Una agenda de consensos para una Argentina viable

Tuve la oportunidad de conocer en un encuentro privado a Nassim Nicholas Taleb y pude dialogar con él. Cuando le pedí que me autografiara su célebre obra El cisne negro, me preguntó a qué me dedicaba. Al mencionarle la disciplina económica, con una sonrisa me recordó una advertencia del libro: cuidado con la distribución normal de Gauss en la economía y en las disciplinas sociales porque subestima (les asigna muy baja probabilidad) los eventos de cola.

Para Taleb, la distribuci√≥n acampanada sim√©trica entre cuya media y dos veces la desviaci√≥n est√°ndar para uno y otro lado abarca el 95,5% de la probabilidad de ocurrencia del fen√≥meno en cuesti√≥n, es relevante en los juegos de azar y en los fen√≥menos f√≠sicos naturales, pero es incapaz de predecir rarezas que son m√°s comunes en los fen√≥menos sociales. Por ejemplo, si en un estadio de f√ļtbol reunimos a 1000 argentinos y les preguntamos por su estatura, peso, g√©nero, edad, es casi seguro que del valor medio de la muestra m√°s/menos dos veces la desviaci√≥n est√°ndar va a estar el 95% de los casos. Puede que en la selecci√≥n se incluyera un gigante que mide dos metros diez, pero su presencia no va a alterar la conclusi√≥n sobre altura media de la poblaci√≥n ni la distribuci√≥n acampanada de la altura.

Supongamos, en cambio, que queremos averiguar en esa muestra aleatoria el ingreso medio de la poblaci√≥n y, entre los seleccionados, por azar se filtr√≥ un multimillonario. All√≠ es posible que las conclusiones sobre media de ingresos y ajuste a la normal salgan completamente distorsionadas. Seg√ļn Taleb, estos fen√≥menos raros son m√°s comunes de lo que se cree en la realidad social y tienden a ser subestimados por los “cient√≠ficos sociales”, que se aferran a los riesgos resultantes de la modelizaci√≥n gaussiana de la realidad. Puede que el voto de las PASO, que sorprendi√≥ a propios y extra√Īos, tenga alguna caracter√≠stica de “cisne negro”, un fen√≥meno cuya probabilidad de ocurrencia se subestim√≥.

Con el diario del lunes, muchos analistas empiezan a ajustar el relato para acercar sus estimaciones previas al mensaje resultante de la encuesta obligatoria del 11 de agosto pasado. Es cierto que el humor popular se expres√≥ contra los ajustes de un modelo econ√≥mico que no cierra. Es cierto que en un marco de estanflaci√≥n predomin√≥ la bronca de los sectores sociales de clase media que expresaron un voto castigo. Es cierto que otra vez “es la econom√≠a, est√ļpido”. Pero tambi√©n creo que todas las racionalizaciones ex post que se hacen adolecen de un forzado intelectualismo que tiende a minimizar la rareza del fen√≥meno.

Con el diario del lunes los resultados imprevistos se volvieron previsibles para todos. Creo que, en la l√≥gica del “cisne negro”, lo que no sabemos respecto de lo sucedido puede ser m√°s importante que lo que sabemos, y que la clase pol√≠tica y dirigente de la Argentina, tanto si se siente triunfante como derrotada por los resultados del 11A, debe reflexionar con esp√≠ritu cr√≠tico respecto del futuro.

En reiteradas oportunidades en estas p√°ginas hemos caracterizado el auge del populismo en todo el mundo como un fen√≥meno de √©poca por su empat√≠a con los valores de la cultura posmoderna. La construcci√≥n de la realidad a partir del “relato”, el men√ļ ideol√≥gico de “tenedor libre” y el eterno presente son portadores de sorpresas electorales por doquier. La invitaci√≥n de Juntos por el Cambio a la sociedad es a votar por el futuro, y el mensaje del Frente de Todos es reivindicar lo mejor del pasado kirchnerista frente a la crisis del presente. Es obvio que el electorado que estableci√≥ las diferencias inesperadas vot√≥ contra el presente. ¬ŅFue para reivindicar el pasado o para desechar el futuro? Puede que ni lo uno ni lo otro.

