Una variante del delito que estaba en descenso en Bernal

Se había atrapado a una banda que robaba en casas

El antecedente más reciente de entraderas en la zona de Bernal -violento robo al igual que el sufrido por el empresario Mario Díaz y su esposa-se registró hace cuatro meses: luego de dos asaltos que tuvieron como escenario lujosas casas del barrio Parque Calchaquí, la policía bonaerense realizó siete operativos -que contaron con el despliegue de detectives encubiertos- para capturar a un grupo de criminales que operaba en la zona, según informaron a LA NACION fuentes oficiales de la Secretaría de Seguridad municipal. En la intersección de las calles Blanco y Agote esa banda de delincuentes que ya fue desarmada cometió en marzo una de sus más arriesgadas entraderas, cuando interceptó a un vecino que en plena tarde fue atacado por tres personas que lo llevaron hacia el interior de su casa, donde quedó retenido durante casi una hora.

En esas dos cuadras de grandes casas y cercos electrificados, los vecinos casi no hablan con desconocidos y también tienen una alarma comunitaria. Un hombre que abrió una peluquería en esa zona comentó los recaudos que toma para evitar asaltos: “Mis clientes me avisan cuando están en camino. Yo los espero y los recibo para evitar que esperen afuera. Los vecinos se cuidan mucho. A las ocho de la noche ya no hay nadie caminando en las calles. Después de las entraderas comenzaron a circular más patrulleros”.

Frente al centro vecinal Barrio Parque Calchaquí, un hombre llamado Darío que trabaja en centros de detención de menores de la provincia de Buenos Aires y conoce Quilmes oeste detalladamente, dijo durante una entrevista: “Los ladrones que realizan entraderas al voleo son muchas veces jóvenes, de 17, 18 años. Yo sé que, para ellos, estas calles son un paso obligado cuando salen a delinquir. Van en autos, o en motos, buscando camionetas y personas que están ingresando a las casas. Lo que ellos buscan es tener poder económico, al menos por un día”.

Y agregó: “Yo no justificó al delincuente, por supuestos, pero es necesario decir que hay un problema estructural. Los pobres cada día tienen menos dinero, menos recursos. La brecha entre las clases sociales crece. Para los jóvenes que salen a cometer un delito, la vida no vale nada. Y, además, son conscientes de que -si los atrapan- pagan poco tiempo en la cárcel”.

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