«Una certeza vital es que la risa te salva siempre»

«Mi nombre es Marta Marco Martialay y dedico mi tiempo laboral a las Artes Escénicas». Así se presenta esta contadora de cuentos (Madrid, 1977), formada en Arte Dramático en la Resad (Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid), donde se especializó en Interpretación Gestual y capacitación en Pedagogía Teatral. Este fin de semana, esta guadalajareña de pro dará rienda suelta en Toledo a sus dotes artísticas con «La senda del cuento». Este viernes (18:00 y 21:00) actuará en el Matadero Lab (Paseo de Recaredo, s/n). Estará acompañada del músico José Manuel Pizarro, un psicopedagogo que toca varios instrumentos de viento y que es componente de la famosa banda de folk metal «Mägo de Oz». El sábado, Marta ofrecerá un taller de narración oral en la librería La Madriguera de Papel (avenida del Madroño, 6).

¿Por qué se dedica a contar historias?

Porque me gusta. La búsqueda de historias, la creación del espectáculo, la comunicación con el público… Todo el proceso, en definitiva. Cuando encuentro una buena historia, busco la vía artística más acorde para transmitirla: la palabra, los muñecos, los objetos, la interpretación de un personaje o yo misma en relación con otro artista, quién sabe. Trato de ser un vehículo que conecte la historia con el corazón de cada persona que está entre el público.

¿Qué tienen sus historias que no tengan otras?

Mis historias son historias de otros. Yo elijo las que me conmueven, las que me aportan luz o alegría, y las transmito. Como todos en esta profesión. Lo que diferencia las historias que yo cuento es que las transmito yo. Otro artista contará, quizá, la misma historia, y será diferente. Yo trabajo desde la ternura.

¿Por qué utiliza instrumentos musicales en sus actuaciones?

Me siento bien trabajando acompañada, y tengo la suerte de tener entre mis amistades a estupendos profesionales. Los ensayos, además, son más divertidos. Este viernes estará conmigo en el escenario José Manuel Pizarro. Su música te sumerge en un estado fuera de lo consciente, te transporta a cualquier lugar del mundo. La música viste de gala las buenas historias, pero no es imprescindible; desnudas son también muy sugerentes. Por otra parte, es que se me da bien cantar, y utilizo este recurso porque trato de ir a mi favor.

¿Son los niños de hoy en día diferentes a usted de pequeña?

¿Hay algún niño igual a otro? Las emociones son universales, eso sí. Las mismas que antes, las mismas que después. Me viene a la mente una frase de Mia Couto, que dice: «La fiesta es la tristeza haciendo el pino». No sé por qué, pero encaja. Todas las historias tienen luces y sombras, porque las personas que las habitan también las tienen.

¿Es esta vida un cuento?

Creo que la vida te pone en la mano unas cartas y tú eres el responsable de jugarlas. Puedes desperdiciar una mano fabulosa, o puedes vivir una buena historia pese a que tu suerte no sea la que hubieras elegido en un principio.

En Winnie the Pooh hay una frase maravillosa: «La mejor manera de escribir poemas es dejar que las cosas se coloquen». Habla bastante de una manera de vivir la vida. Me la contó una amiga. La historia de tu vida es mejor si te relacionas con personas con una bonita energía, personas a las que admirar. Mi madre dice: «No busques cuentos con final feliz, busca ser feliz sin tanto cuento». Pone la atención en lo que tiene y no en lo que le falta, y me parece un estupendo aprendizaje. Una certeza vital es que la risa te salva siempre (en un escenario y en la vida).

¿Qué cuento no contaría nunca?

Descarto las historias que no me conmueven. ¿Cómo podría yo emocionar al público entonces? Hay un gran número de artistas que tienen la habilidad de encontrar lo que yo no he sabido ver, y que saben contar esa historia para que alguien del público la recoja y la siga transmitiendo.

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