«Vamos a seguir hasta que logremos entrar en EE.UU.»

«Yo lo intento 6.000 veces más hasta que cruce», dice con media sonrisa Rafael, un joven hondureño tan sólo pocas horas después del fallido intento de asalto a la frontera entre Estados Unidos y México. «Vamos a seguir hasta que no se pueda», dice desafiante Javier, también hondureño, mientras camina por las calles de Tijuana de vuelta al albergue en el polideportivo Benito Juárez, donde las autoridades municipales destinan 500.000 pesos al día (21.500 euros) para alimentar y dar cobijo a los 5.000 componentes de la caravana de inmigrantes.

Cerca de un millar de centroamericanos fracasaron el domingo en su intento de pasar a EE.UU. a la fuerza. Una avalancha humana rompió una barrera formada por una veintena de policías antidisturbios mexicanos –armados sólo con escudos– que bloqueaban el puente que lleva a uno de los pasos fronterizos con EE.UU., conocido como El Chaparral. Tras arrollar a los agentes, miles de inmigrantes corretearon como ratón en laberinto por las calles de Tijuana tratando de buscar el acceso a El Chaparral. Sin embargo, los policías mexicanos consiguieron cerrar todas las calles, por lo que los inmigrantes -desorientados- invadieron unas vías de tren desde las que no hay posibilidad de pasar a EE.UU.

Impacto en los medios

«De pasar, pasamos. Vamos a intentarlo hasta que entremos», comenta una joven mientras camina, también derrotada, hacia el albergue. «Fue una lucha fallida, pero nos hicimos notar ante la prensa internacional», comenta Samael, un joven hondureño que participó en el intento de asalto. «Teníamos esperanza de que se abrieran las puertas, pero hay que hacerlo de nuevo», continúa Samael, quien cree que solo conseguirán doblegar a las autoridades estadounidenses si todos los integrantes de la caravana acuden en masa. «Al menos la mitad se quedó. Tenemos que ser todos, porque en la unión está la fuerza», sentencia.

Ante la masiva aproximación de varios inmigrantes a la frontera, EE.UU. cerró durante horas la garita de El Chaparral, afectando el tránsito de miles de personas que cruza los domingos. Con el objetivo de dispersar a los grupos que se acercaban a la frontera, los agentes estadounidenses dispararon latas de gas lacrimógeno que fueron respondidas con lanzamiento de iedras por los inmigrantes. «No van a entrar en EE.UU. Cerraremos la frontera de forma permanente si es necesario», avisó Donald Trump en Twitter.

«Es un error, no se están haciendo las cosas como debe ser. No puede ser a la fuerza», dice Marcos, un mexicano de unos 50 años que se unió a la caravana para intentar entrar en EE.UU. «Así no se va a pasar», concluye. La actitud de los inmigrantes fue reprochada ayer también por Enrique Morones, fundador de la ONG Ángeles de la Frontera, quien acudió desde San Diego para apoyar a los centroamericanos en la manifestación que empezó siendo pacífica. «Es muy fácil provocar, lo que me da miedo es que alguien tire una piedra, haya un balazo y desorden. Es muy peligroso», dijo Morones en declaraciones a ABC.

Tras los incidentes, el ministro de Gobernación de México, Alfonso Navarrete, aseguró en televisión que deportarán inmediatamente a las personas violentas que han identificado como algunos de los alborotadores que calentaron los ánimos y, así, transformaron una manifestación inicialmente pacífica en una grave situación de desorden público que compromete su relación con EE.UU. «Se procederá conforme a la ley», comento Navarrete.

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