una parroquia con sabor a hogar

Chamartín de la Rosa, una villa al norte de Madrid, caminito de Alcobendas, gracias a la concesión del título por Felipe IV. Una Villa que desplaza Madrid el norte. Una villa de las de toda la vida, con plaza propia, la hoy denominada Duque de Pastrana. Y como toda villa tuvo su parroquia, san Miguel Arcángel, de Chamartín (Avda. de Burgos, 2), que en Madrid hay varios san Migueles, y, por tanto, no hay que confundirles. En un texto elaborado por el anterior párroco, Jesús Lobo Herrero, la Iglesia se menciona por primera vez en «un documento de heredades del año 1264, manifestándose la ignorancia de la causa de su consagración a san Miguel». Posteriormente se encuentra también en el libro de visitaciones de 1427 y ya en 1502 aparece denominada como parroquia. Nunca fueron muchos los feligreses y vecinos de esta zona.

La parroquia está situada en un enclave de espacios abiertos, a la sombra de los colegios emblemáticos del Madrid norte. El primero de ellos, el de las madres del Sagrado Corazón, fundado en 1859, y el segundo, referente donde los haya, el de los padres jesuitas de Nuestra Señora del Recuerdo, fundado en 1880, en terrenos, los de ambos centros, donados por los Duques de Pastrana. El de los jesuitas, según consta en la crónica parroquial, construido sobre el palacio de los Duques, en cuyo edificio se instaló Napoleón entre el 2 y el 22 de diciembre de 1808. La sombra de estos colegios, y del añadido de las religiosas Esclavas del Divino Corazón, del cardenal Spínola, y de los conventos y casa de religiosas, como las Franciscanas Misionera de María, en el territorio de la parroquia es muy alargada. De hecho el actual párroco es colaborador de uno de los centros docentes.

Poco se sabe de las características de la primitiva iglesia, que nunca fue derruida y sí ampliada hasta convertirse en el actual templo de planta de cruz latina y fábrica de ladrillo, con una cripta en la que se efectuaron los primeros enterramientos de Chamartín. Oculto, tras la reforma interior, está el retablo mayor. En 1939 se hizo una restauración tras los daños de la Guerra Civil, dado que el templo fue asaltado y convertido en caballerizas. Por cierto que en el asalto sufrieron martirio el coadjutor, el sacristán y su hijo. La actual forma del interior de la parroquia data de 1975, con una sola nave. Hoy destaca el precioso artesonado de madera, realizado por un feligrés con el donativo de unos padres cuyos hijos fallecieron en un accidente. Los fieles dicen que es de estilo toledano, otros que mudéjar. Cubre el imponente artesonado la nave toda de la iglesia en tres cuerpos complementarios. Se conserva una preciosa vidriera con la imagen de san Miguel y una escultura en madera del Arcángel, de notable ternura, que recibe al fiel nada más traspasar las puertas del templo.

Catequesis y culto

El actual párroco es el sacerdote, oriundo de Puerto Rico, Edwin Rodríguez González, que está acompañado por el joven sacerdote de la India, Varghese Chittuparambill, estudiante de liturgia en la Universidad eclesiástica san Dámaso. La actividades principales, en un barrio de clase media alta, se centran en la catequesis y el culto. Aunque hay que reconocer que la presencia de los centros educativos católicos en el entorno hace que los niños que allí estudian se preparen también para los sacramentos de iniciación en los colegios. Hay un grupo de oración y otro de estudio de la Biblia. El coro parroquial de la misa de los domingos es muy valorado por la animación de la liturgia. Y lo que destaca es el grupo de teatro, que tiene además una dimensión social en la representación de las obras.

Muy activo, lleva el buen nombre de la parroquia por los diversos lugares de representaciones. Y, cómo no, una Cáritas que atiende a diez familias en lo tocante a los alimentos básicos. Una Cáritas, en una zona ciertamente donde no hay muchas necesidades materiales, que se vuelca con los transeúntes y con las personas que prestan sus servicios en trabajos poco remunerados.

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