Una muerte innecesaria

Quiz√° todas las muertes lo sean, pero la pregunta es si algunas, adem√°s, son evitables. La de la zamorana Laura Luelmo ha conmocionado a este pa√≠s por dos razones: su exultante juventud y esa suerte de malhadado azar que la llev√≥ a El Campillo como si fuera un tr√°gico destino escrito. Pero sobre todo nos ha indignado y mucho por su crueldad, por su inexplicable sentido y por el perfil y el pasado del asesino confeso. Algunos se sorprenden a√ļn de que haya vuelto a la actualidad el debate sobre la famosa Prisi√≥n Permanente Revisable -‚Ķo no-, que tantos r√≠os de tinta ha dejado tras de s√≠ en este pa√≠s. La ley, que ahora se encuentra en debate jur√≠dico, fue aprobada a propuesta del PP y denostada por -curiosamente- todo el arco parlamentario que ahora gobierna este pa√≠s. Los representantes del ¬ęno a la ley¬Ľ, con Pedro S√°nchez a la cabeza, se sumaron circunspectos y pesarosos al minuto de silencio que el Senado tribut√≥ en recuerdo de la v√≠ctima. Gesto tan bonito como hip√≥crita.

Los minutos de silencio est√°n muy bien cuando la p√©rdida de alguien se produce por causas naturales o sin que medie violencia o contra natura en el √≥bito. Pero cuando, como en el caso de Laura, la muerte se produce por un fallo en el sistema de control de asesinos y violadores, ese silencio de sesenta segundos es un silencio de oprobio e indignidad. La indignidad de poner por delante el c√°lculo pol√≠tico al sentido com√ļn y al bien de los ciudadanos. Que Bernardo Montoya no deber√≠a haber tenido la posibilidad de cometer este crimen es algo que no admite dudas. Y acudir al sofisma, como han hecho Pedro S√°nchez y sus palmeros en una m√°s que inicua b√ļsqueda de justificaci√≥n, de que, cuando Montoya ha perpetrado el asesinato la Prisi√≥n Permanente Revisable estaba a√ļn en vigor, da la medida de su fam√©lica catadura moral y √©tica.

Efectivamente, ese malnacido ha violado y asesinado a Laura estando la ley a√ļn en vigor, pero aplicada a cuentagotas. Quiz√° si a un individuo que ya llevaba a sus espaldas otra muerte y un primer intento de violaci√≥n se le hubiera aplicado la ley, hoy Laura Luelmo seguir√≠a siendo una profesora de dibujo en activo con toda la vida -que merec√≠a- por delante. Pero no, en Espa√Īa se amparan mucho m√°s los derechos de los vivos, aunque sean asesinos reincidentes, que los de los muertos, por m√°s que sean inocentes v√≠ctimas. Y lo que es seguro es que la muerte de Laura Luelmo es ya permanente y no revisable. En cambio, la prisi√≥n de Montoya, se√Īores del Gobierno, ya veremos, ¬Ņverdad? La muerte de Laura era tan innecesaria como evitable. Si su conciencia se lo permite, disfruten de la Navidad.

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Fernando Conde

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