Trump doblega al Congreso y salva la venta de armas a Arabia Saudí

La relación con Arabia Saudí es uno de los desencuentros entre Donald Trump y el Congreso de EE.UU. y, hasta el momento, el presidente de EE.UU. consigue imponerse a los legisladores. El Senado no fue capaz el lunes de contrarrestar el veto que Trump había impuesto a un paquete de tres leyes aprobadas en el Congreso con apoyo de legisladores de ambos partidos.

La legislación acordada en el Congreso buscaba evitar la venta a los saudíes de armamento -entre otros, misiles de alta precisión- dentro de un macro acuerdo militar de 8.100 millones de dólares firmado por la Administración Trump con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Jordania.

El objetivo era represaliar a Arabia Saudí por el asesinato de Jamal Khashoggi, un periodista crítico con el Gobierno de Riad que fue ejecutado en el consulado saudí en Estambul, y por los abusos contra la población civil en la guerra de Yemen, donde luchan contra rebeldes hutíes, apoyados por Irán. La Administración Trump se ha negado a condenar al Gobierno de Arabia Saudí y, en particular, al príncipe heredero Mohammed bin Salman, a pesar de que la inteligencia estadounidense ha determinado que el asesinato de Khashoggi fue ordenado por él.

Trump justificó su veto al bloqueo de la venta de armas la semana pasada: aseguró que esas leyes «debilitarían la competitividad global estadounidense” y dañaría sus relaciones con aliados clave. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos son «el muro de contención contra las actividades perniciosas de Irán y sus seguidores en la región». Además, dijo, evitar la venta de armas prolongaría todavía más el conflicto en Yemen: “Sin armas de precisión, hay más posibilidades, no menos, de que los civiles acaben siendo víctimas».

Para contrarrestar un veto presidencial se requiere una supermayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. Se necesitaba el voto a favor de 67 de los 100 senadores, y ninguna de las leyes consiguió más de 46 votos. Solo seis republicanos se unieron al bloque demócrata para oponerse al veto de Trump, mientras que siete legisladores demócratas -incluidos seis candidatos que ayer habían viajado a Detroit para participar en la segunda ronda de debates- se perdieron la votación.

Es la segunda vez que Trump utiliza su poder de veto para eliminar los intentos del Congreso para hacer frente a los abusos de Arabia Saudí. La primera vez fue en abril, cuando vetó una ley que le hubiera obligado a finalizar el apoyo militar de EE.UU. a la coalición liderada por los saudíes en la guerra de Yemen. En aquella ocasión, el Congreso tampoco fue capaz de sumar las mayorías para contrarrestar el veto.

Ambos episodios dejan claro que la reacción inicial de los republicanos contra Arabia Saudí -votaron en su día de forma unánime la condena a Bin Salman por el asesinato de Khashoggi– no es lo suficientemente fuerte como para contradecir a Trump, convertido en el dueño del partido republicano.

Uno de los senadores que es, a la vez, un fuerte aliado de Trump y un defensor de las medidas contra Arabia Saudí, el republicano Lindsay Graham, aseguró tras el veto que quizá sus compañeros de bancada serían más propicios a aprobar sanciones directas que votaciones contra Trump. La semana pasada, Graham, junto al demócrata Robert Menendez, presentaron una ley de sanciones que impondrían una moratoria a la transferencia de armas a Arabia Saudí, así como sanciones a los líderes saudíes implicados en la muerte de Khashoggi, incluido el príncipe heredero. Es probable que esta fórmula gane mayor apoyo entre los republicanos, pero no lo suficiente de nuevo como para oponerse al probable veto de Trump. En medio de las crecientes tensiones con Irán en el estrecho de Ormuz, nada apunta a que sea el momento para que el presidente castigue a sus socios regionales.

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