Una autopsia disparatada del encuentro Franco-Hitler en Hendaya

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Al terminar la Guerra Civil, Franco se sinti√≥ due√Īo del lugar, emperador de Espa√Īa. Al estilo de El Gran Dictador de Chaplin, el Caudillo bail√≥ con un globo de sus posesiones en un despacho con ecos hasta reparar en que, en verdad, estaba pinchado y nada hab√≠a de redondez en aquella Espa√Īa. El dictador mir√≥ alrededor, m√°s bien a su derecha, en busca de alguien que le prestara urgentemente un inflador en Europa. Durante unos meses que ¬ęno estremecieron al mundo¬Ľ, Franco y Hitler estuvieron negociando la f√≥rmula para que una Espa√Īa destrozada por la guerra se zambullera tambi√©n en el conflicto mundial.

Solo el escritor Juan Eslava Gal√°n, de humor imperturbable, podr√≠a encontrarle las cosquillas a esa Espa√Īa exhausta que hab√≠a soportado lo peor de los ¬ęhunos y de los hotros¬Ľ. Ese r√©gimen todav√≠a en pa√Īales que revive con profunda documentaci√≥n y mucha iron√≠a en las p√°ginas de La tentaci√≥n del Caudillo, un ensayo novelado, como al jienense le gusta decir, que aborda los detalles y los personajes pintorescos que rodearon el encuentro de Hendaya, del que este a√Īo se cumplen 80 a√Īos.

Para unos, Franco fue m√°s listo que nadie y dilat√≥ las conversaciones al convencerse, cuando todo parec√≠a indicar lo contrario, de que Alemania iba a perder la Segunda Guerra Mundial. Mientras que otros, los menos simpatizantes del gallego, consideran que simplemente a Hitler le importaba un bledo que Espa√Īa se metiera o no en la contienda. De su desidia habr√≠a derivado el fracaso…

La tentación del Caudillo. Juan Eslava Galán. Planeta, 2020. 800 páginas. 23,90 euros.
La tentación del Caudillo. Juan Eslava Galán. Planeta, 2020. 800 páginas. 23,90 euros.

Eslava Gal√°n da en su obra una explicaci√≥n m√°s templada sobre las desavenencias. Como en una comedia rom√°ntica de las malas, cuando Franco busc√≥ a Hitler, el austriaco le hizo la cobra para no comprometer las posesiones africanas de Francia, que reclamaba el r√©gimen; y cuando luego Hitler s√≠ necesit√≥ a Espa√Īa para fastidiar a Churchill, fue el gallego el que desvi√≥ la mirada al f√ľhrer. La tentaci√≥n en 1940 viv√≠a arriba, en Alemania, pero no a cualquier precio. Franco tem√≠a que si los nazis ganaban la guerra Espa√Īa no tomar√≠a parte en el bot√≠n, pero m√°s le preocupaba que fueran los Aliados, que controlaban la llegada de alimentos a la Pen√≠nsula, quienes se impusieran al final.

Di√°logo de sordos

Entre el miedo a Churchill o a Hitler, Franco se decant√≥ por el primero y, de propina, logr√≥ que el r√©gimen sobreviviera al conflicto. La reuni√≥n de Hendaya del 23 de octubre de 1940 result√≥ as√≠ un di√°logo de sordos donde Hitler sali√≥ maldiciendo su suerte: ¬ęCon estos tipos no hay nada que hacer¬Ľ. Ni Franco, del que nunca tuvo buena opini√≥n, ni el s√©quito que le acompa√Īaba caus√≥ grata impresi√≥n a Hitler.

En torno a aquel enredo barato desfilan, de la pluma de Eslava, toda una corte de personajes disparatados. Desde aquellos falangistas que acudieron raudos a Berl√≠n ante la promesa de burdeles finos, y con todo incluido, a aquel Fray Justo P√©rez de Urbel, primer abad del monasterio del Valle de los Ca√≠dos, ¬ęun frailecillo de aspecto ratonil, enteco, calvo, nervioso¬Ľ al que le encargaron la empresa de entroncar la dinast√≠a de Franco con la de ¬ęlos jueces de la Biblia¬Ľ, como m√≠nimo. Tambi√©n circulan tramas secundarias por el libro, como aquella b√ļsqueda de las joyas perdidas de Felipe II por Europa o las razones para edificar el Valle de los Ca√≠dos, que est√°n hoy sepultadas bajo toneladas de creencias populares y desinformaci√≥n pol√≠tica. Porque Franco, aparte de unos restos mortales y un saco de boxeo para ciertos pol√≠ticos, tambi√©n es un personaje hist√≥rico, ni m√°s ni menos que el m√°s influyente del siglo XX espa√Īol.

Es la capacidad de dibujar un retrato desternillante incluso en los rincones oscuros del pasado la que convierte en un género en sí a Eslava. Una obra inclasificable de la que resulta difícil, casi imposible, despegar la vista una vez se abren sus páginas. Humor sin salirse del plano histórico, ni perderle el pulso a las novedades historiográficas sobre el periodo.

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