Una de piratas en la era de los links

“¿Alguien sabe de algún link para ver el partido.?”, es la pregunta-pedido que se lanza en Twitter para ver el juego que está por comenzar. El razonamiento es simple: si está en Internet, tiene que estar disponible. Y alguien en alguna parte lo pagará. Detrás de esa consulta, la industria televisiva estima que pierde alrededor de 4 mil millones de dólares por año por lo que considera directamente acciones de piratería. El cálculo también establece que existen alrededor de 300 aplicaciones y 500 sitios web ilegales por los que 400 millones de espectadores en todo el mundo acceden a eventos deportivos sin respetar la propiedad intelectual de esos acontecimientos.

Sobre estos temas conversaron durante el Sports Summit Anti Piratería (www.sportsantipiracysummit.com) de México los principales directivos de ligas y clubes de España, México, Argentina, Uruguay y Chile, ejecutivos de Fox Sports, Televisa y TV Azteca. También participaron abogados y ejecutivos de Facebook, Twitter y YouTube, las plataformas que redefinen el modo de consumir el deporte. “Creo que la piratería se produce principalmente por desconocimiento del consumidor. Como consumidor, y me incluyo, asumimos que si está en Internet, por ejemplo en YouTube, es legal. ¿Por qué yo estoy cometiendo una falta si en definitiva está disponible? Entonces a través de sitios por ejemplo como Rojadirecta yo puedo acceder a un partido en vivo de la liga argentina o de la NBA. La Liga de España tiene infraestructura, procedimientos y metodologías que le permiten un combate un poco más organizado y cada vez que lo ejecuta en países también con normativas más desarrolladas tiene éxito como sucede en España, pero se dificulta muchísimo trasladar esa experiencia y ese éxito en el combate en Latinoamérica”, le cuenta a LA NACION, Sebastián Lautelade, CEO de Todotvmedia de Uruguay y organizador de la conferencia en México.

El principal esfuerzo de las decenas de oradores que tuvo la conferencia antipiratería de México estuvo centrado en desinstalar la idea de que el consumo de deporte que burla derechos sólo afecta a los magnates y a las multinacionales. “Eso es falso. Los sitios piratas ganan dinero con publicidades cuando se accede a ellos. La piratería en la industria audiovisual afecta principalmente a los productores, a los camarógrafos y a todos los trabajadores involucrados”, agrega Lautelade. “El que consume un producto pirata está afectando a esa industria y hay que concientizar acerca de que eso significa en el fútbol tener peores clubes, peores canchas, peores jugadores y peores campos de juego”, advirtió en su exposición Mariano Elizondo, presidente de la Superliga Argentina de Fútbol.

Javier Tebas, CEO de La Liga, sabe que no puede permitirse un lujo semejante. Como “speaker”principal del encuentro, dejó cifras y mensajes elocuentes: “Para poder atacar la piratería hay que entenderla. Estamos aprendiendo de tecnología para tirar abajo todas las direcciones IP ilegales. Hemos geolocalizado la lucha contra la piratería. En nuestros contratos obligamos a quienes nos compran derechos a que implementen medidas protectoras”. La Liga inició con fuerza su batalla antipiratería en 2016. Invirtió dinero en su propia herramienta llamada Black Hole, un software que permite detectar direcciones IP, servidores y dueños de esos servidores que alojan y distribuyen contenidos que violan sus derechos.

En los últimos tres años lleva bloqueadas más de 90 millones de páginas y aplicaciones ilegales. Rojadirecta se lleva los principales daños con más de 10 millones de conexiones derribadas. La Liga combina esta cyber-batalla con el combate “cuerpo a cuerpo”: cada fin de semana, un grupo de cien inspectores recorre los bares españoles para detectar conexiones irregulares que no respeten los derechos de visión de los partidos en esos espacios.

El deporte, especialmente el fútbol, se encuentra en una transición que ya atravesaron la industria de la música, el cine y las series. El público quiere ver lo que le interesa al menor costo posible y no repara en la propiedad de derechos. La diferencia es que un Barcelona-Real Madrid no está disponible en una manta en la vereda de cualquier ciudad. “Independientemente de identificar el problema y que se trabaje para que haya un marco legal acorde a la problemática, creo que el gran debe que tiene la industria es en evolucionar a lo que el consumidor quiere. Tengo más de 15 años de experiencia en la industria audiovisual y veo como agotados varios modelos de negocios. Hoy los adolescentes se mudan y lo primero que quieren en su casa es tener internet, no el abono de cable ni de ningún servicio de suscripción. Entonces cada vez que se ha evolucionado a productos que interpretan lo que el consumidor quiere, como Netflix y Spotify, el cliente dice ´Ok, yo estoy dispuesto a legalizarme´ y pagar lo justo por un servicio que me brinde lo que quiero. Hay que cambiar el modelo de negocios en cuanto a que la gente no va detrás del volumen sino va detrás de lo que quiere y lo que quiere muchas veces es algo específico. Entonces habrá que repensar por parte de la industria del cable cómo llegar al abonado que quiere tener determinados canales y no todos en un abono básico o cómo esos canales que hoy brindan deportes evolucionan a plataformas digitales del estilo Netflix, pero de deportes”, concluye Lautelade.

Un contenido muy deseado como es el fútbol, que no se puede consumir por demanda como sucede con las series. Batallas legales de quienes pagan fortunas por derechos y no quieren que desde los sótanos de Internet alguien lucre con ellos. Fanáticos que quieren ver lo que desean pero saben que todo tiene un precio razonable. El paisaje de fondo es un cambio drástico de comportamientos a la hora de consumir el deporte televisado. Nadie quiere perder. Pero ya todos saben que no todos van a ganar.

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