Trump se lanza al ruedo del Brexit y critica el acuerdo de salida de May

Por si al acuerdo del Brexit le faltaban complicaciones, ha entrado en escena Donald Trump. El presidente de EE.UU. aseguró el lunes por la noche que los términos alcanzados son muy beneficiosos para la Unión Europea. Lo hizo en unas declaraciones intempestivas a la prensa desde la Casa Blanca que implican que el Reino Unido se lleva un acuerdo perjudicial y que dejan en una posición incómoda a la primera ministra británica, Theresa May.

«Parece que es un gran acuerdo para la Unión Europea», dijo Trump, que puso un interrogante en las hipotéticas relaciones comerciales entre su país y Reino Unido en el futuro. «Tenemos que mirar con seriedad la posibilidad de que Reino Unido esté en condiciones de comerciar con nosotros»; apuntó en referencia a la capacidad de Londres de negociar un nuevo acuerdo comercial con EE.UU. una vez fuera de la Unión Europea. «Ahora mismo, si miras al acuerdo, no parece que puedan hacerlo y no sería bueno».

Trump especuló que unas condiciones como esas no eran la que deseaban los defensores del Brexit. «No creo que eso fuera lo que buscara la primera ministra, y espero que pueda hacer algo para remediarlo», aseguró. «Pero, ahora mismo, visto el acuerdo, quizá no podría establecer acuerdos comerciales con nosotros y no creo que eso fuera para nada lo que buscaban. Sería muy negativo para el acuerdo».

Las declaraciones de Trump son una bomba que estalla en un momento de alta tensión política para el Brexit. May inició ayer una gira por Reino Unido para recabar apoyos al acuerdo alcanzado la semana pasada con la Unión Europea, con el objetivo de ganar la votación del próximo 11 de diciembre en el Parlamento británico sobre el texto. La situación política está cuesta arriba para May, con el rechazo tanto del ala dura de su partido como de la oposición laborista, y la irrupción de Trump enturbia el proceso todavía más.

Táctica comercial

Uno de los beneficios que vendían los defensores del Brexit es la capacidad de Reino Unido para establecer su propia política comercial: se liberarían de la tiranía burocrática de la Unión Europea para establecer acuerdos comerciales bilaterales con otros grandes socios. La mirada estaba puesta en el EE.UU. de Trump. Desde su campaña electoral a la presidencia, el multimillonario neoyorquino no escondió sus simpatías por Nigel Farage, el gran promotor del Brexit, y defendió la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Una vez en la Casa Blanca, ha agitado la guerra comercial con el bloque comunitario con la amenaza constante de aranceles y, de forma paralela, ha especulado con grandes acuerdos comerciales con Reino Unido cuando esté fuera de Europa.

El brillante futuro comercial de Reino Unido y EE.UU. ha sido también alentado desde el Gobierno de May. Su ministro de comercio internacional, Liam Fox, defendió este verano que el volumen de comercio bilateral al año entre ambos países podría aumentar en 45.000 millones de euros para 2030 una vez fuera de la Unión Europea y de sus barreras comerciales. Se conseguiría desdibujando los aranceles europeos -por ejemplo, las que afectan a los coches de fabricación estadounidense que tanto ha criticado Trump- y regulaciones como la que impide determinadas importaciones de alimentos que no cumplen con los estándares de seguridad alimentaria europea. Fox, al que en Reino Unido se le afea como «ministro sin cartera» (porque sus competencias son inexistentes hasta que el país salga de la Unión Europea), ha llegado a decir que el acuerdo con EE.UU. sería «el más fácil de la historia».

La realidad, sin embargo, es distinta, como parece apuntar Trump con sus declaraciones. Para empezar, el acuerdo que May defiende establece un periodo de transición de 21 meses en el que Reino Unido seguirá en el mercado comunitario, pero no tendrá poder de decisión sobre sus políticas comerciales.Ese periodo de transición se utilizará para diseñar la nueva relación comercial entre el bloque europeo y Reino Unido. El resultado de esas negociaciones es una incógnita, azuzada por la creciente división en las islas británicas sobre la separación con Europa. Si no se llega a un acuerdo, existe la posibilidad de que ese periodo de transición se extienda otros dos años, todavía con Reino Unido sujeto a las regulaciones comerciales de la Unión Europea.

Eso no impide que Londres pueda discutir con Washington un futuro acuerdo comercial, pero lo hará en plena campaña de reelección de Trump, un momento en que para el presidente de EE.UU. cualquier negociación será una muestra de músculo respecto a su electorado.

Mentís de Londres

La otra realidad es que, con o sin Brexit, la Unión Europea sigue siendo el gran mercado para Reino Unido: el año pasado exportó bienes por valor de 308.000 millones de euros a sus socios comunitarios, frente a los 126.000 millones que envió a EE.UU. Por lo que la principal prioridad negociadora la tiene la Unión Europea.

May trató ayer de sacudirse las declaraciones de Trump. Desde Gales, desmintió las declaraciones de su homólogo estadounidense y aseguró que «en lo que respecta a EE.UU., ya hemos estado hablando sobre el tipo de acuerdo que podríamos tener en un futuro. Tenemos un grupo de trabajo establecido y que está funcionando muy bien, se han reunido varias veces y siguen trabajando con EE.UU.». May añadió que la declaración política que acompaña al acuerdo «identifica claramente» que su país tendrá «una política comercial independiente, por primera vez en cuarenta años» que le permitirá «firmar acuerdos comerciales con países en todo el mundo, incluido EE.UU.».

Su ministro de Gabinete, David Lidington, insistió en que Reino Unido podrá negociar acuerdos durante el mencionado proceso de transición y firmarlos cuando este acabe.

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