Una ANC abrumada por los CDR ahonda en la vía unilateral

La eclosión de los autodenominados «Comités de Defensa de la República» (CDR) ha abierto una brecha de desconcierto en el aparato independentista. Desde su aparición, los activistas más convencidos y movilizados del secesionismo se han lanzado a los brazos de estos grupos radicalizados, sin líderes y que apuestan por la «acción directa».

Aunque estas células fueron incapaces de completar su objetivo de «bloquear» Barcelona durante la celebración del Consejo de Ministros del 21-D, sí llevaron el peso de las movilizaciones, lo cual está obligando a las entidades soberanistas «tradicionales» a reinventarse para no verse arrolladas. Desde la otrora todopoderosa ANC la receta para evitar ser superada por los CDR es clara: subir el tono contra el Ejecutivo de Quim Torra e insistir en su apuesta por la «vía unilateral» que llevaban tiempo matizando.

«Tenemos que hacer presión efectiva para que el gobierno de la Generalitat se ponga las pilas», afirmó este sábado la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie en una entrevista radiofónica. La dirigente secesionista marcó perfil justo cuando se cumplía la fecha límite, el «ultimátum» que su propia entidad puso a Quim Torra en octubre. «Quién no se vea con ánimos de seguir adelante, que dé un paso al lado y deje su lugar a personas que sí estén comprometidas», dijo hace unas semanas Paluzié. Ahora la entidad parece olvidar su amenaza de poner a las calles en contra del Govern mientras apuesta, eso sí, por «prepararse» y «fortalecerse».

No obstante, negó que su entidad se fuera a mutar en uno de los «comités republicanos» que esta semana tomaron Barcelona impunemente. «Sería una simplificación decir que pasaremos a ser exactamente como los CDR, es todo un poco más elaborado», concluyó.

La CUP se jacta del 21-D

La CUP considera que las movilizaciones del pasado 21-D fueron un éxito y pidió a sus seguidores que insistieran en el «alzamiento» en las calles para lograr tumbar «el régimen». En un comunicado difundido ayer por los antisistema se jactaron de unas marchas que, según ellos, obligaron al Estado a «militarizar» Barcelona para celebrar el Consejo de Ministros.

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