Unos 1.800 venezolanos están atrapados en la frontera con Colombia

Cientos de personas se encuentran varadas en la frontera después de que Nicolás Maduro y el presidente de Colombia, Ivan Duque, ordenaran el cierre de los puentes fronterizos. Son unos 1.800 venezolanos que permanecen en campamentos improvisados en Cúcuta, a la espera de una decisión que les permita retornar a su país.

Enmy Rivas es una las casi dos mil personas que se encuentran retenidas, cerca del puente internacional Tienditas. Ella viajó como voluntaria para apoyar y proteger el ingreso de la ayuda humanitaria enviada por Estados Unidos a Venezuela.

Su viaje comenzó hace una semana en la ciudad de Los Teques (Miranda), a unas 12 horas en coche. Rivas se describe como una opositora que se ha dejado la vida protestando en las calles de su barrio. «Yo me vine con tres amigas para ayudar en todo este proceso entusiasmada, porque no son dos días, son dieciocho años luchando por un cambio pero no me imaginé que nos quedaríamos atrapados acá tantos días sin dinero».

Muchas de las personas llegaron también para asistir al concierto Venezuela Aid Live organizado por el multimillonario Richard Branson donde participaron una treintena de artistas con el objetivo de recaudar fondos.

De momento, estas personas sobreviven de ayudas y donaciones que la población les hace llegar. «Vimos que había muchos jóvenes que estaban heridos, producto de la represión en los puentes, y no tenían dónde quedarse y organizamos levantar estos campamentos temporales para apoyar a nuestros hermanos», dice Abelardo Fernández, miembro de la fundación Venezolanos en Cúcuta.

Temor a represalias

Los organizadores de los campamentos han estado en conversaciones con la autoridad migratoria de Colombia para que se facilite el paso a estas personas, pero en especial a aquellas que están lesionadas. Existe un gran temor de que las autoridades venezolanas tomen represalias una vez ingresen en su país. Frente a la situación, algunos desesperados están optando por entrar por las «trochas» (caminos ilegales) pagando unos 30 mil pesos (9 euros) a los grupos paramilitares que controlan esos caminos. «No tenemos otra opción, es un riesgo pero no nos podemos exponer ante la Guardia Nacional y no podemos quedarnos aquí esperando a que reabran la frontera…», dice un campamentista herido.

El ambiente en la zona es de mucha preocupación y fatiga moral entre los habitantes del eje fronterizo por el cierre decretado por ambos países. El puente internacional Simón Bolívar, que se ha convertido en el corredor de abastecimiento de miles de venezolanos, tiene fuertes daños. La zona de los comercios está desolada. Muchos de los negocios están cerrados por el bajo flujo de personas y los niños venezolanos que atraviesan todos los días los puentes para ir a estudiar a territorio colombiano se quedaron de brazos caídos. «Nos sentimos con un dolor en el alma. Teníamos esperanza en lo que prometió Guaidó, pero ahora estamos peor con este cierre que nos quita el pan de cada día. Aquí vivir no es fácil, no nos podemos quedar sin trabajar», dice Melva Arauca, una migrante venezolana dedicada a la economía informal en la zona de La Parada, a unos pocos metros del paso de frontera.

El sábado, Nicolás Maduro anunció su decisión de romper relaciones diplomáticas con Colombia y dio un plazo de 24 horas para que los funcionarios colombianos abandonaran el vecino país. «La paciencia se agotó, no puedo seguir soportando que se preste el territorio de Colombia para una agresión contra Venezuela. Por eso he decidido romper todas las relaciones políticas y diplomáticas con el Gobierno fascista de Colombia», dijo Maduro ante cientos de simpatizantes que marcharon «en defensa de la revolución».

Unos 40.000 venezolanos cruzan a diario las fronteras tachirenses, según autoridades migratorias. La mayoría regresa a su país tras trabajar, estudiar o comprar medicinas o productos escasos en su país.

Venezuela vive una grave crisis económica, con un sueldo mínimo que apenas equivale a unos 4 euros, que ha forzado la emigración de unos 2,7 millones de personas desde 2015, según la ONU.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!