Vacaciones inclusivas: teatro y cine adaptados para chicos con discapacidad

En una función distendida, la luz de la sala no se apaga nunca Crédito: Victoria Gesualdi/AFV

Varios centros culturales porteños sumaron a su oferta funciones conocidas como “distendidas”, diseñadas para niños y adolescentes con dificultades sensoriales y trastornos del espectro autista

A Jonathan Gelves no le gustan mucho las vacaciones de invierno. Su mamá confiesa que no es fácil encontrar espectáculos en los que su hijo la pase bien. Ir al cine o al teatro no suele ser un buen plan, porque cuando las luces de la sala se apagan Jonathan -que tiene 19 años y un retraso madurativo que le diagnosticaron cuando tenía 4- se asusta. Tampoco le gustan los sonidos fuertes, y las voces demasiado agudas lo ponen un poco nervioso. Pero anteayer fue con sus hermanos y sus primas al Centro Cultural 25 de Mayo, en Villa Urquiza, a ver una función distendida de La gran farándula. “Vinimos en patota. No suele haber muchas oportunidades en las que podamos ir todos juntos a ver un espectáculo. Cuesta la inclusión, aunque al menos ahora se habla un poco más del tema”, dice Verónica Gelves, la mamá de Jonathan.

¿Qué es una función distendida? Un espectáculo sutilmente modificado para favorecer a las personas con dificultades sensoriales, trastornos del espectro autista, del aprendizaje y otras discapacidades relacionadas con la comunicación. En una función distendida, la luz de la sala no se apaga nunca. Los actores, en lugar de generar sorpresa con su primera aparición en el escenario, acuden a la antesala del teatro -maquillados y vestidos tal cual se los va a ver en escena- y se presentan ante el público. No hay sonidos estridentes ni luces estroboscópicas durante la función, de esas que emiten una serie de destellos en una rápida sucesión. Y quien quiera caminar, correr o saltar por los pasillos podrá hacerlo libremente.

Como parte del proyecto Teatros Accesibles del Ministerio de Cultura porteño, el Centro Cultural 25 de Mayo estrenó durante estas vacaciones de invierno su primera función distendida. “Empezamos con las funciones accesibles adecuando todo para las personas con discapacidad motriz, auditiva y visual. Pero en las funciones distendidas hay un trabajo y un compromiso de las compañías teatrales, que se capacitaron especialmente y se involucraron en la misión”, cuenta Nahuel Tachela, director ejecutivo del complejo.

Casi imperceptibles

Para los hermanos y las primas de Jonathan, que no tienen ningún tipo de discapacidad, los cambios entre una función común y una distendida fueron casi imperceptibles. Pero Débora Ferrilli, de la ONG Unidos por la Alegría, asegura que estas mínimas modificaciones son esenciales para que un chico con trastorno del espectro autista, por ejemplo, pueda disfrutar de un espectáculo. “Para algunos de los chicos esta es la primera vez que vienen a un teatro en su vida”, responde Ferrilli, que llegó con más de una veintena de pequeños espectadores.

“Que la luz quede encendida hace que los chicos no pierdan el sentido de la espacialidad, que vean a quienes tienen a su alrededor. Eso los hace sentir seguros”, aporta con seguridad el director y autor de La gran farándula, Gastón Marioni, que reflexiona sobre el desafío de realizar una función distendida. “A nosotros nos corre del lugar de inercia y de habitualidad al que estamos acostumbrados. Además, creo que esto tiene un sentido fundamental para el teatro, que no es otra cosa que la celebración del encuentro entre personas”, agrega.

María Alí es la mamá de Abigail, que tiene 16 años y nació con síndrome de Down. “La oscuridad la asusta, y a veces le cuesta mantener la concentración por mucho tiempo. Por eso que existan espectáculos que rompan el molde y salgan del formato encasillado es tan importante. Porque cuando dicen que un show es para toda la familia, la mayoría de las veces no incluye a las personas con discapacidad. Peleamos contra el rechazo todo el tiempo”, dice Alí.

La Usina del Arte, en La Boca, es otro espacio porteño que se suma en este receso escolar a la oferta de obras con funciones adaptadas.

Los chicos, preparados para disfrutar en el complejo 25 de Mayo Crédito: Victoria Gesualdi/AFV

Lo que sucede en un teatro se aplica también a una sala de cine. “Mayra [que tiene TGD] muere por ir al cine con sus hermanas, pero cada vez que lo intentamos tenemos que irnos a los diez minutos que empieza la función -confiesa Alicia Esteban, que “descubrió” que algo no andaba bien cuando su hija estaba en sala de 2-. Después vemos las pelis en casa, pero no es lo mismo, y ella siente que se queda afuera”.

El Centro Cultural General San Martín, con entrada por Sarmiento 1551, presenta un ciclo de cine para estas vacaciones de invierno organizado por la Comisión para la Plena Participación e Inclusión de las Personas con Discapacidad (Copidis), en el que se proyectarán las películas Toy Story y Buscando a Nemo. Al igual que las funciones distendidas del teatro, el contexto en el que se proyectan los largometrajes infantiles cumple con estas mismas condiciones: “Se suavizan las luces y el sonido, y se evitarán estridencias, sonidos fuertes y/o agudos”, informan desde el complejo teatral. Además, se mantendrá encendida la luz de la sala durante toda la función.

La actriz María Rojí es Paloma arriba del escenario y forma parte del elenco de La gran farándula, una obra que cuenta la historia de un grupo de artistas dispuestos a defender un teatro que está a punto de ser rematado. Junto al resto de los actores, entre los que se destaca Anita Martínez, y tres músicos, recibió las capacitaciones de los profesionales de la Copidis para poder realizar una función distendida. “Nos agudizó la percepción del aquí y ahora. Era la primera vez, y todos estábamos un poco nerviosos. Estamos frente a un público más sensible y, al mismo tiempo, muy efusivo. Fue una experiencia muy enriquecedora, y siento que ser parte de esta misión nos transforma también como artistas”, explica.

En la última función de La gran farándula, las acomodadoras del 25 de Mayo tuvieron una participación especial. Además de repartir el programa y acompañar a la gente hasta las butacas, ayudaron a crear la atmósfera distendida. Jugaron con los chicos que corrían por los pasillos, orientaron a los padres que querían salir de la sala para ir al living de descanso y evitaron, con ingenio pero sin decir no, que los chicos traspasaran la barrera de la primera fila y llegaran al escenario.

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