un puesto que no se rifa

Paciencia, liderazgo, capacidad de gestión, responsabilidad, capacidad de escucha, empatía… son vocablos que van y vienen constantemente en la conversación con directores de centros de Enseñanza Secundaria, una trabajosa tarea, de muchas horas y no pocos sinsabores, para la que muchas veces cuesta encontrar relevo. Lo aseguran los docentes de la Comunidad que hoy están al frente de estos centros, mientras detallan sus quehaceres diarios y sus aspiraciones, limitaciones, retos…

Recientemente se reunieron en el 38 Congreso de Directores de Institutos de Secundaria en España -organizado por la Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Educativos Públicos (Fedadi)-, celebrado en Valladolid y al que asistió el consejero de Educación de la Junta de Castilla y León, Fernando Rey. El consejero valoró esta función directiva y reconoció que «cuando tienes un equipo directivo de un colegio o instituto que funciona y dinamiza, tienes una institución educativa que va a toda velocidad», pero también que sus funciones «cada vez más amplias, más anchas y complejas», hacen que cueste «dar ese paso, porque más que un cargo es una carga y es complicado encontrar profesores que estén dispuestos a realizar muchas horas extra de trabajo no remuneradas».

«Al principio es muy duro y le echas muchas horas, fines de semana… Pero alguien tiene que hacer esta función»

¿Pero por qué pasa de ser un cargo a una carga? ¿Tantos problemas y dificultes encuentran? Margarita Merino, directora del IES Sierra del Valle de La Adrada (Ávila) lleva tres cursos en ello y reconoce que al principio «me enfrenté a algo que desconocía por completo y es complicado estar aquí; por eso no quiere nadie ser director, desgasta mucho». Hizo un curso de formación de 80 horas, previsto por la Consejería para los docentes que asumirán este trabajo directivo, pero cuenta, con cierta ironía, que «estoy trabajando mi inteligencia emocional en este puesto», refiriéndose a ese enorme puzzle de tareas que a diario asume para trabajar con profesores, alumnos, familias, personal de servicios, y que todo funcione.

El presidente de Fedadi, Alberto Arriazu, Fernando Rey (centro) y Teresa Izquierdo, en el congreso – ICAL

Considera que «no se nos prepara suficientemente para ello» y que, «al final, estás aquí porque tienes ilusión por hacer cosas por la comunidad educativa, innovación docente», y en el centro de todo, los alumnos. Especialmente a los que da clase de Geografía e Historia en 2º de Bachillerato y a los que dice «sois mi regalo». Para ella, «el factor humano es clave» en el sistema educativo, y una «tarea fundamental» del director «atender y escuchar al Claustro, porque entre todos sacamos adelante y materializamos propuestas e iniciativas», a la vez que apunta el «desgaste» personal que conlleva el puesto, «que hace que vayas haciendo una coraza y corras el riesgo de perder sensibilidad».

Retribuciones

No niega que las retribuciones que perciben (que se fijan en función del número de alumnos del centro) son pequeñas para «las demandas y exigencias infinitas que recaen sobre nuestras espaldas», pero que «al final no estás aquí por dinero sino por muchas otras cosas». Piensa que es necesario «liderar» y profesionalizar esa labor de dirección porque en su trayectoria docente anterior se encontró con equipos directivos para los que todo «era un no continuo» (con 27 años era ya tutora de 2º de Bachillerato) y situaciones familiares complicadas que, «por intuición y algo de conocimiento, sabías resolver; era algo innato, pero sentías que te quedabas corta».

«Desgasta y creas una coraza, pero, pese a las dificultades, me mueve el entusiasmo por contribuir a mejorar el sistema»

La burocracia no contribuye a hacer atractivo el puesto, más bien al contrario, pero afirma que en la Administración «solo he encontrado ayuda y comprensión» y alerta de las diferencias que puedan existir entre ser director en un centro rural y uno urbano; o dentro de una misma ciudad, entre unos centros de entornos socioeconómicos más elevados y otros con menos recursos; o la mella que provoca el hecho de que a veces las familias desautoricen a un docente o un director delante del alumno.

