Tres millones de cartas por correo y boletas bajo puerta, los últimos trucos de campaña de Macri y Vidal

Finocchiaro es uno de los funcionarios y candidatos que se dirigió a tres millones de votantes bonaerenses

La firma digital de María Eugenia Vidal se estampó en una carta en la que la gobernadora interpeló al vecino para pedirle, directamente, que la vote el 11 de agosto. La misiva se imprimió por millones y se adjuntó a una boleta completa de Juntos por el Cambio. Todo el papelerío está viajando en estas horas por correo postal a las casas de vecinos de la provincia, con el objetivo de sumar voluntades.

El equipo de Juntos por el Cambio en la provincia envia por correo unos 3 millones de cartas a hogares bonaerenses con una misiva de Vidal más una o varias boletas por cada sobre, según pudo reconstruir LA NACION, en base a diálogos con intendentes del oficialismo, con candidatos y con el comando provincial del macrismo. La carta es un pedido del voto. La boleta a domicilio es un truco de campaña, parte del folklore que precede a cada elección. “Es una acción de comunicación directa”, señalan cerca de la gobernadora.

Hace algunos días, se había enviado una tanda más acotada de cartas (dirigidas al vecino por su nombre) en la que Vidal manifestaba: “En esta elección cada voto cuenta y te necesito”. Pro en la provincia hace un trabajo fino, a través del padrón, para reforzar los distritos en donde detectan el voto posible.

Los intendentes de Juntos por el Cambio y los “sin tierra” (candidatos que buscarán dar la batalla a los jefes comunales del peronismo) hacen también de “carteros”, aunque para el reparto de cartas y boletas movilizan a sus estructuras de colaboradores y voluntarios para que realicen, casa por casa, el “bajo puerta”. “Si queremos estar mejor. ¿Por qué hacer siempre lo mismo?”, dice la carta manuscrita de Alejandro Finocchiaro , el ministro de Educación de la Nación que buscará la hazaña por la intendencia de La Matanza.

Por su parte, el comando central de la campaña nacional de Mauricio Macri se encargó de imprimir y enviar padrones a las 19 provincias que no son gobernadas por Cambiemos. La lógica es enviar las boletas que incluyen a los candidatos a legisladores nacionales que van pegados al Presidente en la papeleta. Cuando hay una lista única, desde Pro nacional envían dos padrones completos, cuando hay internas, viaja un padrón por lista. Y cuando es necesario el reparto previo para reforzar el trabajo territorial, se envían algunas boletas extra.

Mesas

Para “ahorrar” el trabajo de los votantes en el cuarto oscuro y asegurar algunos votos más, en estos días el oficialismo bonaerenses también reparte boletas en distintas esquinas de la provincia de Buenos Aires. Juntos por el Cambio desplegó unas 500 “mesas”, puestos fijos en los 40 distritos clave de la provincia para hablar y convencer a los transeúntes. “La idea es dar la cara y tener un diálogo directo con los bonaerenses”, explican cerca de Vidal.

Los ministros de la gobernación bonaerense se repartieron el fin de semana pasado en esas mesas para respaldar a sus voluntarios y lo mismo harán el próximo fin de semana, el último antes de la elección. No se descarta que la propia gobernadora haga una presencia en una mesa, en algún distrito del conurbano donde un “sin tierra” tenga chances de arrebatar la gobernación.

En algunos distritos existió polémica en redes sociales por el formato que tuvo la boleta bajo puerta. En San Martín, según quedó registrado en un video difundido en Twitter por un vecino, una boleta llegó cuidadosamente doblada por tramos. A primera vista aparecía Vidal y, recién después de desplegarla completamente, se hallaba el tramo a presidente con el rostro de Macri. Una modalidad que generó suspicacias por la intención de voto que tiene el jefe de Estado en el conurbano.

“En algunos casos quedó doblada así y en otros no, no fue algo premeditado. A cada casa llegó distinto”, señalaron los colaboradores de Santiago López Medrano, el ministro de Desarrollo Social provincial que juega por la intendencia de San Martín.

Nadie conoce a ciencia cierta qué efecto real tiene el reparto en mano de las boletas antes de la elección, una práctica proselitista de la vieja escuela. Lo cierto es que lo hacen tanto en el oficialismo como en la oposición: en una elección tan polarizada como la de este año, cualquier punto extra puede hacer la diferencia y ofrendar el triunfo.

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