El voto posmoderno es un pronunciamiento excluyente sobre el presente, sin mayores especulaciones sobre el pasado o el futuro. Se vota por rechazo o adhesi√≥n al hoy, al ahora, al presente. En el “imperio de lo ef√≠mero” el pasado ya no existe, y el futuro se descuenta a tasas tan altas que no tiene valor presente. ¬ŅPodemos enojarnos con este elector posmoderno que se expresa en democracia? No, tiene todo su derecho a hacerlo y a modificar con su juicio sobre el presente mayor√≠as y minor√≠as que en la modernidad “dura” se presum√≠an mucho m√°s estables. Lo que no puede ignorar la dirigencia que compite por ese voto son las consecuencias de seducir al electorado con un caleidoscopio de sensaciones orientadas a un eterno presente. Si la prueba y el error del pasado y las demandas de un futuro que se nos vino encima se dejan de lado para sumar corto plazo, la decadencia argentina no tendr√° punto de inflexi√≥n.

La sorpresa de las PASO y la conmoción que produjo en los mercados y en el mundo cuando todavía no se ha disputado la elección de octubre pusieron de manifiesto la fragilidad de nuestro sistema institucional y de la estabilidad macroeconómica. El Gobierno ha respondido con medidas de emergencia para tratar de apuntalar expectativas de corto plazo. Pero las propias medidas de emergencia hablan de la necesidad de acuerdos de largo plazo para llevar adelante transformaciones estructurales que hagan viable el desarrollo económico y social que nos debemos. Se han tendido puentes entre los principales candidatos, pero el futuro de la Argentina requiere mucho más. Y hay temas de convergencia prioritaria e indispensable que pueden servir de mínimos comunes denominadores para avanzar en acuerdos básicos de largo plazo.

Un punto de intersecci√≥n que puede alejarnos del abismo y servir de plataforma para empezar a construir consensos es el sector energ√©tico. La clase pol√≠tica en general y los economistas que conforman distintos equipos t√©cnicos que asesoran a los candidatos han entendido el peligro que implican los d√©ficits energ√©ticos por su impacto en las cuentas p√ļblicas y en las cuentas externas.

Una buena noticia este a√Īo es que la Argentina est√° a punto de recuperar el autoabastecimiento energ√©tico evaluado en una balanza comercial casi equilibrada del sector. Se puede argumentar que la recesi√≥n ha influido en la demanda, pero no se puede negar que a partir del desarrollo intensivo de algunas √°reas no convencionales creci√≥ la oferta dom√©stica de gas y de petr√≥leo. El desarrollo de Vaca Muerta ya no es promesa, es realidad; puede proveernos de energ√≠a abundante y de precios competitivos y asegurarnos divisas fundamentales para lidiar con la restricci√≥n c√≠clica que afecta la cuenta corriente externa.

Pero si no hay acuerdo pol√≠tico para el desarrollo intensivo de esos recursos, incluyendo la posibilidad de interactuar a fines de la pr√≥xima d√©cada en el mercado mundial del gas por barco, perderemos el tren. Entre perforaciones e infraestructura el desarrollo intensivo requiere m√°s que duplicar la inversi√≥n actual de alrededor de 5000 millones de d√≥lares. Pero si no se sostiene la inversi√≥n actual la declinaci√≥n productiva de Vaca Muerta superar√° el 70% en dos o tres a√Īos. El consenso sobre Vaca Muerta es tambi√©n la oportunidad para analizar y discutir el modelo productivo de estancamiento e inflaci√≥n que durante d√©cadas ha frustrado el desarrollo con equidad, y generado pobreza. El voto de rechazo o de adhesi√≥n al presente no puede hacerse cargo de estos desaf√≠os, pero la clase dirigente argentina tampoco puede soslayar la agenda de consensos para una Argentina viable.

Doctor en Economía y en Derecho

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