¬ęSolaris¬Ľ, cuando la ciencia ficci√≥n es pura metaf√≠sica

Los libros nos apasionan, nos entretienen, nos meten en la vida de los otros. Pero Stanislav Lem logra en ¬ęSolaris¬Ľ, publicado en 1961, arrojar una nueva visi√≥n sobre la condici√≥n humana a trav√©s de la experiencia de un viajero en el espacio que llega a una estaci√≥n que orbita en un lejano conf√≠n donde nada es lo que parece.

Solaris es un planeta descubierto hace más de un siglo que ha dado lugar a encendidos debates científicos en la Tierra sobre su naturaleza. Para conocer más a fondo lo que sucede en este cuerpo que gira en torno a dos soles, situados en una remota galaxia, un comité de sabios decide enviar al físico y matemático Kris Kelvin para que indague sobre el terreno.

Kelvin se encuentra nada más llegar con las misteriosas conductas de los dos astronautas que viven en la estación espacial que le ocultan los fenómenos inexplicables que acontecen en la superficie de Solaris, un mar de plasma formado por materia orgánica.

Magma fluctuante

Al poco de arribar a la nave, Kelvin se despierta de un profundo sue√Īo y ve en su habitaci√≥n a Harey, su esposa que se ha suicidado hace diez a√Īos. Cree que se halla ante una alucinaci√≥n hasta que empieza a interactuar con Harey, que es incapaz de recordar su pasado ni explicar c√≥mo ha llegado a ese lugar.

Tras introducir a su mujer en un cohete y lanzarla fuera de la estación orbital, Harey vuelve a aparecer y demuestra que es capaz de superar todos los obstáculos para permanecer junto a su marido, atrapado entre la contradicción de relacionarse con un fantasma y lo que dicta su razón de científico.

Al entablar contacto con Snaut y Sartorius, los f√≠sicos que residen en la nave desde hace a√Īos, Kelvin se da cuenta de que Solaris en un oc√©ano inteligente que materializa sus deseos. Harey es, pues, ¬ęuna visitante¬Ľ creada por este magma fluctuante que representa un tipo de inteligencia superior que nada tiene de humano.

Llevado al cine

Solaris genera estructuras, que Lem bautiza como mimoides, que reproducen las formas terrestres y también complejos arquetipos simétricos que expresan un entendimiento superior impenetrable, puesto que los astronautas no pueden comunicarse con ese océano cambiante ni entender su lógica.

El libro tuvo un gran √©xito en los a√Īos 60 y fue llevado al cine por el director ruso Andrei Tarkovski, que supo captar la complejidad del relato. La pel√≠cula de Tarkovski, que no le gust√≥ nada a Lem, es una obra maestra que pone el √©nfasis entre la contradicci√≥n entre la fe y la ciencia,entre los sentimientos y la raz√≥n. En un determinado momento del filme, Kelvin subraya que antepone el amor por Harey a la l√≥gica cient√≠fica.

Supone un reto interpretar lo que pretend√≠a transmitir Lem en este texto tan sugerente porque el planeta Solaris podr√≠a ser un dios nacido de la evoluci√≥n del Universo o, tal vez, un inquietante y monstruoso fruto del azar. De lo que Lem estaba convencido es de que existe vida racional en alg√ļn rinc√≥n de los cientos de millones de galaxias y que esa inteligencia no tiene por qu√© ser parecida a la humana.

Visionario de la ciencia

Lem pensaba que el hombre siempre quiere proyectar su figura sobre el Cosmos y que la carrera espacial no era nada más que un intento de ensanchar los límites del mundo en el que vivimos. Contra ese estereotipo, el escritor polaco afirmaba que puede haber formas de inteligencia evolucionada que nada tengan que ver con las que se han desarrollado en la Tierra.

En √ļltima instancia, aunque no era la intenci√≥n de su esc√©ptico autor, ¬ęSolaris¬Ľ podr√≠a representar un estado de evoluci√≥n del Universo que se acerca a Dios, una idea que coincide con el ¬ępunto omega¬Ľ del jesuita Teilhard de Chardin, que sosten√≠a que toda la materia avanza hacia una espiritualizaci√≥n que confluye con lo sagrado.

La paradoja es que Lem, fallecido en 2006, desemboca en la metaf√≠sica a pesar de su pasado comunista y su mentalidad de cient√≠fico, al igual que lo hace Arthur Clarke en ¬ęUna odisea espacial¬Ľ, llevada al cine por Stanley Kubrick, con la que presenta interesantes afinidades.

En ambos casos, Tarkovski y Kubrick van mucho m√°s lejos que la obra literaria y, a mi juicio, contribuyen a engrandecer los dos textos al abordar sus implicaciones. Por ello, recomiendo leer esta magn√≠fica novela y luego ver la pel√≠cula del cineasta ruso, que se deja llevar por una m√≠stica en la que no quiere caer Lem, un visionario de la ciencia que nos leg√≥ con ¬ęSolaris¬Ľ un verdadero ensayo filos√≥fico.

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