Tri√°ngulo sangriento en la c√°rcel de Oca√Īa

La c√°rcel de Oca√Īa pasa por ser el centro penitenciario en activo m√°s antiguo de Espa√Īa, remont√°ndose su origen a los primeros a√Īos del siglo XIX. El s√≥rdido suceso que recupera hoy esta cr√≥nica aconteci√≥ en 1908 y nos sit√ļa ante lo complejo que llegan a ser las relaciones entre los internos de una prisi√≥n. Sus protagonistas fueron Salvador Hern√°ndez, Emilio Gonz√°lez y Jos√© D√≠az, fallecido tras ser apu√Īalado por los otros dos.

El 24 de mayo de 1911 comenz√≥ en el Ayuntamiento de Oca√Īa un juicio que hab√≠a producido en la villa ¬ęinusitada expectaci√≥n¬Ľ. Para su celebraci√≥n, una secci√≥n de la Audiencia Provincial se traslad√≥ desde Toledo hasta aquella localidad, para solventar √©ste y otros casos de menor calado. El tr√°gico hecho juzgado hab√≠a tenido lugar en febrero de 1908, no estando alejada de su origen una cuesti√≥n de celos.

Reclusos trabajando en uno de los talleres del penal de Oca√Īa (Foto, AMT Colecci√≥n Alba)

Emilio Gonz√°lez y Salvador Hern√°ndez, quienes cumpl√≠an condena de tres a√Īos, seis meses y veinti√ļn d√≠as por robo, manten√≠an relaciones √≠ntimas. Las mismas no eran vistas con buenos ojos por Jos√© D√≠az, quien anteriormente las hab√≠a tenido con el primero de ellos. Para poder librarse de los reproches que recib√≠an de √©ste, ambos decidieron matar a Jos√© y disponer as√≠ de mayor libertad para continuar con sus encuentros sexuales.

Para llevar a efecto su plan consiguieron hacerse con un cuchillo de grandes dimensiones y un punzón de los utilizados en el taller de espartería del penal.

Recorte de ¬ęEl Eco Toledano¬Ľ dando cuenta del inicio del juicio contra Salvador Hern√°ndez y Emilio Gonz√°lez
Recorte de ¬ęEl Eco Toledano¬Ľ dando cuenta del inicio del juicio contra Salvador Hern√°ndez y Emilio Gonz√°lez

Una noche de febrero de 1908, Emilio y Salvador solicitaron a un recluso que dormía entre ambos que cambiara de cama, al objeto de estar los dos juntos. Así, mientras el resto de internos descansaban ellos fueron definiendo el plan con el que habrían de matar a José. Mientras ultimaban su acción, y burlando la vigilancia de los imaginarias que hacían guardia en el dormitorio, se entretuvieron escondiendo tabaco y cerillas en el forro de sus chalecos y sus petates, para consumirlo cuando fuesen trasladados a celdas de castigo o aislamiento tras cometer su acción criminal.

A la ma√Īana siguiente, Emilio fue a buscar a Jos√© a uno de los talleres penitenciarios donde prestaba servicios. Le dijo que quer√≠an hablar con √©l y que lo esperaban junto a la entrada de una de las celdas. Cuando √©ste lleg√≥, totalmente desprevenido, se abalanzaron sobre √©l, asest√°ndole Salvador una pu√Īalada en el pecho, mientras que Emilio le atacaba con el punz√≥n, sin llegar a herirle.

Cuando Jos√©, sangrando por el pecho y boca, emprend√≠a la huida, los dos agresores cambiaron las armas y continuaron acometi√©ndole hasta que cay√≥ al suelo. De inmediato, algunos reclusos que presenciaron lo ocurrido, impidieron que Emilio y Salvador siguieran apu√Īalando a su v√≠ctima. Entonces iniciaron una veloz huida hacia la Ayudant√≠a del penal, toda vez que un buen n√ļmero de internos les persigui√≥ con intenci√≥n de lincharlos.

Jos√© D√≠az, natural de Gij√≥n, permanec√≠a cumpliendo condena por robo cometido en 1898. Las heridas recibidas le afectaron al pericardio y a la aur√≠cula izquierda, caus√°ndole la muerte en pocos minutos. Al ser reconocido el cad√°ver se le apreciaron tres tatuajes: uno en el brazo izquierdo consistente en un art√≠stico busto de mujer, debajo del cual se le√≠a ¬ęCarmen¬Ľ; en el antebrazo, las iniciales ¬ęN.O.¬Ľ; y en el brazo derecho presentaba otro busto de mujer, m√°s art√≠stico que el anterior, con la palabra ¬ęLux¬Ľ.

Salvador Hern√°ndez contaba con un amplio historial delictivo, habiendo sido condenado por siete delitos de hurto y seis de robo, mientras que Emilio Gonz√°lez no le iba a la zaga: dos condenas por hurto y diez por robo.

