Toledo y cultura, una pasión eterna

Se anuncian fastos y celebraciones con motivo del octavo centenario del nacimiento en Toledo de Alfonso X el Sabio. En nuestra opinión, tal evento debe suponer un hito que marque un concepto de cultura, un concepto de ciudad, un conjunto de valores, un modelo de convivencia y un proyecto cívico de presente y de futuro.

Alfonso X debe conseguir un arraigo cultural profundo. Una sociedad sin arraigos, no tiene sentido; y sin cultura, no hay arraigos. La nuestra es una cultura bien definida, pero no bien delimitada. Tenemos claro lo que somos y c√≥mo somos, pero tambi√©n debemos tener claro lo que podemos llegar a ser y, en esa perspectiva de futuro, no ponemos l√≠mites. Una cultura es ‚Äúun cuerpo complejo de normas, mitos e im√°genes que penetran al individuo en su intimidad, estructuran los instintos, orientan las emociones‚ÄĚ, como afirma Edgar Morin en El esp√≠ritu de los tiempos. Por eso, creemos y queremos que esta conmemoraci√≥n nos ayude a tener una cultura compartida, que es lo mismo que tener una inteligencia compartida y en suma una verdadera inteligencia social. Estamos en la v√≠a de construir un verdadero capital social, que a todos beneficia. La cultura de un pueblo es su identidad, lo que define a todas las personas que forman parte de un colectivo social. En consecuencia, la cultura es esa conducta colectiva que todos contribuimos a conformar, a conservar y a transmitir.

Es la celebración y la cultura lo que ha de servir para trascender la idea de lo local y aprovechar la situación como un motor de identidad, de conocimiento y de desarrollo.

Más allá de celebrar una efeméride, pretendemos que ese aniversario se convierta en un auténtico proyecto cívico, de convivencia, de identificación colectiva con una forma de coexistir en sociedad, que propicie un auténtico empuje en la mentalidad colectiva de nuestra sociedad para hacerla más madura, más avanzada, con evidentes signos de progreso y de desarrollo. Sabemos muy bien que el alcance de nuestro futuro reside, en buena medida, en la riqueza de nuestro pasado. Y, por ello, conocemos la importancia que tiene un proyecto de progreso y desarrollo relacionado con una figura con la dimensión de Alfonso X el Sabio.

Alfonso X el Sabio

El castellano ¬ędrecho¬Ľ, lengua de unidad

La inclinaci√≥n humana al saber es un signo de nuestra condici√≥n natural que, como tal, nos iguala, pero, cuando la curiosidad como propensi√≥n adquiere proporciones de ambici√≥n intelectual y esta se da en un hombre que cuenta, adem√°s, con talento creativo y vocaci√≥n enciclop√©dica y universalista, la resultante es un car√°cter singular, una figura individual que concentra, en s√≠ misma, la cosmovisi√≥n y la mentalidad de toda una √©poca. Es el caso de Alfonso X el Sabio, hijo de un periodo, la Edad Media, que sembr√≥ la idea compartida de que todo el saber humano cabe en un libro (la summa), cuyo volumen, sin embargo, imposibilita que una vida alcance para que pueda ser enteramente le√≠do. Alfonso el Sabio escribi√≥ su propia summa y la convirti√≥ en el proyecto cultural con m√°s largo alcance de su tiempo. Con este horizonte, hizo camino acompa√Īado por eruditos de las tres culturas y las tres religiones monote√≠stas, en plena y fecunda coexistencia, a los que agrup√≥ en un complejo entramado de trabajo que velaba por el volcado de todo el conocimiento humano, con una unidad estil√≠stica que correspondi√≥ al propio rey. Esta ingente empresa deriv√≥ en un hallazgo extraordinario: la lengua a la que se traduc√≠an (o en la que se compon√≠an), en su versi√≥n final, las obras de referencia. Fue el ‚Äúcastellano drecho‚ÄĚ, registro y uso de nuestra lengua con la que el rey sabio la elev√≥ a una altura, como c√≥digo escrito de cultura, equivalente al lat√≠n. Era la primera vez que una lengua vern√°cula se erig√≠a en veh√≠culo del saber, de todo el saber (incluidos los documentos oficiales) y ese fue un paso decisivo para atribuir, al castellano, rasgos de ductilidad y posibilidades de expresi√≥n imprescindibles para su eclosi√≥n como una de las grandes lenguas literarias del canon occidental. Fue √©l el primero en preocuparse de lograr una prosa castellana apropiada y expresiva, de sintaxis y vocabulario organizados: ‚Äútoll√≥ las razones que entendi√≥ eran sobejanas et dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras que entendi√≥ que compl√≠an; et quanto en el lenguaje, endre√ß√≥lo √©l por s√≠se‚ÄĚ.

