Una isla en el Mar Rojo

Guardar

As√≠ titul√≥ Wenceslao Fern√°ndez Flores la novela sobre los madrile√Īos refugiados en las embajadas durante la Guerra Civil para evitar ser ¬ępaseados¬Ľ. Pero sirve para el Berl√≠n de la posguerra mundial, dividido y repartido entre los vencedores en cuatro sectores, que pronto se convirtieron en dos, el Oriental y el Occidental. Con los rusos conquistadores se quedaron con el centro, dejando a ingleses, franceses y norteamericanos los barrios perif√©ricos del Oeste. Ciudad inmensa, arrasada por los bombardeos, de donde surgi√≥ la primera diferencia entre ambas mitades: mientras los rusos se llevaron cuanto pudiera servirles, los gobiernos occidentales se dieron cuenta de su enorme importancia en la nueva guerra que empezaba, la Fr√≠a. Y la reconstruyeron a la carrera, llen√°ndola de edificios modernos.

Esos fueron los dos Berlines que encontré al llegar, en abril de 1957, dos ciudades no ya distintas sino opuestas, que vivían de espaldas la una a la otra, pese estar muy bien comunicadas.

Pero los berlineses orientales no pod√≠an permitirse los precios occidentales, y los berlineses occidentales hab√≠an tenido bastante con la ocupaci√≥n sovi√©tica. Otra cosa √©ramos los extranjeros, a los que la curiosidad nos llevaba, dir√≠a pecaminosamente, al Berl√≠n Oriental, no s√≥lo por estar all√≠ los restos hist√≥ricos, incluido el b√ļnker de Hitler, sino por una raz√≥n pr√°ctica: el cambio del marco oriental al occidental era de 4,5 a 1, lo que significaba que con 20 marcos occidentales te daban 100 orientales, con los que pod√≠as ir a la √ďpera, excelente, o al Berliner Ensemble, dirigido por la viuda de Berthold Brecht, cenar en Gan√≠medes rodeado de gerifaltes del r√©gimen y visitantes extranjeros -all√≠ me encontr√© una noche a Marlene Dietrich, con una figura escultural pese a los 80 a√Īos, aunque mejor mirarla de espaldas- o irte al cabaret cercano, en la mejor tradici√≥n berlinesa.

Mientras, Berl√≠n Oeste, fuertemente subvencionado, era el escaparate de Occidente con todo tipo de art√≠culos de consumo a buenos precios, que fascinaban a los visitantes no s√≥lo del Este sino tambi√©n del Oeste, junto al ambiente desenfadado que ha sido la principal caracter√≠stica de aquella ciudad. Incluso rodeada de tanques rusos (que tardar√≠an, seg√ļn c√°lculos militares, veinte minutos en tomar la parte occidental). Pero nadie quer√≠a pensar en ello, y reinaba la t√≠pica atm√≥sfera de la ciudad sitiada, procurando gozar lo posible mientras se pudiese. Un ejemplo: en los carnavales de 1958, asist√≠ a 26 fiestas, aunque no p√ļblicas, sino privadas, ya que todo el mundo quer√≠a tener la suya. Pues otra de las caracter√≠sticas de aquel Berl√≠n era que los extranjeros, no como hoy, √©ramos solicitad√≠simos al significar la salvaguardia frente a la amenaza.

Viv√≠amos, m√°s que en una isla, en el cr√°ter de un volc√°n, por lo que resultaba sencill√≠simo entablar todo tipo de relaciones y aqu√≠ debo recalcar algo especial: aquel Berl√≠n estaba lleno de esp√≠as, hasta el punto de decirse que el list√≠n de tel√©fonos ten√≠a una secci√≥n dedicada a ellos. No era verdad, pero como si lo fuese. Los encuentros se multiplicaban: los diplom√°ticos se reun√≠an a comer todos los lunes en la Maison de France (donde los alemanes no pod√≠an entrar de no ir con un extranjero) y los periodistas nos reun√≠amos en la Bier Stube tras el Schiller Theater todos los jueves a comentar la actualidad. Abundaban las tertulias caseras, todo, como ven, muy de ciudad cercada. Otra rareza era que la √ļnica asociaci√≥n con profesionales de ambas partes era la de corresponsales extranjeros. La anomal√≠a se deb√≠a a que interesaba a los del bloque oriental. Todos ellos eran esp√≠as, y todos lo sab√≠amos. Tambi√©n nos proporcionaban viajes por la Europa del Este, organizado por los colegas rusos, que nos abr√≠an todas las puertas. Estuvimos en Praga cuando ya se mascaba su ¬ęprimavera¬Ľ y pocos viajes m√°s interesantes que aqu√©l.

Brandt y Carrero

Aunque tambi√©n ocurr√≠an cosas en Berl√≠n Oeste. Las autoridades alemanas invitaban a personalidades de todo el mundo para comprobar que la ¬ędesnazificaci√≥n¬Ľ se hab√≠a realizado. En junio de 1964 le toc√≥ el turno a Carrero Blanco, ministro secretario de la Presidencia. Don Luis, uno de los hombres m√°s modestos que he conocido, no sol√≠a aceptar tales invitaciones, pero L√≥pez Rod√≥, entonces comisario del Plan de Desarrollo, quer√≠a hablar con el vicecanciller Erhard, pero no ten√≠a rango para ello, por lo que inst√≥ a Carrero a aceptar, lo que hizo, y la entrevista se produjo. Ya en Berl√≠n, ocurri√≥ lo de siempre: que Willy Brandt, como alcalde, deb√≠a recibir al hu√©sped extranjero de su Gobierno pero, por ser espa√Īol, desaparec√≠a, dejando que le recibiese un subordinado. Yo estaba en el despacho del c√≥nsul de Espa√Īa, Antonio Espinosa, cuando le dieron la noticia. ¬ę¬°Otra vez!¬Ľ, exclam√≥, pero en vez de desahogarse en improperios, llam√≥ al comandante de las tropas norteamericanas, con el que jugaba al golf, al franc√©s, con quien com√≠a caracoles, y al brit√°nico, con quien debat√≠a sobre las diferencia entre el espa√Īol y el ingl√©s, para invitarles a conocer en su residencia al ¬ęvicepresidente espa√Īol¬Ľ. Los tres aceptaron. Luego, dijo a la secretaria que informara a la prensa de que los ¬ętres comandantes aliados estar√°n esta tarde en la residencia del c√≥nsul general de Espa√Īa, a la que quedan invitados¬Ľ. Vinieron incluso los directores. Como ven, la vida en aquel Berl√≠n, fuese una isla en el mar rojo o el cr√°ter de un volc√°n, no era mala. Pero que ese clima pod√≠a acabarse en cualquier momento lo comprob√© en junio de 1961, cuando fui a renovar el visado para cruzar a la RDA: me encontr√© con tal multitud de gentes con maletas en la Estaci√≥n del Elevado de la Friedrish Strasse que, al llegar a casa, le dije a m√≠ mujer: ¬ęComo no cierren la puerta, se quedan solos¬Ľ. Se trataba de una broma, naturalmente, pero el 13 de agosto la cerraron, y comenz√≥ la construcci√≥n del Muro.

José María CarrascalArticulista de OpiniónJosé María Carrascal

Lee m√°s: abc.es


Comparte con sus amigos!