiento. De lo moderno, le gustaban especialmente los surrealistas. En Par√≠s trat√≥ de conocer a Picasso y visitar su estudio, pero este ni siquiera la recibi√≥ porque pens√≥ que era una rica se√Īora norteamericana que coleccionaba arte por diversi√≥n”, apunta.

Para Vail, que no sigui√≥ los pasos de coleccionista de su abuela, pero que igualmente quiso dedicar su vida al mundo del arte, es imposible olvidar sus vacaciones en el Palacio Venier. “Dorm√≠a en un cuarto con cuadros surrealistas que de noche daban un poco de miedo… Como no cerraban con llave las puertas, de repente aparec√≠an visitantes”, evoc√≥, al destacar esa personalidad extravagante de su abuela, famosa por jactarse de tener en su dormitorio una cama realizada por Alexander Calder, artista que tambi√©n cre√≥ para ella aros muy especiales.

En su autobiograf√≠a, Confesiones de una adicta al arte, Peggy Guggenheim no esconde su vida privada sexualmente desinhibida, que le vali√≥ en su √©poca ser acusada de promiscua. Se jacta, de hecho, de haber tenido 400 amantes, el mismo n√ļmero de obras, vestidos y sombreros coleccionados.

“Si hubiera sido un hombre, no habr√≠a sido escandaloso”, la defiende su nieta, que destaca que su abuela logr√≥ ser una mujer totalmente independiente en una √©poca en la que eso no era normal. “Ella fue un catalizador del siglo XX, ayud√≥ y descubri√≥ a muchos artistas y contribuy√≥ al desarrollo del arte del Novecientos. Y se convirti√≥ en un mito”, asegura.

Las cenizas de Peggy, un personaje extraordinario, se encuentran sepultadas en un rincón del bellísimo jardín de su museo -el segundo entre los más visitados de Venecia, después del Palacio Ducal-, junto a sus 14 adorados perros.

“Aqu√≠ yacen mis amados beb√©s”, puede leerse en una l√°pida colocada al lado de la suya, que enumera con nombres, fechas de nacimiento y de defunci√≥n, las 14 mascotas de raza tibetana, shitsu, lhasa apso y, luego, mezclas, que la acompa√Īaron en su aventura veneciana. “Ella lo pidi√≥ -dice su nieta- y as√≠ se hizo”.

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