Tres héroes que cambiaron el mundo

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Ronald Reagan, Juan Pablo II y Margaret Thatcher fueron capaces, hace treinta a√Īos, de derribar el comunismo y dar a la libertad y a Occidente una gran victoria. La ca√≠da del Muro de Berl√≠n, el s√≠mbolo de la prisi√≥n de los pueblos de Europa Central y del Este, fue el momento cumbre de aquella victoria. A muchos les debe de molestar sobremanera que se recuerde hoga√Īo el reto que Occidente ten√≠a ante s√≠ y c√≥mo ellos fueron capaces de plantar cara y vencer. El gran John O‚ÄôSullivan lo cont√≥ en su fascinante libro ¬ęEl Presidente, el Papa y la Primera Ministra. Un tr√≠o que cambi√≥ el mundo¬Ľ, (Gota a Gota. Madrid, 2007). O‚ÄôSullivan explica que hasta que lleg√≥ ese tr√≠o, Occidente estaba convencido de la supuesta superioridad militar y moral de los sovi√©ticos. Y ante ese tipo de certeza, lo m√°s sencillo, e incluso lo m√°s l√≥gico, es rendirse. Pero el nuevo tr√≠o no estaba por la labor. En el arranque de la d√©cada de 1970 todos ellos estaban bien situados para llegar a los puestos que coronar√≠an sus vidas. Pero entonces el √©xito era todav√≠a imposible porque Karol Wojtyla era demasiado cat√≥lico en una Iglesia en constante rendici√≥n de sus posiciones, una Iglesia que buscaba portar un mensaje pactista y alguien que lo transmitiera, lo que sin duda no era un papel para el cardenal polaco por muy buen actor que fuera; Thatcher era demasiado conservadora en un partido al que Edward Heath hab√≠a dejado muy alejado de sus posiciones naturales y Ronald Reagan era demasiado americano. O sea, era lo peor que se pod√≠a ser para la izquierda europea.

Pero el 11 de febrero de 1975 Thatcher asum√≠a la jefatura del Partido Conservador y de la oposici√≥n al Gobierno laborista de Harold Wilson. Y el 20 de noviembre de 1975 -de todos los d√≠as que tuvo la d√©cada, √©se tuvo que ser- el ex gobernador californiano Ronald Reagan anunciaba en el diario brit√°nico ¬ęThe Daily Telegraph¬Ľ su intenci√≥n de luchar por la Presidencia de los Estados Unidos.

La URSS y la sombra de Agca

En cinco a√Īos el tr√≠o decisivo estar√≠a en el poder: Juan Pablo II fue elegido en octubre de 1978, Thatcher en mayo de 1979 y Reagan en noviembre de 1980. Result√≥ ser una conjunci√≥n arrolladora. El 2 de octubre de 1979, Juan Pablo II denunciaba en la ONU la condici√≥n de ciudadanos de segunda categor√≠a que se impon√≠a en la URSS a los creyentes. Seis semanas despu√©s, el secretariado del Comit√© Central del Partido Comunista de la Uni√≥n Sovi√©tica (PCUS) aprobaba un documento titulado ¬ęDecisi√≥n de trabajar contra las pol√≠ticas del Vaticano en relaci√≥n con los Estados Socialistas¬Ľ en el que se urg√≠a al Ministerio de Exteriores a ¬ęentrar en contacto con los grupos de la Iglesia cat√≥lica que trabajan por la paz¬Ľ y explicarles ¬ęlas pol√≠ticas de la Uni√≥n Sovi√©tica a favor de la paz mundial¬Ľ. Al mismo tiempo se urg√≠a al KGB a emplear ¬ęcanales especiales¬Ľ para mostrar que ¬ęla jefatura del nuevo Papa, Juan Pablo II, es peligrosa para la Iglesia cat√≥lica¬Ľ. El documento, redactado por Yuri Andropov, futuro secretario general del PCUS, llevaba el aval de dos firmas importantes: Konstantin Chernenko y Mijail Gorbachov. Ambos llegaron al mismo cargo que Andropov. Recu√©rdese el auge de los movimientos pacifistas europeos de la d√©cada de 1980 y el prominente papel jugado en ellos por algunos activistas ¬ęcat√≥licos¬Ľ. Y ser√≠a pura casualidad, pero dos semanas despu√©s de la firma de ese documento, Mehmet Al√≠ Agca hu√≠a de una prisi√≥n turca, rumbo a su objetivo criminal en la plaza de San Pedro.

