Un clan extranjero estaría detrás de la oleada de robos en museos alemanes

Corresponsal en Berlín Guardar

El robo al Museo de la Stasi de Berlín, perpetrado este fin de semana y tercero de una serie con el mismo modus operandi, confirma un patrón que remite a los mismos autores o al mismo tipo de encargo. Al igual que en el robo a la Bóveda Verde de Dresde, donde los delincuentes se hicieron con un botín de 500 millones de euros y un valor histórico incalculable, esta vez los ladrones entraron en el museo por una ventana. Se encaramaron al dosel de la entrada y desde allí accedieron por la ventana aprovechando un ángulo muerto del sistema de cámaras de vigilancia.

Una vez en las salas de exposición, «rompieron varias vitrinas y robaron medallas y joyas», según el informe policial. El robo fue descubierto en la mañana del domingo, cuando un empleado descubrió las vitrinas rotas y dio parte a la dirección del centro. En este caso, sin embargo, estaban peor informados y se llevaron varias falsificaciones.

Facsímiles de poco valor

«Al igual que en Dresde buscaban objetos de valor histórico. Fueron sustraídas una Orden Patriótica del Mérito en oro, una Orden Karl Marx, una Orden Lenin y una Orden “Héroe de la Unión Soviética”, además de algunas joyas como anillos de boda, anillos con piedras y perlas, un reloj y un brazalete. Pero de las condecoraciones, solo una de ellas era auténtica, el resto eran facsímiles», informó ayer el director del museo Jörg Drieselmann.

La Orden Patriótica, auténtica, era de bronce, por lo que el valor material de lo robado queda en unos 1.500 euros. La mayor pérdida, sin embargo, la suponen un número todavía indeterminado de expedientes, carpetas con los informes que redactaban los agentes y colaboradores de la Stasi cuyos nombres no han sido dados a conocer. Además están los daños causados en tres vitrinas y dos puertas contra incendios cuya reparación está presupuestada en unos 50.000 euros.

El marchante Alexander Schalck-Golodokowski destaca que «todos repiten la forma de entrar en el museo, todos buscan un tipo de objetos comercializables en el mismo mercado negro y todos parecen actuar por encargo», resume.

El corredor de seguros de Colonia Stephan Zilkens, especializado en arte, considera que «podemos descartar un artnapping, un secuestro en el que se pide un rescate al museo, porque en el caso de Alemania el Estado no puede permitirse legalmente comprar bienes robados». Zilkens sospecha que, o bien se trata de encargos o los ladrones tendrán que destruir las piezas, demasiado reconocibles, para vender los materiales. «En el caso de los diamantes de Dresde tendrán incluso que molerlos porque tienen un corte característico típico debido a la talla del siglo XVIII», asegura.

Alemania entera se pregunta por qué los museos no cuentan con medidas de seguridad más sofisticadas y Zilkens atribuye a la antigüedad de los edificios la imposibilidad de añadir habitaciones blindadas y vitrinas a prueba de ataques, dispositivos que suponen demasiado peso para las estructuras.

En todo caso, piensa que detrás de los robos puede haber un clan porque «la técnica ha sido relativamente sencilla pero es necesario el respaldo de una organización para realizar trabajos como lijar y revender con el secreto necesario». De la misma opinión es Michael Behrendt, autor del libro titulado «El peligro árabe: clanes criminales familiares amenazan nuestra seguridad», que ha constatado que además de las drogas y la prostitución, los clanes árabes instalados en la capital alemana han ampliado su horizonte criminal para adentrarse en nuevos negocios como los robos de objetos de gran valor.

En los últimos meses, han entrado dos veces al exclusivo KaDeWe de Berlín, añade Olaf Richter, investigador criminal y jefe del departamento de robos de Dresde, que sin embargo no se compromete todavía con esta teoría. «Es demasiado pronto para quedarnos solo con una hipótesis», dice, «seguimos más de doscientas pistas y vigilamos el mercado a la espera de movimientos».

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