Un vecindario acosa a la única familia que denunció el tráfico de drogas en el barrio

La vida en el barrio vilagarciano de Monte Xaquín, A Laxe, no era lo que la familia de Soledad esperaba cuando se mudó a él hace más de una década. La mujer compró la casa a un vecina que se quería ir, pero que no quería vendérsela a nadie del barrio. Soledad descubrió el porqué con el tiempo. Al poco de mudarse fue consciente del nivel de trapicheo que había y lo denunció. Una acción que muchos de sus vecinos no le perdonan. Entonces empezaron los insultos, el impedirle el paso por la calle, el masturbarse delante de su ventana o el cortarle los frenos del coche de su nuera, recoge en una entrevista La Voz de Galicia. El último episodio de este hostigamiento lo vivió Soledad esta misma semana cuando alguien empotró su coche contra su vivienda. Fue, asegura, una manera de intentar hacerme callar.

Según las palabras de esta vecina, desesperada por la difícil convivencia, los vecinos que no la acosan miran hacia otro lado y callan. Impera la ley del silencio y nadie parece saber nada. Pero lo cierto es que la propio Policía reconoce el menudeo de droga que marca el paso en A Laxe. Soledad revela que ha llegado a juicios por estas presiones, pero la falta de pruebas le ha hecho gastarse mucho dinero en abogados para seguir en la misma situación.

«Es injusto que me tenga que ir yo»

Su entorno laboral y sus amigos le recomiendan que haga las maletas y abandone el barrio, pero Soledad se resiste y confiesa que no sería justo que se tuviese que ir ella. Al principio, comenta, «eran insultos o escupir a mi paso». Ahora, se queja, no pueden dejar los coches aparcados fuera «porque pasa esto». Unos días después del último ataque, las paredes de su casa siguen reflejando el impacto de su coche, que llegó al muro del salón.

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