Sobreactuaciones

Desde que lleg√≥ vemos el mismo patr√≥n de comportamiento en todos los actores internacionales cuando el constructor de Queens, sentado en el Despacho Oval, toma una de esas decisiones que sus antecesores procuraban no tomar. Las sobreactuaciones, ahora de Pek√≠n y Mosc√ļ, ayer de Bruselas, NAFTA o Teher√°n parecen orquestadas por el propio Donald Trump al que tanto gusta dramatizar. Washington ha impuesto una considerable bater√≠a de sanciones a China por su compra de armamento a Rusia. Porque Mosc√ļ est√° sometido a embargo occidental por su anexi√≥n de Crimea y otro norteamericano por sus injerencias en las elecciones presidenciales de 2016. Pek√≠n y Mosc√ļ pretenden estar horrorizados por esta espantosa noticia que quieren hacer creer es poco menos que una declaraci√≥n de guerra. Y conminan al presidente Donald Trump a rectificar. Si no, dicen, habr√° graves represalias.

Ni tanto ni tan calvo. China y Rusia sabían bien que las grandes compras de armamento ruso que acaba de hacer Pekín violan el embargo impuesto. Trump es previsible. Quien rompe los embargos de EE.UU. comete un acto hostil a EE.UU. que enfada a EE.UU. y sentirá el enfado de EE.UU. En Washington ya no está aquel presidente que siempre cobardeaba y que no cumplía ni sus promesas ni sus amenazas. Lo sabe Volkswagen, que no es china ni rusa, y ha abandonado Irán para cumplir con el embargo de Trump. La izquierdista y filoiraní Federica Mogherini se ha tragado su baladronada de que los europeos ignorarían el embargo de EE.UU. a Irán.

Los chinos y los rusos podrán buscar formas represalias. Quizás las tomen. Probablemente no muchas. Lo que no podrán es decir que le han doblado el pulso al presidente norteamericano. Ni con la guerra comercial que alarma más a los periodistas y académicos que a comerciantes e inversores a la vista de cómo va Wall Street. Ni con maniobras militares conjuntas chino-rusas que tampoco impresionan demasiado. China y Rusia tienen que escenificar la ofensa. Pero ellos sí entienden, parece que mejor que los europeos, que Trump ejerce como el negociador de Queens que siempre tiene al final consideración para los intereses ajenos. Cuando los suyos están amarrados.

Hermann TertschArticulista de OpiniónHermann Tertsch

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