Lengua de unidad y unidad de la lengua entre el conjunto de la ingente tarea de Alfonso X, que supone, en síntesis, la incorporación de la ciencia árabe a Occidente; la presencia de una preocupación universal; la secularización de la cultura, que deja de ser monopolio de la Iglesia; la creación de la prosa castellana: todo enmarcado en el contexto del florecer social y cultural del siglo XIII.

Y todo esto que se√Īalamos lo hizo en Toledo, la ciudad en la que naci√≥ el 23 de noviembre de 1221 y a la que convirti√≥ en el m√°s importante emporio cultural de su siglo, recogiendo, con ello, la rica tradici√≥n de la Escuela de Traductores. Con toda justicia, la historia reconoce, a Alfonso el Sabio, la paternidad de nuestra lengua. ¬ŅNo ser√≠a igualmente justo que se concediera a Toledo la capitalidad de la misma?

Alfonso X el Sabio con sus colaboradores del escritorio real
Alfonso X el Sabio con sus colaboradores del escritorio real

El legado cultura alfonsí

Es cierto que todav√≠a hay quien piensa que estos quehaceres ocuparon el tiempo del rey sabio, dedicado a una vida contemplativa que mitigar√≠a la amargura y la frustraci√≥n de sus supuestas carencias como gobernante, y de la dejadez y la abulia de un liderazgo romo. Pero su legado, muy en contra de esta opini√≥n, est√° pre√Īado ‚Äďacaso de manera involuntaria- de un proyecto c√≠vico, de un modelo de convivencia basado en la tolerancia y el respeto, presente siempre en el amor al saber (gust√≥ de llamarse, a s√≠ mismo ‚Äúrey de las tres religiones‚ÄĚ). Ese embri√≥n conten√≠a, subyacentemente, la idea de Espa√Īa (jud√≠os, moros y cristianos) defendida por Am√©rico Castro. Ese n√≥dulo potencial que era el ‚Äúcastellano drecho‚ÄĚ imprimi√≥ su sello en la personalidad de Don Juan Manuel, sobrino del propio Alfonso el Sabio, del que heredar√≠a no solo su dedicaci√≥n a la creaci√≥n literaria y a su dimensi√≥n pr√°ctica (por su talento para las obras sapienciales), sino tambi√©n su conciencia y orgullo de autor√≠a (tan at√≠pica en la Edad Media). El ‚Äúcastellano drecho‚ÄĚ tambi√©n fue condici√≥n necesaria para la aguda recomendaci√≥n de Nebrija en el pr√≥logo a su Gram√°tica castellana (la primera de una lengua no cl√°sica, recordemos), dedicado a Isabel de Castilla, a la que advierte de que ‚Äúsiempre la lengua fue compa√Īera del imperio‚ÄĚ, empresa que la reina de Castilla deb√≠a alcanzar como un prop√≥sito que el propio Alfonso el Sabio dej√≥ inconcluso (fracas√≥ en su deseo de ser proclamado emperador de Alemania primero, y de Espa√Īa despu√©s). Ese diamante en bruto que fue el ‚Äúcastellano drecho‚ÄĚ fue, igualmente, la materia primigenia que, una vez bru√Īida, se convirti√≥ en el castellano cl√°sico y barroco que sustent√≥ la Edad de Oro de la Literatura Espa√Īola. Y fue tambi√©n la semilla necesaria para esa Edad de Plata de nuestra literatura que ajustadamente acu√Ī√≥ Jos√© Carlos Mainer, con inicio en 1868, fecha que pone nombre a la primera generaci√≥n de los autores y autoras que revitalizar√≠an nuestras letras por ser el a√Īo en que uno de sus miembros, Benito P√©rez Gald√≥s, publicar√≠a su opera prima: La Fontana de oro. Y debemos pensar, tambi√©n, que el hallazgo ling√ľ√≠stico del rey sabio fue, igualmente, la ra√≠z de un √°rbol geneal√≥gico que lleg√≥ hasta la explosi√≥n de la literatura hispanoamericana del siglo XX, en cuyo magma Octavio Paz proclamar√≠a: ‚ÄúSoy ciudadano de la lengua espa√Īola‚ÄĚ. Ciertamente, el ‚Äúcastellano drecho‚ÄĚ hab√≠a sido una aportaci√≥n fundamental a la carta de naturaleza que constitu√≠a un territorio que, de acuerdo con el sentimiento de pertenencia de Paz, se extender√≠a por otras muchas ciudades, desde Manila hasta Guanajuato, pasando por Tel Aviv. Pero fue Carlos Fuentes quien se encargar√≠a de ensanchar dichas fronteras, puesto que el espacio que ocupa lo que Fuentes llam√≥ ‚Äúel territorio m√≠tico de La Mancha‚ÄĚ comprende todos los sitios ficcionales, congregados en torno a la capitalidad de la tierra en que naci√≥ Don Quijote. Pues bien, a la cabeza de ese stemma cuyo ramal √ļltimo conduce a Carlos Fuentes, debemos situar a Alfonso X el Sabio y a Toledo.

