«Toledo, tenía que ser Toledo»

Falta un mes para la inauguración y, en compañía del mayor coleccionista de Arte Contemporáneo del mundo, Roberto Polo, recorremos las bellísimas estancias del Museo de Santa Fe, donde muy pronto vivirán más de 300 obras de arte entre pinturas, esculturas e instalaciones, un espacio privilegiado que cobijará durante 15 años una colección valorada nada más y nada menos que en 400 millones de euros, mucho más que el presupuesto del nuevo macrohospital que se construye en el barrio de Santa María de Benquerencia de Toledo.

Un día después, el 28 de marzo, se inaugurará la colección que albergará, de manera provisional, la Casa Zavala de Cuenca. A la inauguración de estos dos grandes eventos están invitados personalidades y periodistas de todo el mundo, pero el adelanto de las elecciones ha obligado a cambiar en las invitaciones el nombre del anfitrión, que ya no será el presidente de Castilla-La Mancha y candidato autonómico, Emiliano García-Page, sino el presidente de la Fundación Colección Roberto Polo, Ángel Felpeto.

El nombre

El 27 de marzo abrirá pues en la capital de Castilla-La Mancha el que se ha decidido en llamar «Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Conremporáneo de Castilla-La Mancha».

Roberto Polo, ataviado con una cazadora verde, pañuelo estampado al cuello y pantalones vaqueros, está exultante pensando en las cuatro frenéticas semanas de trabajo que tiene hasta la inauguración. Cuenta que, en una segunda fase, la colección se extenderá por la antigua Biblioteca del Miradero tras la realización de unas complejas obras que dirigirá el eminente arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales por la rehabilitación del Palacio de Carlos V como Museo de la Alhambra, y Premio COAM 2014 por la Rehabilitación y Museografía del Museo Arqueológico Nacional. «Según el contrato que tengo con la Junta, la antigua Bibiloteca del Miradero tiene que abrir antes de finales de 2023, y hay que hacer unas obras muy importantes», explica Polo.

De momento, será el convento de Santa Fe el escenario principal, con sus espaciosas salas y preciosos patios, alguno de los cuales albergará una instalación completa como el «Jardín italiano», de Roberto Pietrosanti. Las obras de la colección comenzaron a llegar a España en octubre de 2018 a bordo de casi 20 camiones de 17 metros de largo y grandes remolques.

«En Toledo, lo que abre ahora es todo el convento de Santa Fe. El piso superior de lo que es hoy en día el Museo de Santa Cruz va a ser nuestro espacio de exposiciones temprales, pero la entrada va a ser por la Colección de Roberto Polo, por el Miradero. Las obras ya han sido trazadas sobre el plano por Frade y el director artístico es Rafael Sierra. Va a haber obras de 1920 que pueden dialogar con obras de hoy en día», añade.

Los detractores

El coleccionista responde abiertamente cuando se le pregunta su opinión por los toledanos detractores de este proyecto, los que consideran que su colección desnaturalizará la esencia del Museo de Santa Cruz. «Hay mucha gente que habla de Toledo como un lugar pu ro y que considera que el arte moderno y contemporáneo no debe entrar en esta ciudad. Pero Toledo no tiene nada de puro. Ya, para empezar, es la ciudad de las Tres Culturas. Creo que no sería bueno para Toledo quedarse como un cementerio y no como un organismo viviente como lo fue hasta los años 1930 cuando los grandes vanguardistas como Luis Buñuel, Picasso, Diego Rivera, Wilfredo Lam, que vivieron y trabajaron aquí. Esta ciudad tiene que seguir inscribiéndose en esa cadena de historia, de cultura, de historia del arte, no quedarse como un cementerio». Y pone como ejemplo a seguir la ciudad de Venecia, milenaria como Toledo, y que alberga «la manifestación de arte contemporáneo más importante del mundo: la Bienal de Arte Contemporáneo», creada en 1895.

Argumenta Polo que también en el París de 1889 se produjo rechazo social a la Torre Eiffel, que fue construida para la Exposición Universal de aquel año. «Era una obra vanguardista en aquel momento y tuvo oposición, igual que cuando los pintores impresionistas presentaron su obra al Salón Nacional de Bellas Artes en 1872 y fueron rechazados por los pintores establecidos. Expusieron entonces en lo que ellos llamaron el ‘Salón de Rechazados’, un café en la plaza del Trocadero, en París», explica.

