Varios países quieren cerrar sus embajadas en enero porque no reconocerán el segundo mandato de Maduro

La Asamblea Nacional, dominada en su mayoría por la oposición, ha alertado a la comunidad internacional que no cierre las embajadas en Caracas, como lo ha pedido el Gobierno venezolano, porque eso favorece al régimen de Nicolás Maduro que se prepara para asumir «de facto» su segundo mandato.

Lo ha dicho el diputado Fransisco Sucre, presidente de la comisión parlamentaria de Política Exterior. «Nos hemos dirigido desde la comisión de Política Exterior a la comunidad diplomática advirtiendo la inconveniencia, porque eso es lo que quiere el gobierno de Maduro (…) para poder hacer lo que le da la gana sin ningún tipo de escrutinio».

Muchos países consideran la posibilidad de desconocer a Maduro por ilegítimo en su segundo mandato. Y otros como Perú han planteado al Grupo de Lima romper con Caracas por el desconocimiento de su régimen, lo que ha enfurecido a Maduro y su canciller Jorge Arreaza, que les han dado un portazo en sus narices para que los embajadores se vayan.

Nunca como ahora el miedo y la incertidumbre dominan el futuro de los venezolanos, incluidos los que escapan de la hambruna y la miseria en la que está sumido el país. Nadie sabe lo que pasará en los próximos meses, ni siquiera Maduro.

Y para colmo no hay un liderazgo definido en la oposición y tampoco en el chavismo. Nadie se atreve a lanzarse por temor a que lo desaparezcan o lo destierren muy lejos. Y los que se quedan entonces se mueven en forma sigilosa esperando mejor oportunidad para postularse.

El 5 y el 10 de enero son fechas claves de dos eventos que marcarán el devenir político del país donde la comunidad internacional jugará un papel de primer orden si no abandona el país como lo ha solicitado Maduro y Arreaza.

La nueva directiva de la Asamblea Nacional, posiblemente presidida por el joven Juan Guaidó, de 35 años, tomará posesión el 5 de enero. El cuerpo diplomático ha sido invitado para la presentación de la directiva. La mayoría de los embajadores ha viajado de vacaciones por las fiestas de fin de año pero seguro enviarán a sus representantes para apoyar al único poder legítimo que queda cuando fue elegido en 2015 por voluntad popular.

Cinco días después Maduro también hará otro tanto el 10 de enero ante la Asamblea Nacional Constituyente y el Tribunal Supremo de Justicia. Sus aliados como Cuba, Bolivia y Nicaragua vendrán a la toma de posesión. Y otros como China y Rusia enviarán a sus representantes.

Maduro se prepara para estar 6 años más en el poder en un país arruinado y destruido por él mismo con una inflación de 2.500.000% este año, según el FMI, y un éxodo masivo de más de 3 millones de venezolanos que puede escalar a 8 millones, es decir, el 25% de la población si continúa en el poder.

El miedo y la represión son sus mejores armas para mantenerse, o mejor dicho, sobrevivir en el poder bajo los escombros. Así ha aniquilado el liderazgo de la oposición. De hecho la mitad de sus dirigentes han tenido que exiliarse en el extranjero, otros se han refugiado en las embajadas y el resto está encarcelado.

El temor a ser desterrado es lo que ha impedido que los políticos opositores den la cara y asuman el liderazgo de la transición. Cualquiera que se lance o postule puede terminar mal antes de empezar la carrera. Al presidente de la Asamblea le toca reemplazar a Maduro, bien por ausencia o vacío de poder, según la constitución, pero hasta ahora ningún presidente del parlamento ha querido ejercer esa posición.

Un ejemplo lo da el diputado Luis Florido que tuvo que desmentir por las redes sociales que lo habían postulado como próximo presidente de la Asamblea. Lo único que defiende es la unidad de la oposición y el acuerdo firmado entre los partidos hace una semana para impulsar la elección presidencial limpia y transparente para sacar a Maduro.

Por el lado del chavismo disidente tampoco hay alguien que le haga sombra a Maduro. No tiene contrapeso político pero muestra desespero y nerviosismo cuando ataca a Colombia, Brasil y EEUU por una supuesta conspiración que le quiere «asesinar».

Y para seguir metiendo miedo, Maduro arma a la milicia y manda traer a los bombarderos nucleares rusos para que lo protejan. «Si estuviera seguro de sostenerse en el poder no estaría con tanta alharaca paranoica, dando palos de ciego», dijo un analista.

Por eso el diputado Francisco Sucre cree que no habrá un retiro de embajadores masivo. De hecho muchas delegaciones han disminuido su personal pero no han cerrado sus puertas por los momentos. Pero de lo que no se salvará Maduro es que arreciarán las sanciones internacionales para cercarlo hasta el final.

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