Un gorrión asalta Javalambre

Huele a embrague quemado en la cima del Observatorio de Javalambre. Y eso en ciclismo es señal inequívoca de puerto exigente, rampas de nivel y mucha primera velocidad en los coches que escalan con los corredores y, mucho antes, con los globeros que tratan de imitarlos a primera hora de la mañana. La montaña, las cumbres de dominan el cielo, suponen un día de fiesta en la Vuelta. Y nadie más que el pequeño Ángel Madrazo, apodado el Gorrión, lo celebra hasta la extenuación. Está tirado en el suelo, las manos en la cabeza, las lágrimas, el recuerdo de su mujer y sus hijos, los años duros (tiene 31) en que nadie le conocía. Ha ganado para el Burgos BH en el primer coloso y tiene más motivos que cualquiera para llorar. La cumbre del modesto es el respeto de los gigantes. Mucho miedo en el escalafón dominante, aunque el puerto hace daño por las ráfagas de Valverde, que descuelgan a Nairo Quintana, y el impulso de Supermán López, de nuevo líder. Aunque el más competente parece Roglic, grapado al campeón del mundo. En Javalambre cedió mucho personal, Quintana (40 segundos), Chaves (casi un minuto), Higuita y Aru (más retrasados) y quedó claro que Roglic viene a ganar.

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