Valverde reta al choque generacional

Es el duelo del curso y del lustro que simboliza cualquier fase de la vida. El ciclismo vive un año sensacional con la irrupción del talento joven, chavales recién llegados que han asaltado el poder por descaro y facultades. Son apellidos que fascinan y que, en el Mundial que hoy se celebra en Harrogate (Reino Unido), ocupan posiciones prominentes en los carteles. El holandés Mathieu Van der Poel, que gana todo lo que corre, ya sea en carretera, bici de montaña o ciclocross; el belga Remco Evenepoel, que se ha saltado tres años de aprendizaje en aficionados, y con 19 años ya triunfa en pruebas del World Tour (Clásica de San Sebastián) y es subcampeón del mundo contrarreloj; o el esloveno Tadej Pogaçar, insolente atacante que asombra durante la temporada y conquista tres etapas de montaña en la Vuelta y el tercer puesto en el podio. Son los elegidos por la naturaleza para decidir cuándo y cómo se realiza este inevitable trasvase de poderes. Pero a ellos se opone el elenco de sabios veteranos, gente que conoce su cuerpo, el oficio y el Mundial, y que confía en retrasar el estallido juvenil. Defiende su título el más viejo de todos, el que más medallas tiene en la historia (7), el campeón del mundo Alejandro Valverde (39 años). Y a su vera protegen la especie y su generación otros candidatos como Philippe Gilbert (campeón en 2012) y Peter Sagan (tres Mundiales).

Llueve tanto y es tan previsible el agua hoy en el norte de Inglaterra que los ciclistas se pertrechan para siete horas de esfuerzo total, casi 290 kilómetros y una escabechina cantada por las condiciones del tiempo. «El circuito no es tan duro como el de Innsbruck», se resguarda el seleccionador español, Pascual Momparler, para depositar la presión y el control de la carrera en otras camisetas. Bélgica, por ejemplo, podría ganar con cualquiera de sus ocho integrantes. Es la favorita, más que Valverde y España.

«No hará falta atacar. Será una carrera dura y se romperá seguro», vaticina el campeón del mundo, que dio la impresión en la Vuelta de haberse liberado de la tensión del Mundial cuando dijo: «Ya lo he ganado. Y también están los Juegos de Tokio». España es el único equipo que compite con nueve corredores: el campeón del mundo tiene plaza nominal reservada por decreto.

No hay en Harrogate un muro al 22 por ciento como el de Innsbruck, sino un trazado con 3.845 metros de desnivel durante los 290 kilómetros, que es mucho, y esconde una recta de meta en pendiente que favorece a llegadores como Sagan, Matthews, Gilbert, Van Avermaet, Alaphilippe o Trentin.

Nada le viene mal a Van der Poel, el huracán holandés que, en su debut en un Mundial, amenaza con barrer a la competencia. «Yo corro por instinto. Y voy a seguir así», dice, perfil salvaje, el nieto del legendario segundón, Raymond Poulidor. «Me preparé bien, hice todo bien. Y sí, creo que soy uno de los pocos que puede ganar».

El pelotón de países sale a las 9.40 horas de la mañana y aterrizará en meta sobre las 17.00 en la carrera más bonita del año, la que premia al triunfador con la camiseta más hermosa del ciclismo.

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