No puede ser un cementerio

Y añade: «Lo que hoy es nuevo es viejo mañana, es historia mañana. Y si uno rechaza lo nuevo no tiene futuro tampoco, no tiene historia futura. No podemos vivir en un cementerio», reitera. Por qué entonces un hombre cosmopolita como Roberto Polo eligió Toledo para su colección. La respuesta llega rápida: «Porque las vanguardias solamente pueden existir en donde son rechazadas. Los lugares que admiten y aceptan todo son incapaces de crear nada nuevo. Llevar esta colección a Madrid, a Valencia, no tendría ningún sentido. Sin embargo, aquí va a ser un acontecimiento histórico. Toledo, tenía que ser Toledo».

Dice el coleccionista que «yo no vine buscando nada a Toledo, este proyecto me lo propusieron hace ya casi cuatro años, cuando ni siquiera sabía qué iba a hacer con mi colección». Fue concretamente el 25 de junio de 2016, el mismo día que Polo recibió en Madrid el I Premio Capital Arte al Mecenazgo Internacional, cuando surgió todo. En el cóctel posterior a la entrega del premio se le acercaron el vicepresidente y el viceconsejero de Cultura del Gobirno de Castilla-La Mancha y le invitaron a ir al día siguiente a Toledo y Cuenca. «Yo acepté, y entonces fue cuando me mostraron el convento de Santa Fe. Más tarde conocí al al presidente García-Page».

«No he vuelto a Cuba»

Roberto Polo cumplirá en agosto 68 años. Nació en Cuba en 1951. Con ocho años salió de su país con su familia para disfrutar de unas vacaciones y visitar Lugo y Vigo. «Mi origen es gallego por parte de padre, y por parte de madre, mitad gallego y mitad italiano. Regresamos a Cuba pero para salir inmediatamente después. Mi padre esperaba que la situación política mejorara pero empeoró y ya había rumores de la invasión de Bahía de Cochinos. Y me eduqué en los EEUU. No he vuelto a Cuba, no. No me interesa ir a países comunistas, no me interesa gastar dinero en países que tienen campos de concentración. No quiero deprimirme viendo mi país destruido. Me gustaría volver pero no a una Cuba comunista, destrozada, y la Cuba donde yo nací ya no existe. Mi hogar ahora es Toledo», en cuyo Casco Histórico quiere vivir de forma permanente.

«Ahora no tengo tiempo de buscar casa, trabajo día y noche. Esta noche dormí dos horas y me siento afortunado, pero tenemos que abrir este museo como Dios manda porque aunque sea un museo regional es de envergadura internacional», subraya.

Atrás queda entonces el deseo de algunos de convertir el Museo de Santa Cruz en un gran espacio donde reunir toda la obra del Greco. A eso, Polo responde: «¿Y por qué no lo hicieron, por qué esperan a un nuevo proyecto para proponer uno que debieron haber hecho antes?». A su juicio, «la gente no conoce Toledo y los que vienen son turistas baratos que pasan aquí unas horas y se vuelven a ir. Y eso hay que cambiarlo porque hace falta todo tipo de turismo. Hay que usar la cultura para que la gente vea Toledo y Castilla-La Mancha, una región muy interesante, el corazón de España. Pero el mundo no lo sabe. Yo me considero más como un embajador y trato de abrir puertas. Yo quiero aportar a Toledo, no quitarle, no me estoy llevando nada».

Despedimos a Roberto Polo a la puerta del Museo de Santa Cruz. Quizá podamos encontrarle un día de estos caminando con su perro Otelo por la senda del Tajo, donde le sorprendió ver a un pastor con su rebaño recientemente. Dice que, al cruzarse con él, la gente le saluda, «y me agradecen lo que estoy haciendo por Toledo y por Castilla-La Mancha. He hecho nuevas amistades, es muy bonito. Esas historias de que el toledano es muy cerrado, honestamente, desde mi experiencia, no son ciertas».

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