Tres siglos a agravios a Espa√Īa

La Verja que separa el istmo de la L√≠nea de la Concepci√≥n puede verse como una herida permanente, pero tambi√©n como una enorme brecha de prosperidad entre un lado y otro en unos tiempos en los que quedan pocas dudas de que la colonia es un para√≠so fiscal en el extremo sur de la Uni√≥n Europea. Esa condici√≥n, no otra, explicar√≠a las diferencias de renta de llanitos y vecinos del Campo de Gibraltar. De modo que m√°s all√° de la reiterada ocupaci√≥n brit√°nica de zonas no incluidas en Utrech, la reclamaci√≥n espa√Īola sobre la colonia ha optado por relegar la reclamaci√≥n territorial -incluso con varias acciones militares- y centrar su denuncia en que la riqueza del Pe√Ī√≥n, adem√°s de espuria, tiene mucho que ver con la evasi√≥n fiscal.

G-20: un paraíso fiscal

Que Gibraltar sigue siendo un territorio opaco qued√≥ claro en 2013, cuando las autoridades espa√Īolas comenzaron a cumplir, con el incremento de los controles en el paso, la normativa del G-20 por la que trataba de poner coto a los para√≠sos fiscales que cuestan anualmente a la UE un bill√≥n de euros. Dos a√Īos despu√©s, el Gobierno de Rajoy se dio por satisfecho con la incorporaci√≥n de Gibraltar al acuerdo de intercambio autom√°tico de informaci√≥n tributaria, lo que llev√≥ a Bruselas a retirar la consideraci√≥n de ¬ęterritorio no cooperativo contra el fraude y la evasi√≥n fiscal¬Ľ. Sin embargo, Espa√Īa sigue considerando la Roca un emporio de riqueza de dudosa procedencia.

La ONU ampara a Espa√Īa

Pese a que a la firmeza espa√Īola en la reclamaci√≥n ha conocido episodios de indudable torpeza -como la visita al Pe√Ī√≥n, en 2009, de Miguel √Āngel Moratinos como ministro de Asuntos Exteriores o la constituci√≥n del llamado Foro Tripartito– la comunidad internacional ha venido amparando a Espa√Īa en el contencioso. El gran hito en este sentido hay que buscarlo en la resoluci√≥n de la Asamblea General de Naciones Unidas de diciembre de 1967: en un contexto en el que las potencias comenzaban a otorgar la independencia a sus antiguas colonias, la ONU estableci√≥ que cualquier descolonizaci√≥n del enclave brit√°nico deb√≠a abordarse mediante las negociaciones bilaterales entre los Gobiernos espa√Īol y brit√°nico. La resoluci√≥n part√≠a del principio de que ¬ętoda situaci√≥n colonial que destruya la unidad y la integridad territorial de un pa√≠s es incompatible con los prop√≥sitos y principios de la Carta de Naciones Unidas¬Ľ. En definitiva: Espa√Īa llevaba la raz√≥n.

¬ęAutodeterminaci√≥n¬Ľ

La resoluci√≥n de Naciones Unidas era una respuesta -en sentido opuesto al esperado por los brit√°nicos- a la jugada de Londres de tratar de utilizar la descolonizaci√≥n para mantener una colonia mediante el reconocimiento del derecho de autodeterminaci√≥n de los gibraltare√Īos. Con esa acci√≥n, bajo la presi√≥n representada por un carrusel de descolonizaciones en la √©poca, el Reino Unido intentaba esquivar la cl√°usula del Tratado de Utrech que le obliga a ofrecer a Espa√Īa la primera opci√≥n para recuperar la plaza si un d√≠a decidiese deshacerse de ella. Por tanto, ni Gibraltar tiene derecho a la autodeterminaci√≥n ni Naciones Unidas respalda la veleidad brit√°nica de seguir ocupando un territorio cuya superficie no ha dejado de ampliar en los √ļltimos tres siglos. El problema, aunque previsible, es que los brit√°nicos se negaron a cumplir la resoluci√≥n, algo a lo que tampoco contribuyeron precisamente distintos gestos de distensi√≥n por la parte espa√Īola, como la apertura de la Verja en 1982, que el tiempo y la contumacia brit√°nica acabaron revelando in√ļtiles. Hoy, por supuesto, los llanitos siguen disfrutando de un estatuto que solo le reconoce esa llamada ¬ęfamilia brit√°nica¬Ľ a la que viene aludiendo Theresa May en los √ļltimos d√≠as.

Del barracón al hospital

En cualquier caso, el problema esencial es que Gibraltar no parece dispuesta a renunciar ¬ęa seguir viviendo de Espa√Īa bajo el paraguas ingl√©s¬Ľ, en palabras del escritor y periodista Jos√© Mar√≠a Carrascal. M√°s bien al contrario: la colonia ha ido ocupando el istmo nunca cedido, ha tratado de ampliar su ¬ęautonom√≠a¬Ľ a la bah√≠a de Algeciras arrojando grandes bloques de hormig√≥n para impedir la pesca a los barcos espa√Īoles o ha protestado con vehemencia porque los accesos terrestres no est√°n abiertos de par en par. Nada nuevo en realidad. Ya en el siglo XIX, tras declararse dos epidemias de c√≥lera entre los gibraltare√Īos, los espa√Īoles permitieron establecer barracones provisionales para los enfermos. Aquellos barracones se convirtieron en instalaciones permanentes, entre ellas un flamante hospital inaugurado en 2013.

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