Valls se propone que Barcelona sea la solución a la fractura del «procés»

Manuel Valls está en la carrera. El exprimer ministro de Francia confirmó anoche que aspira a ser el alcalde de Barcelona, para lo que se presentará a las próximas elecciones municipales con el apoyo de una plataforma electoral a la que, por el momento, Ciudadanos es el único partido que se ha sumado. El partido naranja, que ayer celebró el paso dado por Valls, le ha dado carta blanca para configurar un proyecto a su medida.

Manuel Valls explicó cuál es su visión de Barcelona -cosmopolita, abierta a Europa, lo opuesto a la capital de la «república imaginaria» con la que sueña el independentismo-. No dio en cambio muchos detalles que aún están por dilucidar. El primero de ellos, fundamental, el de las personas que integrarán su candidatura y también, el grado de implicación e influencia de Ciudadanos en la misma.

De entrada, el acto que se organizó ayer para presentar el anuncio devino en un caos ante la falta de aforo del local, una pequeña sala del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona -lugar de referencia para la izquierda cultural en Barcelona- que, no hacía falta anticiparlo, se quedó pequeña. La imagen es el mensaje, y la instantánea de colas y gente quedándose sin poder entrar, premeditadamente buscada, formó parte también del lanzamiento de una campaña que ahora deberá mostrar que, además de generar expectación y guiños en las redes sociales, es capaz de cuajar una candidatura sólida y con discurso.

Algo del mismo anticipó ayer el candidato, que la próxima semana dimitirá de sus cargos en Francia. En lo que puede convertirse en divisa de su campaña, y tal y como explicó ayer, su proyecto se dirige a aquellos barceloneses «que se reconocen en la cultura catalana y en el catalanismo, sin sectarismo», pero también a «todos los barceloneses castellanohablantes». Valls hizo su discurso en catalán en casi su totalidad.

Tras definirse como «hombre de izquierdas, con principios y valores republicanos», lanzó un mensaje claramente dirigido a Ada Colau, aludiendo a un proceso independentista «que ha puesto Barcelona en una encrucijada de incertidumbres que no se podrá resolver ejerciendo una equidistancia forzada». Se mostró convencido de que «Barcelona necesita ser gobernada pensando en si misma». Valls, asumiendo que las municipales de 2019 pueden ser decisivas para el devenir del «procés», consideró que Barcelona puede ser en realidad «el inicio de una solución para la fractura que se ha generado».

Si su faceta como ariete contra el proyecto secesionista era conocida, ayer tocó ponerse el traje de candidato, denunciando la inseguridad que se está incrementando desde hace meses en Barcelona, el incivismo -aquí sacó a relucir su experiencia como alcalde de Evry (Francia)- criticando la mala gestión del turismo, en definitiva llegando a la conclusión de que es necesario un cambio de rumbo en una ciudad a la que declara su amor pero que, denuncia, está «sumida en una dinámica perdedora».

En la platea, algunos de los nombres que están acompañando a Valls en este proceso: dirigentes de SCC, gente de la empresa como el cazatalentos Luis Conde, o de la cultura como el arquitecto Óscar Tusquets.

Como informó ABC el sábado, los cálculos que se hacen en el equipo de Valls anticipan que se pueden obtener entre diez y doce ediles (Colau gobierna ahora con once), un resultado ajustado pero suficiente para hacerse con la alcaldía. Para ello necesitará apoyos. Por el momento cuenta con el de Cs, aunque dijo que no renunciaba a incorporar más siglas, algo que ahora no planteaba tras las negativas de PP y PSC. «Quedan muchos meses», proclamó.

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