Un premio a la recuperación, a través de un cambio de rango en el Gabinete

En el equipo del hasta hoy secretario de Gobierno de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, dicen que al presidente Mauricio Macri lo impresionó la forma en que la producción agrícola se recuperó de un año a otro tras haber padecido una de las peores sequías en 30 años.

Sin créditos ni subsidios, pasó de dejar de cosechar 30 millones de toneladas de soja y de maíz a recuperarse y llegar a un récord de 50,5 millones de toneladas (grano comercial) en el cereal, y de 56,5 millones de toneladas en la oleaginosa. “El Presidente comprobó que hay mercados de futuros y empresas de insumos que financian a los productores que permitieron que la rueda siguiera funcionando”, explicó un funcionario de Agroindustria.

Esa respuesta se tradujo en una mayor actividad económica. Aunque se partió de una base muy baja por la sequía, en mayo pasado, según informó el Indec, la economía creció 2,6% respecto del mismo período de 2018. En los pueblos del interior que viven de la actividad agrícola eso se traduce en que los comerciantes aumentan sus ventas y los camioneros tienen más trabajo en la cosecha. Según un trabajo de la Asociación Argentina de Consorcios de Experimentación Agrícola (Aacrea), el 70% del gasto y la inversión de la agricultura vuelve al ámbito donde se generó.

Pero no solo hubo recuperación de la cosecha gruesa tras la sequía. La cosecha de trigo, que finalizó en diciembre pasado, tuvo un récord de 19,5 millones de toneladas. Y el área sembrada para el próximo ciclo 19/20 creció 5,9%.

El crecimiento del campo alcanza a otros segmentos. Con China como verdadera aspiradora, las exportaciones de carne vacuna crecieron 36,7% en los primeros seis meses del año respecto de igual período de 2018, con un ingreso de divisas por casi 1200 millones de dólares, según informó el Instituto de Promoción de Carne Vacuna Argentina (Ipcva). En carne porcina, cuatro frigoríficos comenzarán a exportar a China tras los acuerdos sanitarios firmados recientemente. En ambas carnes hay un gigantesco aumento de la demanda por la propagación de la peste porcina africana en Asia, que está diezmando las granjas de cerdos.

“Hoy hay más mercados abiertos que animales para abastecerlos”, admitía ayer un miembro del gabinete de Etchevehere en la Exposición Rural. Y quizás allí esté una de las claves por las cuales Agroindustria volverá a su rango de ministerio. Las oportunidades que ofrece el mercado internacional para toda la producción agropecuaria argentina son inmensas. Y alcanzan a todo el territorio nacional. Desde los corderos de la Patagonia -con los que la semana pasada se concretó la primera exportación a Japón- hasta la quinoa en Jujuy o en Salta. Para todos, no importa el grado de elaboración que tengan, puede haber un destino para vender.

En la visión del Gobierno y de la mayoría de la cadena agroindustrial eso se traduce en mayores oportunidades de inversión y trabajo. Cuando hay que abrir un mercado para las exportaciones agroalimentarias, no es lo mismo que negocie un funcionario con rango de ministro que uno con el traje de secretario. Ningún gobierno de los grandes países exportadores agrícolas tiene a la actividad en un rango de segundo orden.

En ese contexto, Etchevehere se siguió moviendo como si fuera ministro, con llegada directa al presidente Macri. Eso le valió choques con su superior inmediato, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, y con el jefe de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Leandro Cuccioli. En cambio, con otros miembros del gabinete, como Patricia Bullrich o Guillermo Dietrich, mantiene una buena sintonía. Junto con ellos llevó adelante el plan Cosecha Segura, para evitar robos y amenazas en el transporte de la cosecha.

El trato directo de Etchevehere con Macri se traslada a la gestión cotidiana con la organización de las llamadas mesas de competitividad. Esas reuniones que se realizan en Olivos o en la Casa Rosada son encabezadas por el propio Macri. Según cuentan empresarios y funcionarios, el Presidente hace un seguimiento detallado de los temas y pide datos precisos. “¿Por qué esto no sale?”, preguntó más de una vez cuando se demoró alguna decisión en forestación, lechería o carnes, entre otros rubros. El criterio que tiene el Gobierno es ganar competitividad “metro a metro”, eliminando burocracia y tratando de hacerle las cosas más fáciles al sector privado.

Aunque en el campo se valora el nivel de diálogo con el Presidente que facilita Agroindustria, también se reconoce que esta cartera poco puede hacer cuando se decide la política económica. En la campaña electoral de 2015, el programa que elaboraron los técnicos del campo de Cambiemos decía que se iban a bajar 5% por año las retenciones a la soja. El Gobierno solo lo hizo el primer año. La prioridad la tuvieron las necesidades fiscales.

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