«Soy un nieto de la guerra»

«Todos tenemos un abuelo, o un tío abuelo enredado en la guerra civil», advierte Víctor Amela Bonilla (Barcelona, 1960). Sus mayores guardaron silencio hasta el 1 de enero de 1980. Flanqueado por el abuelo, Manuel Bonilla, y por el «tiet» Josep Amela aquel tímido veinteañero dejó caer una pregunta sobre los manteles: «Tú, abuelito; tú, tío; cuando terminó la guerra… ¿adónde fuisteis». «Me enviaron a Cádiz, al penal del Puerto de Santa María», respondió el tío. «A mí también me enviaron a Cádiz, también estuve en el penal del Puerto de Santa María… Pero afuera», añadió el abuelo.

Un perdedor y un vencedor; en realidad, dos perdedores. El tío Josep, por no poder vivir normalmente hasta 1945: la derrota, la depuración y más años de servicio militar. El abuelo Manuel por lo que una vez confesó a su nieto en 1970; y su nieto, entonces un niño de diez años, no se atrevió a prolongar la conversación. Él, que había sido amigo del poeta Luis Rosales, pudo salvar a Lorca…

Con «Yo pude salvar a Lorca» (Destino en castellano/Columna en catalán), Amela ha querido rescatar del olvido aquella generación -la de su abuelo y su tío-, que quemó su juventud en la contienda fratricida del 36: «En 1990, a la muerte de mi abuelo, me sentí culpable de no haberle preguntado por qué pudo salvar a Lorca. Esa culpa me empujó a coger el coche y conducir mil quilómetros hasta la Alpujarra, su tierra», explica.

Manuel Bonilla, campesino afiliado a Falange pasaba de la zona republicana a la Granada nacional a quienes corrían peligro por ser católicos o de derechas. Su contacto con Lorca llegaría cuando Rosales intenta sacar a su amigo de su casa, asediada por los esbirros de Ruiz Alonso: el «obrero amaestrado», en palabras de José Antonio.

«La sangre de Lorca no se seca nunca», escribirá Machado. Con el asesinato del poeta como telón de fondo, Amela indaga en sus propias raíces familiares. Aquel abuelo granadino que arribó con su familia a Barcelona en 1953 para residir en un pisito de la Trinidad, el barrio donde su padre conoció a su madre: «Soy un nieto de la guerra», apostilla.

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