Concluido el sumario, el ministerio fiscal calificó los hechos como constitutivos de un delito de asesinato, agravado por las circunstancias de alevosía, premeditación y reiteración, solicitando para cada uno de los procesados la pena de muerte. La defensa, por su parte, consideraba lo juzgado como un homicidio con las atenuantes de arrebato y obcecación.

Fachada del Ayuntamiento de Oca√Īa, en cuyas dependencias se reuni√≥, de forma excepcional, una secci√≥n de la Audiencia Provincial para celebrar la vista por este crimen y otros sucesos. (Foto, Archivo Diputaci√≥n Provincial de Toledo)
Fachada del Ayuntamiento de Oca√Īa, en cuyas dependencias se reuni√≥, de forma excepcional, una secci√≥n de la Audiencia Provincial para celebrar la vista por este crimen y otros sucesos. (Foto, Archivo Diputaci√≥n Provincial de Toledo)

Cuando en el Ayuntamiento de Oca√Īa comenzaron las sesiones de la vista, √ļnicamente Salvador Hern√°ndez se sent√≥ en el banquillo de los acusados, pues Emilio Gonz√°lez hab√≠a fallecido un mes antes de iniciarse el juicio a causa de una tuberculosis pulmonar. Un buen n√ļmero de vecinos se hab√≠an concentrado en las puertas del consistorio para asistir a las sesiones, pero su inter√©s qued√≥ frustrado, toda vez que, dado lo escabroso del caso, por razones de moralidad sus debates se decretaron secretos. Pese a esa circunstancia, todas las personas interesadas pudieron seguir el desarrollo del juicio gracias a las cr√≥nicas que el periodista Adoraci√≥n G√≥mez Camarero public√≥ en ¬ęEl Eco Toledano¬Ľ.

Iniciadas las sesiones, de quince testigos que estaban citados a declarar solamente lo hicieron cinco. Quienes no comparecieron eran reclusos que habiendo cumplido su condena estaban ya en libertad. Am√©n de confirmar el desarrollo de los hechos, tal y como se ha relatado anteriormente, de los testimonios evacuados qued√≥ patente que la v√≠ctima, ¬ępresa de fundados celos¬Ľ maltrataba con alguna frecuencia a Emilio Gonz√°lez.

Dado que √©ste ya hab√≠a fallecido, la defensa de Salvador, ejercida por Jos√© Saavedra, puso especial hincapi√© en significar que su patrocinado no hab√≠a producido la muerte de Jos√©, consider√°ndole responsable de un delito de homicidio con las atenuantes de vindicaci√≥n pr√≥xima de una ofensa grave, arrebato y obcecaci√≥n. Con intenci√≥n de remover la conciencia de los miembros del jurado, el letrado concluy√≥ su informe de manera bien emotiva: ¬ęTened piedad del hijo del vicio -dijo-, del ser que en lugar de los consejos de una madre y de los √≥sculos del amor, hall√≥ las brutales caricias de un pederasta [‚Ķ] Tenedla y dictar un veredicto perdonando, para que Dios os perdone¬Ľ.

Estas consideraciones trataban de contrarrestar las apasionadas conclusiones realizadas por Dar√≠o Alonso, representante del ministerio fiscal, quien en su informe apel√≥ a que el jurado no olvidase el supremo inter√©s por la justicia. ¬ęEn alguna ocasi√≥n -exclam√≥-, ¬Ņno os produce espasmo, no os aterroriza la frecuencia con que se perpetran homicidios en la provincia? Pues tened en cuenta que, si sois benignos, contribuir√©is a que la criminalidad se acreciente. ¬°Y si obrando en justicia, rest√°is guarismos a la estad√≠stica de delitos de sangre, ya veis cu√°n elevado es el servicio que prest√°is a la causa de la humanidad y cu√°n hermoso es el acto de piedad que realiz√°is!¬Ľ.

Concluida la vista, el jurado, tras dos horas y media de deliberaci√≥n, consider√≥ al procesado autor de un delito de asesinato con las agravantes de alevos√≠a y reiteraci√≥n, apreciando tambi√©n las atenuantes de arrebato y obcecaci√≥n. A la vista de ello, el tribunal le impuso la pena de cadena perpetua. Al conocer la misma, el condenado dio ¬ęsentidas muestras de j√ļbilo¬Ľ al considerar que, pese al castigo recibido, hab√≠a conseguido librarse de ser ejecutado.

A√Īos despu√©s de perpetrarse este asesinato, en 1922, las dependencias del penal de Oca√Īa resultaron gravemente da√Īadas en un incendio, debiendo evacuarse a centenares de presos que fueron custodiados en una huerta por efectivos de Infanter√≠a.

Enrique S√°nchez Lubi√°n, periodista y escritor
Enrique S√°nchez Lubi√°n, periodista y escritorABC

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