Panor√°mica de Toledo
Panor√°mica de Toledo – Luna Revenga

El Toledo de las tres culturas

Fue en su Toledo natal donde el rey sabio implant√≥ la primera y m√°s importante de las escuelas alfons√≠es (habr√≠a otras, despu√©s, en Sevilla y Murcia), como una continuidad de la primigenia Escuela de Traductores de Toledo y de su aspiraci√≥n a registrar el saber universal. Toledo pas√≥ a convertirse en una de las grandes capitales del saber, de la tolerancia, de la convivencia y de la lengua castellana. Sin embargo, ese conato sirvi√≥ para gestar un proyecto que est√°, a√ļn hoy, pendiente de realizarse. Por eso, podemos decir que Toledo tiene una deuda con su propia identidad hist√≥rica; cabe la opci√≥n de seguir pensando que es la ciudad de las tres culturas, como una designaci√≥n m√≠tica e irreal o hacer que lo sea verdaderamente, como una referencia de un nuevo modelo de convivencia donde el multilateralismo sea una realidad tangible y no solo una conceptualizaci√≥n de la politolog√≠a posmoderna. Toledo debe retomar el esp√≠ritu de concordia entre las tres culturas, con la lengua espa√Īola como aglutinante, completando y equilibrando el asim√©trico desider√°tum de los acuerdos de Oslo (1993), y superando el fracaso de la cumbre de Camp David (2000).

La ciudad de Toledo es un referente mundial de la historia de Espa√Īa, un compendio, en palabras de Gald√≥s. Su compromiso debe ser con lo local y con lo global, de tal forma que la universalidad sea uno de los objetivos culturales que debe alcanzar con acciones propias de la capitalidad regional que ostenta y de su dimensi√≥n internacional. La ciudad Patrimonio de la Humanidad, que en otros tiempos estuvo en la vanguardia del arte y de la cultura, debe ser hoy una ciudad con liderazgo cultural evidente.

Toledo debe ofrecer un proyecto cultural cuyo mensaje, emitido en espa√Īol, est√© basado en la inclusi√≥n. Toledo debe ser tierra de acogida y de coexistencia no ya pac√≠fica, sino fruct√≠fera, entre jud√≠os, cristianos, musulmanes y cuantas etnias, religiones y condiciones humanas se congreguen en una ciudad abierta al mundo. El aglutinante, como en tiempos de Alfonso X el Sabio, debe ser el saber, la cultura, el conocimiento, y, como entonces, el m√≥dulo, la direcci√≥n y el sentido de todos los vectores de ese gran proyecto cultural debe ser la lengua castellana o espa√Īola.

Esa realidad cultural debe constituirse en un medio de producci√≥n, en la materia prima de un nuevo patr√≥n de desarrollo y de progreso para nuestra ciudad. ¬ŅC√≥mo? Vivimos en plena Sociedad de la Informaci√≥n y la lengua est√° contenida en ese rasgo de √©poca que lo domina todo, incluidos los modelos de desarrollo y los n√ļcleos de oportunidades. Toledo tiene, en la lengua, el motor de ese proyecto de cultura que es, a semejanza de aquel otro de Alfonso X el Sabio, un paradigma de convivencia, un proceso de dignificaci√≥n individual y social a trav√©s del saber y la sensibilidad art√≠stica, un eje econ√≥mico del que mana riqueza y empleo y, en definitiva, un modelo de progreso en tanto que la lengua parece el dinamizador b√°sico necesario para crear un espacio cuyas condiciones garanticen que todos sus miembros tengan las mismas oportunidades de conquistar la felicidad.