Quien también pone el énfasis en la necesidad de que los directores tengan una formación suficiente para asumir este cargo es Francisco Tomillo, director del IES Vega del Prado de Valladolid. A su juicio, es una «necesidad acuciante» un «Pacto de Estado ya y una Ley educativa estable, que dure en el tiempo, reposada», sin que el trabajo docente y directivo tenga que estar continuamente sometido a continuo «papeleo, cambios cada curso, etc.», al tiempo que demanda una formación previa para los directores que accedan a esta función y con «un mínimo de experiencia». «Lo ideal», para Tomillo, sería «que estuvieran un tiempo tutorizados por un director», y que se evaluara realmente «nuestro proyecto de Dirección, porque ahora se evalúan otras cosas», evaluación en la que debe participar la comunidad educativa.

Centros complejos

Para Tomillo, este puesto «no se rifa; la gente no quiere meterse en esto», entre otras cuestiones porque el complemento que perciben «es de risa» y alude a que «el número de alumnos es importante, pero también la complejidad del centro», a la vez que aclara, que «no es un asunto de dinero, sino de responsabilidad real y de trabajo diario». Así, relata con ironía que hay ocasiones en que «esto es como una caja de bombas; cuando te preguntan qué harás esta mañana dices no sé qué puede pasar», aludiendo a la responsabilidad que tienen sobre multitud de cuestiones: «Hasta del transporte escolar somos responsables y no puede ser que yo tenga que ser responsable de lo que ocurra de aquí -por su centro- a Villanubla, porque en ESO no hay acompañantes» para los alumnos en esos viajes diarios.

«Hay días en que esto es como una caja de bombas. Debe haber profesionalización sin perder la identidad docente»

Aboga por la «profesionalización de la función directiva sin perder la identidad, que es seguir dando clase, si no queremos perder contacto con la docencia, porque esto no es una empresa o hacer tornillos», forman a los ciudadanos del futuro. También resalta la dificultad para lograr dar continuidad a un proyecto directivo con la interinidad existente en el profesorado: «Cada año es volver a empezar y dedicas un trimestre a que la gente se adapte». En esto coincide también María Teresa Izquierdo, directora del IES Pinar de la Rubia de Valladolid y presidenta de la Asociación de Directores de Instituto de Castilla y León, Adicale. Para esta docente que lleva ya tres cursos como directora, su situación es «privilegiada» por el equipo que la acompaña y porque en su instituto, de 60 profesores que tiene, 50 son estables.

«Cuidar» al equipo

Comenta divertida que «tengo ilusión y me gusta mi trabajo, aunque haya días en que pienses en quién me mandó meterme en esto», pero aclara también que al tomar la decisión, se fue con ese equipo que la acompañaría en la Dirección «dos días a la montaña para poner en común lo que teníamos pensado hacer», porque, a su juicio, «es importante que con una mirada sepamos a dónde queremos ir; hay que cuidar al equipo».

Para ella, «los directores, teniendo en cuenta las leyes, con los recursos que hay, tenemos que hacer que esto funcione lo mejor posible, con el único objetivo de hacer que los chicos saquen lo mejor de sí mismos». Tarea que no es fácil en ocasiones, en un momento en que siente a veces que «se ha pasado de que el maestro era dios a irnos al lado contrario, en que se desautoriza al docente». E insiste en esa profesionalización mayor de la Dirección sin perder el contacto con el aula; en que las retribuciones no ayudan, y que «no es el dinero por el dinero», sino «que le echas muchas horas, fines de semana», que la sociedad no siempre ve.

Francisco Tomillo, director del IES Vega de Prado (Valladolid)
Francisco Tomillo, director del IES Vega de Prado (Valladolid) – F. HERAS

Dice que «al principio es duro» afrontar el puesto, pero que hay una «buena relación con la Administración, tienen en cuenta lo que aportamos, se nos escucha y nos piden información porque quieren modificar cosas, y esto está siendo importante para conseguir mejoras». Eso sí. Cada día es distinto, según Izquierdo: «Podríamos escribir un libro, nos decimos entre nosotros».

Como señala Margarita Merino, «pese a las dificultades, limitaciones y sinsabores, me mueve el entusiasmo por contribuir a la mejora del sistema, y me llevo cada día muchos aprendizajes, tanto para la profesión como, y sobre todo, para la vida; me costará despedirme del cargo».

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