Superliga: Boca y River dan el √ļltimo paso previo, con la mente puesta en la Copa Libertadores

Fuente: LA NACION РCrédito: Mauro Alfieri

El mejor modo de llegar a la c√ļspide es escalar cada paso, sin saltearse el que vendr√°. El v√©rtigo de alcanzar ese punto fijo puede desmoronar la traves√≠a. Un partido, apenas un encuentro separa a Boca y River de la primera semifinal de la Copa Libertadores, prevista para el martes pr√≥ximo, en el Monumental. El escollo previo es parte de la Superliga, el campeonato dom√©stico que tendr√° una importancia may√ļscula para el que quede a un costado del camino, luego del desquite, previsto para el 22 de octubre, en la Bombonera.

Es complejo escapar de una obsesi√≥n. Es la que tienen xeneizes y millonarios, potenciados por los √ļltimos cruces coperos, envueltos en una adrenalina exagerada, propia de estos tiempos de efervescencia, que tantas veces supera la cordura. Los encuentros dom√©sticos suelen tener una recompensa despareja: a Boca le va de maravillas, mientras que River no despega. El equipo de la Ribera es el l√≠der, con 17 puntos y no solo no perdi√≥: no sufri√≥ goles, con el aura de Esteban Andrada y una estructura s√≥lida y agresiva. El conjunto de N√ļ√Īez qued√≥ estacionado a 6 puntos de la cima, m√°s all√° de que es el l√≠der simb√≥lico en goles anotados, con 15.

El torneo local es una cuenta pendiente para Marcelo Gallardo, multicampe√≥n internacional, m√°s all√° de sumar dos Copas Argentinas. La estirpe que cobija en cada supercl√°sico, hace el resto. Nadie en el mundo River lo se√Īala con el dedo por esa deuda. Sin embargo, la derrota con V√©lez, en el Monumental, le da un golpe de efecto a este desaf√≠o -Gimnasia, en La Plata, desde las 17.45-, y representa mucho m√°s que la antesala de lo que todos hablan. M√°s all√° de no exponer a los mejores int√©rpretes, un traspi√© de frente a Diego Maradona ser√≠a algo m√°s que un pu√Īal.

Gallardo y Maradona se respetan, se admiran. Alguna vez, el Mu√Īeco record√≥ un noble gesto de Diego -un llamado imprescindible, en tiempo y forma- cuando fall√≥ un penal vestido de selecci√≥n y con la camiseta n√ļmero 10. Cada vez que juega el Lobo de Maradona, las pulsaciones vuelan, comprometido por el bajo promedio -suma 0,966, solo superado por Central C√≥rdoba, de Santiago del Estero-, el √ļltimo lugar de la tabla -apenas tiene un punto- y la imagen del 10 que lo recorre todo.

En esa suerte de “fest√≠n” por Maradona (c√°maras exclusivas, emociones que lo superan) y “drama” por el presente deportivo, River precisa sacar la cabeza de sus vaivenes dom√©sticos, con un buen golpe sobre la mesa. Mientras, hace cuentas para saber si Juan Fernando Quintero aterriza en alguna de las estaciones contra Boca. La seguidilla de lesiones es amplia y multifac√©tica. “No me preocupan los lesionados porque est√°n entre las posibilidades. Vos compet√≠s y las rachas de lesiones han pasado siempre. Te puede pasar en cualquier momento. Queremos a todos sanos, pero no podemos blindarlos, ponerlos en una caja de cristal. El partido m√°s importante siempre es el siguiente. Podemos ganar, perder, tener expulsados, lesionados, parte del juego. Cuando tuvimos bajas, tratamos de suplantarlas de la mejor manera posible”, entiende Gallardo.

Si hay algo que Gustavo Alfaro no sufre es de ansiedad. No se marea: sabe perfectamente que antes que River aparece en el horizonte Newell’s -un buen equipo de Frank Kudelka, que lucha por permanecer en primera-, a las 20, en la Bombonera. “Tenemos compromiso, inteligencia y sentido de pertenencia. Es lo m√°s determinante del equipo. Ten√≠amos un d√©ficit desde el manejo de la pelota y ahora incrementamos la posesi√≥n. Son los rasgos que reconvirtieron a la personalidad de este equipo”, asume, envalentonado, Alfaro.

No le tiembla el pulso: impuso su sello pragm√°tico, tiene mu√Īeca para dejar a un costado a Tevez y, ahora, diagrama una formaci√≥n con algunas figuras. Esteban Andrada y Lisandro L√≥pez, por ejemplo, apellidos indispensables de la estructura defensiva. Mauro Z√°rate y Wanchope √Ābila, recuperados de sus largas lesiones, dispuestos a sumar minutos para lo que ‘verdaderamente importa’. Es un riesgo, l√≥gicamente, pero el experimentado conductor tiene espalda para marcar el territorio una vez m√°s. Y no solo eso: qu√© mejor que mantenerse en la c√ļspide para ir a la caza del Monumental.

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