Trump y Putin apuntalan a Al Assad al frente del régimen sirio tras la guerra

En Siria, un país descosido por la guerra civil y la presencia de Daesh, la decisión intempestiva de Donald Trump de retirar las tropas estadounidenses de su territorio hace que al menos una persona mire al futuro con optimismo: Bashar al Assad. La salida del ejército estadounidense refuerza todavía más la posición del presidente sirio: hace no tanto, para las potencias occidentales su salida del Gobierno era considerada indispensable para encontrar una solución política al país; la decisión de Trump refrenda que para la primera potencia mundial, Al Assad, que cuenta con el apoyo contundente de Rusia e Irán, ya no es un problema prioritario.

El anuncio por sorpresa de Trump, comunicado este miércoles por Twitter, dejó con el pie cambiado a buena parte de su Administración. Ayer era aparente que muchos de sus altos cargos dedicados a la seguridad nacional o a la defensa no fueron informados del asunto. Nadie quedó en posición más incómoda que James Jeffrey, el enviado especial para Siria de EE.UU.

El lunes de esta misma semana, en un discurso pronunciado en el Atlantic Council -un centro de estudios de Washington-, defendió que la Administración Trump quería «un régimen fundamentalmente diferente» en Siria, pero que eso no implicaba «un cambio de régimen»: «No estamos intentando deshacernos de Al Assad». Eso lo ha dejado claro Trump, pero Jeffrey ni siquiera sospechaba que estaba prevista la salida de tropas.

Sobre un posible movimiento en ese sentido, Jeffrey aseguró que Al Assad caería en un grave error si confiaba en la retirada del ejército estadounidense, que ha apoyado a las milicias islamistas rebeldes y que todavía coopera mano a mano con las milicias kurdas en el Norte del país. «Si esa es su estrategia, va a tener que esperar mucho tiempo», pronosticó. Pero Al Assad solo tuvo que esperar dos días: el miércoles Trump contradijo frontalmente a Jeffrey.

El anuncio de Trump causó un aluvión de críticas en EE.UU., muchas de ellas entre sus socios republicanos. «¡Hemos ganado a Daesh!», celebraba el miércoles Trump en un vídeo grabado delante de la Casa Blanca, en una afirmación entendida por pocos, ya que el grupo terrorista islámico, aunque ha perdido la mayor parte de su fuerza en Siria, sigue activo en el país. El presidente de EE.UU. se contradecía ayer al decir que ahora «les tocaba a otros», en referencia a Rusia, Irán y Siria, luchar contra Daesh. «Espera un segundo», reaccionó ayer con sorna el senador demócrata Chris Murphy, «creía que habíamos derrotado a Daesh».

Las críticas más duras, sin embargo, llegaban desde la bancada republicana. El senador conservador Lindsay Graham, convertido en un aliado firme de Trump en los últimos meses, calificó el miércoles la decisión de «desastre» y la idea de que Daesh estaba derrotado, de «fake news». Ayer, Graham impulsaba una resolución en la cámara alta para que Trump reconsidere el regreso de las tropas y que, en el futuro, cualquier decisión similar se produzca después de un «robusto proceso entre agencias».

La comparación entre la decisión de Trump y la de Obama de salir de Irak en 2012 -lo que impulsó el despegue en el país de Daesh- era inevitable. Como también la sensación de que la retirada cimentará a Assad en el poder y dejará vía libre a Rusia en el país. «Es un regalo de Navidad para Vladimir Putin», reaccionó la líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

Rueda de prensa de Putin

Entre las 68 preguntas que ayer le hicieron al presidente Vladímir Putin durante su multitudinaria rueda de prensa anual hubo una en relación con la decisión de Estados Unidos de retirar sus tropas de Siria y dijo que tal medida le parece «correcta», aunque puso en duda que se implemente de forma inmediata. «EE.UU. está presente en, digamos, Afganistán (…) llevan ya 17 años allí y casi cada año dicen que sacarán sus tropas, pero, por el momento, siguen», puntualizó Putin.

El primer mandatario ruso, que de igual forma ha dado varias veces por terminada la intervención militar de su país en Siria sin que se haya producido todavía, incidió una vez más en que la presencia militar estadounidense en Siria es «ilegítima» por no haber sido autorizada por el régimen de Bashar al Assad ni contar con un mandato de Naciones Unidas.

Según su punto de vista, las tropas americanas en el país árabe «no son necesarias (…) carecen de sentido cuando está a punto de comenzar un proceso para una solución política del conflicto». Citó en concreto la lista de miembros del «comité constitucional» de Siria que Rusia ha logrado negociar con Assad, pese a que, según Putin, «no todos los componentes le gustan». Por otro lado, criticó al emisario de la ONU, Staffan de Mistura, por ralentizar el proceso.

Moscú ha acusado reiteradamente a Washington de dar apoyo a grupos yihadistas en Siria y, el pasado abril, tras los bombardeos aliados contra instalaciones militares del Ejército sirio en represalia por el presunto uso de armas químicas, la tensión entre los dos países se acrecentó considerablemente.

Putin dijo ayer estar de acuerdo con Trump en cuanto a que el Daesh ha sufrido «importantes reveses» en Siria «pero también gracias al concurso de las fuerzas rusas». Admitió «discrepancias» con Washington en la lucha contra el terrorismo, pero calificó el «diálogo militar» en ese terreno de «constructivo».

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