La conclusión final a la que conducen todas estas premisas parciales es la que nos ofrecen las industrias de la lengua, un concepto enmarcado, a su vez, en las industrias culturales y creativas.

Toledo, capital de la Lengua Espa√Īola

En abril de 2015, tuvo lugar el Foro Internacional del Espa√Īol, un evento que pretend√≠a establecer un estado de la cuesti√≥n de la representatividad de nuestro idioma dentro de las industrias de la lengua en el mundo, y, consecuentemente, de las posibilidades del espa√Īol como n√ļcleo de negocios y de oportunidades, de su importancia cuantitativa, cualitativa, cultural y econ√≥mica. Verdaderamente, aquel encuentro sirvi√≥, de referencia para comprobar la vitalidad del espa√Īol como lengua de cultura y de negocio, y, con ello, para calibrar, ajustadamente, las posibilidades de nuestra lengua como herramienta de desarrollo y progreso. Se habl√≥, en ese foro, de la extensi√≥n geogr√°fica (espacial y demogr√°fica) del espa√Īol, de su uso en el espacio virtual, de su aportaci√≥n al PIB nacional y mundial, de su condici√≥n de reclamo dentro de un √°mbito del sector servicios, del turismo idiom√°tico, cuyo crecimiento le est√° haciendo convertirse en un cap√≠tulo estrat√©gico de nuestra econom√≠a, y finalmente, del empuje de la actividad editorial, de la televisi√≥n y de los videojuegos y otras alternativas de ocio propios de la sociedad postindustrial.

La rotundidad de las cifras que se manejan anulan toda sombra de especulaci√≥n acerca de la pujanza y el crecimiento del espa√Īol, y de sus posibilidades de catapultarnos hacia el porvenir: la extensi√≥n diat√≥pica y demogr√°fica nos indica que unos 540 millones de personas hablan espa√Īol, de los cuales 470 lo tienen como lengua madre, lo que la convierte en la segunda lengua materna del mundo tras el chino mandar√≠n; de la proliferaci√≥n del espa√Īol en Internet, nos habla, elocuentemente, el √≠ndice de crecimiento de su uso, que, en la primera d√©cada de nuestro siglo, se elev√≥ por encima del 810 % (en la actualidad, es la segunda lengua m√°s empleada en Facebook y Twitter); sobre su naturaleza como fuente de recursos econ√≥micos, son palmarios los datos que se√Īalan que la lengua espa√Īola representa el 15 % del PIB nacional y m√°s del 9% del PIB mundial, porcentaje al que contribuye, sustancialmente, la comunidad hispanohablante de Estados Unidos, que conforma, por s√≠ sola, la d√©cimo cuarta potencia econ√≥mica del mundo, cuyos miembros tienen un poder adquisitivo que se duplica cada d√©cada que transcurre; en el muy se√Īalado √°mbito del espa√Īol como lengua extranjera, causa un hondo impacto el comprobar que 20 millones de alumnos lo estudian en el mundo, y que, de ellos, una cifra que se aproxima al mill√≥n viajan anualmente a nuestro pa√≠s estimulados por su aprendizaje; a la √≥rbita de las industrias culturales y creativas, pertenece nuestro sector editorial, el cuarto en volumen de producci√≥n y negocio en el mundo, al igual que la televisi√≥n realizada en espa√Īol, de cuya relevancia da notica la cadena en lengua castellana, Univisi√≥n, que ha superado en audiencia a los cuatro grandes en ingl√©s: Fox, BBC, CBS y NBC.

En definitiva, tanto la historia como los guarismos legitiman, y hasta demandan, que el aniversario de Alfonso X el Sabio, en el a√Īo 2021, represente el inicio de un nuevo proyecto para la ciudad de Toledo. El Rey Sabio, en su momento, supo sembrar sobre la tierra labrada de la vieja Escuela de Traductores fundada por el monje cluniacense y obispo de Toledo, Raimundo Sauvetat (Gascu√Īa,?-Toledo, 1152). La mejor manera de celebrar su efem√©ride ser√≠a que los regidores de Toledo retomaran, en una iniciativa actualizada, el viejo sue√Īo del monarca de hacer de nuestra ciudad una de las capitales del saber mundial, una plaza fuerte del espa√Īol en el mundo, una referencia del imaginario colectivo como escala ineludible de La Mancha quijotesca, el territorio de la ficci√≥n; y, como aportaci√≥n de nuestro tiempo a la identidad de la ciudad, es de esperar que quien ha de dirigir la senda del progreso de Toledo en la era postindustrial abogue y hasta porf√≠e por que la ciudad albergue la sede permanente de un organismo coordinador de las industrias de la lengua espa√Īola.

