Trump sopesa otra purga en su Gobierno ante los planes de inhabilitarle

Si Donald Trump buscaba una excusa para deshacerse de quien puso la investigación de la trama rusa en manos del fiscal especial Robert Mueller, este fin de semana se la han puesto en bandeja. Sin embargo, la revelación de que esa misma persona, el «número dos» del ministerio de Justicia, Rod Rosenstein, planeó grabar secretamente al presidente con la intención de inhabilitarle es demasiado tentadora y obvia como para propiciar otro despido fulminante en la Administración Trump. Los abogados y colaboradores más estrechos del presidente le han recomendando que no haga nada hasta que la investigación sobre la injerencia rusa concluya y se presenten todos los cargos.

Tras las revelaciones de las intenciones de Rosenstein, recogidas por memorandos escritos por quien fue director en funciones del FBI, Andrew McGabe, Trump ha criticado duramente a su propio departamento de Justicia y al FBI, un paso más en su guerra contra lo que considera los poderes fácticos que boicotean su presidencia. «¡Fijaos en lo que sale a la luz!», dijo Trump en un mitin en Misuri. «Hay gente buena en el departamento de Justicia, pero hay otros muy malos. Mirad al FBI. Sí, los malos se han ido, pero queda un hedor, y de eso nos vamos a encargar».

Estas declaraciones se suman a las que Trump hizo el miércoles, cuando dijo que siente que no tiene fiscal general (ministro de Justicia). «Estoy decepcionado con él por muchos motivos», dijo, después de describir las investigaciones sobre los contactos de su campaña con el Gobierno ruso como «un cáncer». Las desavenencias entre Trump y el responsable de Justicia, Jeff Sessions, vienen desde que en marzo de 2017 este se inhibiera de la investigación de la trama rusa por haber mantenido contactos con el embajador de ese país en Washington. Sessions puso entonces esas pesquisas en manos de Rosenstein, quien a su vez abrió una causa independiente que encargó a Mueller, director del FBI con George W. Bush y Barack Obama.

Despedir a Mueller

Otro despido, el del sucesor de Mueller, James Comey, en mayo de 2017, llevó a Rosenstein a plantearse la posibilidad de recusar a Trump con la enmienda 25 de la Constitución, que permite al gabinete del presidente declararle incapacitado. Se ha empleado tres veces, cuando un presidente ha sido operado y siempre de forma temporal. Esta hubiera sido la primera ocasión en que se hubiera empleado alegando incapacidad mental.

El presidente preguntó a sus abogados el viernes si procedía despedir a Rosenstein, según reveló «The Washington Post». Estos le recomendaron que se abstuviera precisamente en un momento en que la investigación de la trama rusa llega al final. Incluso los más acérrimos defensores de Trump en televisión, como el presentador de Fox News Sean Hannity, con quien el presidente habla frecuentemente, le desaconsejaron medidas drásticas. «Tengo un mensaje para el presidente», dijo Hannity el viernes. «Bajo ninguna circunstancia debe despedir a nadie ahora… es una trampa».

Mueller, que tiene poderes prácticamente ilimitados para investigar al presidente, incluidas sus finanzas, ha presentado cargos contra 33 personas. De ellas, 26 son ciudadanos rusos acusados de injerencias en las elecciones de 2016. El resto son miembros del equipo electoral y el Gobierno de Trump, varios de los cuales se han declarado culpables, como el jefe de campaña Paul Manafort o el ex asesor de seguridad nacional Michael Flynn.

Por su parte, el vicefiscal general Rosenstein ha negado que aquellos planes de inhabilitar a Trump, revelados el viernes por el diario «The New York Times», fueran un plan real. «Es una información inexacta e incorrecta», dijo en un comunicado. Una portavoz del departamento de Justicia dijo en una conferencia telefónica con periodistas que en todo caso eran comentarios hechos por Rosenstein «de forma sarcástica». Aun así, figuran en memorandos oficiales.

Al ex jefe del FBI Comey, Trump le pidió «lealtad» antes de despedirlo. Este le prometió, en su lugar, «honestidad». De Rosenstein, a quien nombró él mismo, logró después un informe para justificar el despido de Comey. Y aunque Rosenstein le recomendó deshacerse de Comey, en varias entrevistas posteriores dijo que la decisión estaba tomada de antes y que tenía que ver con las pesquisas sobre la trama rusa. Esta falta de respeto por los procedimientos habituales de Gobierno llevó al ‘número dos’ de Justicia a plantearse la posibilidad de grabar al presidente, una decisión insólita pero propia de una Administración tan atípica como la de Trump.

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