un enigma de la historia de las islas

Los investigadores académicos de Canarias no terminan de aclarar la presencia en las trece islas que forman el archipiélago, ocho habitadas, de signos con el reino de Garamanta. 180.000 kilómetros cuadrados en el actual sur de Libia. Duró desde aproximadamente 400 aC hasta 600 dC.

El general de Ingenieros del Ejército de Tierra, José María Pinto de la Rosa, defiende en sus investigaciones la existencia de cierta base científica. En un texto de 1954 prologado por Rumeu de Armas, el general señala que esta conexión norteafricana viene de «una tradición hace descender esa raza de Canaán, representados por los primitivos guanches».

Eran sedentarios y su dieta incluía los higos, también presentes en las islas antes de la Conquista. En esta zona se descubrió la llamada «Momia negra» por el arqueólogo Fabrizio Mori, es decir, practicaban este culto funerario.

Hay poca información textual sobre ellos con una epigrafía casi indescifrable de Tifaniq. El científico del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) Juan Antonio Belmonte, que formó parte en 2005 de la expedición junto al astrónomo César Esteban y las arqueólogas María Antonia Perera y Rita Marrero, recuerda que se vieron sorprendidos por el hallazgo de decenas de inscripciones similares a las prehispánicas de Fuerteventura y Lanzarote.

Y es que también se han encontrado grabados de podomorfos y estaciones de cazoletas, cavidades horadadas en la roca que podrían estar relacionadas con rituales de fertilidad. Además, en la primera capital de este reino, la fortaleza rocosa de Zinchecra, se hallaron inscripciones en seis alfabetos distintos, entre ellos el latino, el griego y el tifinagh antiguo y moderno, pero también otro tipo de escritura que no se ha podido identificar.

El reino de los garamantes se ubicó en un oasis, conocido por los musulmanes como el río de los muertos en la región de Fezzan, actualmente en Libia, con una extensión de más de un centenar de kilómetros de este a oeste, comprimido entre el mar de dunas de Ubari y la meseta del Messak.

Roma

Fue precisamente este emplazamiento geográfico el que contribuyó a que los garamantes fueran el único estado paleobereber que no pudo conquistar Roma, a pesar de que intentó la invasión en dos ocasiones, en las que sus legiones llegaron hasta la capital garamante.

Aunque es difícil datar su cronología, se cree que la civilización garamante se gestó en torno al siglo IX antes de Cristo y fue destruida por la invasión árabe en el VII de la era cristiana. La época de mayor esplendor de este pueblo se prolongó desde el siglo I antes de Cristo hasta el II de nuestra era, lo que conllevó además la fundación de una nueva capital, Garama, de la que recibirían su nombre.

Los garamantes eran agricultores y mercaderes, pues el oasis en el que habitaban era lugar de tránsito de caravanas que comerciaban con sal, fieras y esclavos. Se desconoce casi todo sobre su religión pero pudo estar relacionada con la egipcia, por lo que algunos muertos de singular importancia eran enterrados en pequeñas pirámides de adobe y de unos tres metros de altura, o en tumbas en forma de mastaba.

Rituales

Juan Antonio Belmonte precisa que en el oasis estudiado por el equipo de investigadores canarios hay miles de túmulos funerarios, algunos simples y otros más elaborados, con estelas curiosas con la forma de la palma de una mano con los dedos extendidos y otras en forma de creciente lunar, símbolos sagrados típicos del Mediterráneo.

En el ámbito de la arqueoastronomía se han investigado las pirámides y las mastabas, de las que hay casi un centenar y que, al igual que las egipcias, están orientadas según los puntos cardinales, aunque las primeras carecen de accesos o cámaras interiores.

Conexiones

A juicio del investigador, sería interesante ampliar los estudios de las inscripciones halladas en la zona y, sobre todo, en los lugares más cercanos a la costa de Libia, en los que habitaban tribus conocidas como los Maxies o Makies, pues Belmonte recuerda que los antiguos habitantes de Fuerteventura y Lanzarote recibían la denominación de Maxos.

«Hay una serie de conexiones muy curiosas que invitan a volver a investigar en la zona, que ha sido relativamente poco estudiada», explica. Además, esta zona del desierto libio está «plagada» de grabados rupestres, que no tienen «nada que envidiar» a los del Sáhara argelino, coment el científico del IAC.

En cuanto a yacimientos de otro tipo, Belmonte señaló que, al igual que los enclaves del desierto, la edificación de Garama se ha hecho con «una capa sobre otra», de manera que debajo de las ruinas de la actual ciudad musulmana posiblemente se hallen restos de la antigua capital, y de hecho en una reciente excavación se encontraron los sillares de piedra de un templo.

Los garamantes también construyeron una red de túneles subterráneos, llamados fogaras, para extraer el agua fosilizada bajo las arenas del desierto, lo que permitía mantener la agricultura y en cuyo mantenimiento se usaban esclavos, hace unos 1.500 años. Se cree que el declive de esta civilización se debió al empeoramiento de las condiciones climáticas, al descenso en el caudal de agua subterránea y al traslado de las rutas transaharianas hacia el oeste tras la conquista musulmana.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!