Recordemos que el pr√≥ximo congreso de la lengua espa√Īola, que se celebra con una periodicidad trienal, tendr√° lugar en 2022, es decir, un a√Īo despu√©s del octavo centenario del nacimiento del rey toledano. ¬ŅAcaso no ser√≠a adecuado que la reuni√≥n anual de los directores de los Institutos Cervantes se produjera en Toledo con motivo del centenario alfons√≠, en 2021, y que, en su marco, fuera la palabra po√©tica de Luis Garc√≠a Montero, director de la instituci√≥n, quien anunciara que nuestra ciudad habr√° de contar, por una parte, con el ya citado Centro de las Industrias de la Lengua, y, por otra, que nuestra capital albergar√≠a el congreso de la lengua espa√Īola del a√Īo siguiente?

Nos adelantamos a la posible r√©plica de aquellos que pretendan recordarnos que existe ya un Observatorio Espa√Īol de las Industrias de la Lengua, y lo hacemos puntualizando que las posibilidades culturales, educativas y econ√≥micas del idioma espa√Īol exigen algo m√°s que una compilaci√≥n peri√≥dica de datos que permitan extraer la √ļnica conclusi√≥n posible: que el espa√Īol es, per se, un eje de progreso y de desarrollo. De hecho, es esa potencialidad de nuestra lengua y en nuestro tiempo lo que hace exigible un organismo que no solo no invadir√≠a parcelas propias de la iniciativa privada, sino que se erigir√≠a en el multiplicador keynesiano que acrecentar√≠a, desde la coordinaci√≥n, la supervisi√≥n y la evaluaci√≥n p√ļblicas, las oportunidades, el crecimiento y el empleo privados.

Figura del rey Alfonso X El Sabio en la estatua de Fernando III en la Plaza Nueva de Sevilla
Figura del rey Alfonso X El Sabio en la estatua de Fernando III en la Plaza Nueva de Sevilla – Efe

Un proyecto histórico, moderno, cultural y cívico

Creemos que este podr√≠a ser un paso decisivo en la historia del presente de nuestra ciudad, que tiene comprometida su identidad con la tradici√≥n, pero tambi√©n con la vanguardia. Se trata, en suma, de que Toledo exhiba, al mundo, un proyecto en que la cultura y el conocimiento sean el verdadero motor de cambio, de avance, al tiempo que, con ello, d√© respuesta a las demandas a un sector ampl√≠simo de la poblaci√≥n cuya sensibilidad espera ser satisfecha con algo m√°s que la experiencia impactante y ef√≠mera de ciertas formas de entretenimiento. En ello reside la diferencia de celebrar una fecha se√Īalada con un ensartado de fastos evanescentes o convertir una efem√©ride en el inicio de un aut√©ntico proyecto c√≠vico y cultural.

Deseamos que Alfonso X el Sabio sea, en definitiva, un magnífico anfitrión para llegar al resto de nuestras manifestaciones culturales, de nuestro paisaje, de nuestra forma de entender la vida y de ubicarnos en el mundo. Y confiamos en que la celebración cuente con la excelencia en la dirección y gestión adecuadas para lograr el éxito que perdure y las acciones no se pierdan como fuegos de artificio. Así, todos podremos sentir que la autoría de un gran éxito es siempre colectiva. Los esfuerzos pedagógicos y democratizadores han de servir para que nadie se quede fuera y para que todo el mundo se sienta partícipe de un gran proyecto que es cultural y, por ello, social y económico.

Alfonso X el Sabio está ahí, en la historia, en el relato, en la cultura y en la realidad. Nos gusta repetir que el futuro tiene un corazón muy antiguo, que lo que debemos al pasado es la raíz desde la que crece el tronco del presente que, a su vez, sustenta los frutos del porvenir. Seamos optimistas y hagamos las cosas bien.

√ďscar Gonz√°lez Palencia y Antonio Ill√°n Ill√°n, profesores de Lengua Castellana y Literatura

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