US Open: Guido Pella sufrió una derrota inesperada en el debut

Debut y despedida para Pella en Flushing Fuente: AFP

“Este torneo me dio la pauta de que aun en torneos de Grand Slam puedo llegar a jugar bien y eso me cambia la planificación, porque la semana previa a los torneos grandes siempre hay ATP 250 que, si uno los juega bien, te desgasta para el Slam. Con mi equipo tendremos que hacer ajustes en los torneos previos y en los posteriores si, obviamente, sigo ganando en este nivel. Vamos a tener que planificarlo bien, porque el tenis requiere un desgaste mental muy grande y hay que tratar de llegar lo mejor posible a todos los torneos”, le contaba Guido Pella a LA NACION semanas atrás, cuando se sintió en la cúspide, al convertirse en el cuarto argentino de ATP en llegar a los cuartos de final de Wimbledon, además de Vilas, Nalbandian y Del Potro. Decía: “Sentía que podía jugarle de igual a igual a cualquiera, pero poder lograrlo en un Grand Slam es lo que me faltaba”. El sorteo del último grande de la temporada, el US Open, no le hizo un guiño: le recordó que el tenis es desgastante siempre, más allá del nivel de confianza y lucidez.

El bahiense chocó contra un tractor en el arte de la resistencia y la devolución, un español de mano caliente, más allá de que de vez en cuando pierde la compostura emocional. En Londres, la aventura terminó frente a la regularidad del español Roberto Bautista Agut (23º), que se impuso por 7-5, 6-4, 3-6 y 6-3, en 3h6m. En Nueva York, cayó contra otro español, Pablo Carreño Busta, de 28 años y 69° en el ranking mundial, aunque con un ranking algo engañoso. Por sus vaivenes y lesiones, quedó demasiado lejos de su verdadero lugar en el mundo, al menos, entre los 40 mejores. Pella, 19° preclasificado, perdió por 6-3, 4-6, 7-6 (7-2) y 6-3, con una actuación despareja, con chispazos de calidad, mezclados con zurdazos sin destino fijo.

En la cancha 6, repleta por la noche, se disfrutó de un encuentro con matices, que casi siempre mantuvo el misterio, hasta que el español, sobre todo a partir del tie break del tercer parcial, tomó el control deportivo y psicológico y definió el destino. Pella pagó un precio alto a las situaciones no aprovechadas (3 de 10 en break-points) y a las equivocaciones: los 59 errores no forzados lo empujaron a la puerta de salida.

Más allá de este inesperado tropiezo, Pella disfruta de su mejor temporada en el circuito. Instalado en el puesto 20 del ranking -el mejor de su carrera-, logró su primer título, en San Pablo, en donde venció al chileno Christian Garín por 7-5 y 6-3 y, de modo instantáneo, quebró en un llanto que pareció interminable. Parte de este triunfo personal -el de los últimos tiempos- tiene relación directa con Stephanie Demner, su mujer. “Es la persona con más intensidad que conocí en mi vida. Yo soy una persona con poca paciencia y me hace muy bien que ella sea así. Me encanta lo que le agregó a mi vida porque es distinta a mí. Cuando sufro una derrota dura o tengo un mal día, que vuelvo a casa o al hotel medio bajoneado, ella está chispita, me hace chistes, trata de levantarme el ánimo”, contó Pella, semanas atrás.

Tomó el bolso y se marchó. Esta vez, Pella cayó de pie, más allá de que el poderío actual podría haberle deparado un camino más placentero, rumbo a la segunda semana.

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