Una seria España se gana la final del Mundial

El waterpolo español vuelve a brillar. En el Mundial de Gwangju, hombres y mujeres lucharán por el oro. Un premio ganado por ambas selecciones con dos soberbios partidos. Ellas ante Hungría; ellos ante Croacia (6-5), empequeñecida por el hambre de los de David Martín, pacientes, seguros y efectivos cuando hacía falta. Deslumbrantes cuando se requería. España está en una final del Mundial, diez años después. Y en los Juegos de Tokio 2020. A seguir soñando.

Era la vigente campeona. Subcampeona olímpica en Río 2016. El «coco» del torneo. Y le tocó a España en las semifinales. Pero esta España, rotas las cadenas de los cuartos en el Europeo del año pasado, plantó cara con respeto pero sin miedo. Se ganó el primer sprint y también el primer golpe moral para mostrar el carácter que iba a mantener la selección dirigida por David Martín: primer gol a favor, y también el segundo, fruto de las buenas acciones defensivas, por uno solo de la todopoderosa selección croata.

Porque si hubo muchísimos goles en la semifinal femenina, el primer tanto en la masculina tardó cinco minutos en llegar. Respeto, tensión, concentración defensiva. Rota por Felipe Perrone y multiplicada la alegría por el brazo directo de Blai Mallarach. Jokovic encontró un resquicio en la férrea puesta en portería de Daniel López Pinedo (80 % de efectividad). No obstante, ir con ventaja al primer descanso dio energías a los españoles.

Se notó tras el mini descanso de dos minutos. En una jugada de estrategia, el pase de Granados lo aprovechó Tahull para poner el tercero, celebrado en el banquillo y en la grada, atentas las mujeres de la selección femenina y primeras aficionadas. Granados multiplicó los aplausos un minuto después con el 4-1 que hacía soñar un poquito con el pase a la final.

Xavi García, nacido en Barcelona pero nacionalizado croata, compañero y amigo de muchos de los jugadores de la selección, acortó la distancia pocos segundos antes del descanso, pero se marchaban apesadumbrados los croatas porque no estaban saliendo las cosas tan fluidas como esperaban. España era un muro.

Tanto como para fomentar la alegría al ataque. Mallarach y Granados de penalti ampliaron la ventaja en el tercer cuarto, desesperados los croatas porque no entraba nada, solo dos tantos en 24 minutos, y viendo crecerse a los chicos de David Martín.

Solo hubo algo de tensión en el último minuto, cuando Croacia se fue a por todas y aminoró la ventaja a solo dos tantos. Pero se hizo grande, más grande aún Daniel López. Un último bloqueo que valía una final, diez años después de aquella Roma 2009. A seguir soñando.

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