El documento del Comit√© Central demuestra qu√© pronto se dieron cuenta del calibre de la amenaza. La izquierda europea se embarc√≥ en una campa√Īa pacifista que s√≥lo pod√≠a beneficiar a los sovi√©ticos. Reagan, respaldado por Thatcher, se involucr√≥ en la Iniciativa de Defensa Estrat√©gica -vulgo ¬ęGuerra de las Galaxias¬Ľ- que acabar√≠a por quebrar a una URSS que no pod√≠a ocultar por m√°s tiempo su ruina econ√≥mica. La IDE fue denunciada incluso por muchos obispos, mas nunca por Juan Pablo II. Durante a√Īos, una vez al trimestre, el Papa recib√≠a a un embajador volante del presidente Reagan: el ex director adjunto de la CIA y cat√≥lico de profundas ra√≠ces Vernon A. Walters. Walters me cont√≥ en mi casa, en largas horas de di√°logo, c√≥mo ense√Īaba al Pont√≠fice multitud de documentos, fotograf√≠as de sat√©lites y pruebas variadas de los movimientos de tropas sovi√©ticas, de sus silos de misiles secretos… de la amenaza de aniquilaci√≥n de Occidente, pues para eso ten√≠an esas armas. Aquel papel jugado por el enviado de Reagan logr√≥ que Juan Pablo II nunca levantara la voz contra esa ¬ęcarrera armamentista¬Ľ y nosotros nunca m√°s hemos o√≠do justificar sus posiciones a las voces muy autorizadas que aseguraban que Reagan y Thatcher nos llevaban al holocausto nuclear.

Creadas las condiciones adecuadas, el sistema al que combatieron Juan Pablo II, Reagan y Thatcher se desmoron√≥ con rapidez. En la primavera de 1989 la poblaci√≥n de la Rep√ļblica Democr√°tica de Alemania se manifiesta cada vez con m√°s frecuencia y algunos empiezan a planificar activamente su marcha de la RDA. Tras la celebraci√≥n de las elecciones europeas de junio el eurodiputado Otto de Habsburgo, presidente de la Uni√≥n Paneuropea y Pr√≠ncipe Heredero del Reino de Hungr√≠a, decide organizar un ¬ępicnic paneuropeo¬Ľ en la frontera entre Austria y Hungr√≠a, en Sopron. Se fija la fecha del 19 de agosto de 1989, v√≠spera de la fiesta nacional. La noticia del ¬ępicnic¬Ľ corri√≥ como la p√≥lvora entre los alemanes que estaban buscando una forma de salir de su prisi√≥n. Cientos de ellos comparecen en Sopron. Una hija de Otto de Habsburgo, la Archiduquesa Walburga, corta con cizallas la alambrada de la frontera y 661 refugiados de la RDA cruzan a Austria. Desde ese d√≠a ya fue imposible frenar el goteo de alemanes que hu√≠a a la libertad de Occidente.

Confrontada la URSS con gestos como el de Sopron, pero sobre todo con la seguridad que exudaban los Estados Unidos y el Reino Unido, todos los compromisos de Brezhnev con el Tercer Mundo quedaron cancelados entre 1988 y 1992. Gorbachov ya no pudo impedir la caída del Muro de Berlín que él no deseaba.

En su despedida de la Casa Blanca en enero de 1989, Reagan evoc√≥ su Presidencia como un empe√Īo conjunto con el pueblo americano para salvaguardar Estados Unidos como ¬ęla ciudad iluminada sobre una colina¬Ľ: ¬ęAmigos, lo hicimos. No s√≥lo est√°bamos ganando tiempo. Creamos una diferencia. Hicimos a la ciudad m√°s fuerte. Hicimos a la ciudad m√°s libre. Y la dejamos en buenas manos. En resumen, no est√° mal. No est√° nada mal. As√≠ pues, adi√≥s¬Ľ.

Ramón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura

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