Una cita entre «escritores» en el Lázaro Galdiano

Ya lo dejó claro Guillermo Martín Bermejo (Madrid, 1971) en «Viaje de invierno» ( Ediciones Newcastle, 2016), su primer libro, y único hasta el momento, algo extrañísimo en un creador cuya producción está tan vinculada a la literatura: El trabajo de un poeta está muy relacionado con el de un dibujante. «Una canción es un poema. Un poema es un dibujo», afirmaba. En los últimos años, Bermejo defiende la labor del dibujante como la de un «escritor de signos», lo que le lleva a definirse a sí mismo como «un artista de línea», para el que los trazos del lápiz –portaminas, en su caso– pueden ser entendidos «como la caligrafía de otra escritura».

Libros «destrozados y humillados»

Con esta mentalidad, su técnica (es habitual en él el empleo como soporte de cubiertas y páginas en blanco de libros «destrozados y humillados», localizados en rastros y librerías de viejo) y su biografía (Martín Bermejo es nieto de poeta e hijo de editor, escritor y traductor –por parte de padre– y de ilustradora –por parte de madre–) era de esperar que fuera elegido por Carlos Sánchez, conservador del Museo Lázaro Galdiano, y otro experto y amante del dibujo clásico, para homenajear una de las labores más desconocidas del propio Galdiano, en su casa: la de escritor y editor.

En los últimos años, Bermejo defiende la labor del dibujante como la de un «escritor de signos», lo que le lleva a definirse a sí mismo como «un artista de línea»

Este gozoso encuentro propiciaun encargo que se traduce (nunca mejor dicho) en 16 retratos: los de algunos de los autores que entre 1889 y 1914 publicó el propio Lázaro en su editorial y su revista La España Moderna», una iniciativa que dio pie a más de 600 monografías o títulos –hoy– clásicos de la literatura y el pensamiento, en muchos casos inéditos hasta ese momento en español, como «Naturalista alrededor del mundo», de Charles Darwin, uno de los autores –no todos escritores, como ven– reivindicados por comisario y artista, cuyos retratos se acompañan de un ejemplar original de su obra.

Conviene señalar que no son estos «los mejores autores» que pasaron por «La España Moderna». Ese sería el camino trillado que siempre ha desechado Bermejo. Algunos tenían que estar, como el propio Galdiano, o Emilia Pardo Bazán, que lo asesoró en la primera etapa.

Prepárense para descubrir a travĂ©s de su fina lĂ­nea (nunca impresiones realistas aunque lo parezcan, tampoco ilustraciones supletorias) a «outsiders» como Anna Zuccari Radius o Selma Lagerlöf, o inevitables para el dibujante, como Ruskin (quien le enseñó que «todo gran arte es delicado»; y asĂ­ es su obra), o los Goncourt, y toquen con los ojos el contenido hedonista y evocador de sus trazos, cada vez más depurados, en sus soportes maltratados por el tiempo… Pura poesĂ­a.

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