Una herencia, detrás del violento asesinato del preso fugado en Orense

El crimen de Fernando Iglesias, el preso que faltaba de la cárcel de Pereiro desde el pasado 13 de agosto, empieza a esclarecerse. Aunque con varias hipótesis de trabajo aún sobre la mesa, cobra fuerza la idea de que fueron dos amigos de la cárcel -ahora detenidos y encarcelados de nuevo por orden del juez- los que acabaron con su vida para quedarse el dinero de una herencia que, sabían, acababa de cobrar. Este inesperado ingreso en las cuentas de Fernando, en prisión por haber matado a su mujer y a sus dos hijos en 1996, puso en la pista a los investigadores que, tras meses de pesquisas en torno al caso, acabaron recalando en una granja de pollos vinculada a uno de los detenidos y donde Fernando pasaba largos ratos durante sus permisos penitenciarios.

En un primer momento se pensó que el cuerpo del fallecido, que se cree que murió el mismo fin de semana que se le dio por fugado, estaría en esta explotación. Pero un minucioso examen del terreno lo descartó. En realidad, los dos acusados habían trasladado el cadáver, presuntamente, hasta una suerte de mina abandonada donde lo cubrieron con plástico y taparon la entrada. La violencia utilizada y la finalidad del crimen llevaron al juez encargado del caso, el magistrado del Juzgado de Instrucción Número 1 de Orense, Leonardo Álvarez, a decretar prisión comunicada sin fianza para los dos implicados. En su argumentación, el instructor valora que está ante un delito de homicidio o asesinato en concurso con robo con violencia. Asimismo, fuentes judiciales destacaron que los indicios obtenidos por el momento apuntan a que la muerte «se produjo el mismo fin de semana del permiso», esto es, los días 11 y 12 de agosto de 2018.

Comportamiento modélico

Iglesias Espiño, de origen pontevedrés, había sido condenado a 54 años de prisión por el triple crimen. El preso, que ingresó en prisión en 1996, había cumplido 22 de los 25 años que como máximo puede pasar entre rejas según el código vigente cuando fue procesado por asesinar a su mujer y a sus dos hijos. En la actualidad, se encontraba en régimen de tercer grado, cumplía su pena en el módulo del centro penitenciario donde se encuentran los presos en régimen de semilibertad y salía de la prisión cada dos fines de semana. Su comportamiento, anotaron desde la prisión gallega, era modélico.

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