«Tiene sangre en las manos»

Katy Perry eligió en 2015 el convento del Sagrado Corazón de María en Los Ángeles para comprarlo por 11,5 millones de euros y utilizarlo como propiedad privada. Sin embargo, la artista de 34 años jamás se imaginó que las monjas que viven allí se lo iban a poner muy difícil. Desde ese año, la cantante ha tenido que lidiar con una durísima batalla judicial para conseguir el terreno en el que las religiosas habían vivido durante casi 40 años.

Esta semana, una de las religiosas que fueron «expulsadas» de su lugar de culto no perdona a Perry y la acuda de ser la responsable de la muerte de Catherine Rose Holzman,una de sus compañeras y que falleció en 2018, en medio de la batalla legal por mantener la propiedad frente a los juzgados. Un enfrentamiento que, según ha declarado la hermana Rita Callanan al diario estadounidense «New York Post», le ha dejado «paralizada, sin dinero y sin hogar» y que tal y como asegura, las últimas palabras de su amiga antes de morir fueron «Katy, detente por favor».

« Realmente no me gustaba Katy Perry. Estoy segura de que a ella tampoco le gusto. Yo intento luchar, pero no sé durante cuánto tiempo voy a poder hacerlo», dice en referencia a sus 81 años y antes de asegurar que la artista «las manos manchadas de sangre».

Cuando en 2011 la cantante se encaprichó del convento, en él vivían cinco religiosas, de las cuales tres se mostraron a favor de la compra y dos (Catherine Rose Holzman y Rita Callanan) en contra porque consideraban que violaban sus votos.

Y parece que su lucha ha dado sus frutos pues a día de hoy Perry ha desistido y ya no quiere la propiedad, que ha vuelto a poner a la venta por casi 25 millones de euros. «Si bien la opción legal formal sobre la propiedad ha caducado, la Arquidiócesis y la Sra. Perry continúan comunicándose sobre su interés continuo en la propiedad», ha informado la arquidiócesis de Los Ángeles a través del «New York Post».

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