Un ajuste inevitable en EE.UU.

Las cotizaciones en EE.UU. están siendo muy influenciadas por el hecho de que en dicha nación están en plena cosecha

Manejar los “tiempos del mercado” ha sido una muletilla muy utilizada en este espacio. Todo pareciera indicar que hoy es la consigna del momento. El productor argentino enfrenta en estos días una coyuntura sumamente compleja. A punto de cosechar trigo y sembrando o por sembrar los cultivos de cosecha gruesa con un cambio de gobierno de por medio. Mientras tanto, no puede descuidar su atención sobre lo que sucede en el mercado internacional granario, toda vez que la marcada estructuralidad exportadora que caracteriza a nuestro país en la materia genera una dependencia que no se da en países competidores.

Así las cosas, el productor tiene dos frentes abiertos. A la hora de evaluar las “señales externas” es importante considerar que, siendo Chicago la plaza de referencia, las cotizaciones en EE.UU. están siendo muy influenciadas por el hecho de que en dicha nación están en plena cosecha. Esto es, los silos se están llenando de maíz y de soja.

Por tal motivo, la discusión sobre el volumen final de la producción estadounidense en esta campaña (gran tema) pierde relevancia en la evolución de los valores en el muy corto plazo. Se suma a ello que los fondos especulativos, actores claves en Chicago, también “deben” responder a sus inversores con resultados en plazos perentorios. El “track record” (resultados de sus movidas) normalmente es evaluado en cortos períodos de tiempo.

Es por las razones enumeradas que resulta muy difícil asistir a un rally de precios en el último cuatrimestre de cualquier año. Es el “timing” del mercado al cual nos referimos en nuestra anterior nota. Teniendo en cuenta que “Chicago queda en EE.UU”, son momentos en los cuales la oferta supera a la demanda y tranquiliza a los compradores.

Nadie puede, por razones vinculadas con su capacidad de almacenaje e incluso con su capacidad financiera, nutrirse de sus necesidades de todo el año en los meses de cosecha. Además, todos los integrantes de la cadena comercial de un producto agrícola son intermediarios. Con la sola excepción del productor, todos los demás “pueden” trasladar costos a la siguiente instancia.

En nuestra opinión, el hecho de que el productor argentino esté a “contraestación” de los grandes actores de Chicago (los “farmers” estadounidenses y los compradores que abastecen el mercado interno en dicha nación) es una ventaja importante. Cuando aquí sea imprescindible vender la nueva cosecha gruesa, las cotizaciones habrán mejorado.

El factor absolutamente clave para los valores en Chicago es el balance de oferta y demanda estadounidense y el verdadero “termómetro” es la relación stocks/consumo en dicha nación. Pues bien, dicho indicador va camino a un ajuste negativo indefectiblemente.

La magnitud del mismo se puede discutir, pero los años calendarios en los que ello se verificó en forma significativa (1996, 2004, 2008 y 2012/13) las cotizaciones experimentaron alzas de duración relativamente acotada (entre un mes y tres meses) y de entre 50 y 100%.

A medida que avancemos en el calendario se sabrá la real magnitud del ajuste de la presente temporada. Probablemente no se asimile a la de los años consignados, pero con algo menos los números se pondrían más que interesantes. Pregunta, por si acaso: ¿puede que no haya ajuste en las reservas estadounidenses? Por los retrasos en la siembra y los avatares climáticos del presente año en EE.UU. pareciera que cierto ajuste sería irreversible.

En semejante contexto, resta conocer las intenciones del nuevo gobierno aquí en nuestro país. Versiones hay muchas y muy variadas. Es de esperar que no se vuelva a recetas que han evidenciado ser negativas para la evolución del sector más dinámico y competitivo del país.

El autor es presidente de Nóvitas SA

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