Sin trabajo, sin camión y con miedo a perder hasta la casa

En el salón de plenos del Concello de As Pontes, Lolo Filgueiras redacta un anuncio para un portal de Internet. «Se vende camión», escribe en su móvil. Un día antes de que Endesa comunicase su intención de cerrar la planta una veintena de transportistas afrontan su 18º jornada de encierro para exigir una solución al parón de la central. Otros compañeros secundan la protesta en los Ayuntamientos de Ferrol y Vilalba. Su situación es límite.

«Me llegan las letras a final de mes y no soy capaz de pagarlas. No tenemos forma de sobrevivir», explica Filgueiras. A los 18 años comenzó a trabajar con su padre transportando carbón desde el puerto de Ferrol a la central térmica. Ahora cuando ya ha cumplido 41 posee uno de los 150 camiones que quedarán parados con el cierre de la central. Los transportistas son el eslabón más débil en la cadena de empleo de la térmica y los primeros en sufrir las consecuencias. Endesa contrataba el transporte con la empresa Pérez y Torres y lo vinculaba a la actividad de la planta. Si la central está parada, ellos no cobran. Era esta compañía la que subcontrataba a su vez a pequeñas empresas o autónomos para realizar el servicio.

Una vez que la eléctrica decidió apostar por renovar la central y comunicó a los transportistas que seguiría funcionando hasta 2035, la mayoría optó por renovar sus vehículos. «Cambiamos los equipos para sacar rendimiento. Hoy los camiones nuevos son mucho mejores, consumen menos, les puedes meter más carga», explica José Antonio Martínez. Él posee una pequeña flota de vehículos y chóferes contratados. Pero ya ha tenido que despedir a tres trabajadores. En total unas 35 personas, calcula, habrían perdido ya el empleo por culpa del parón de la central antes del anuncio del cierre.

140.000 euros

Buena parte de los transportistas no se enfrentan sólo a la pérdida del empleo o del camión. Cada vehículo cuesta alrededor de 140.000 euros y para conseguir que el banco concediese los créditos, muchos tuvieron que poner como aval su propia casa. «Esto va a ser un caos, hay familias que se van a la calle, se van a quedar sin techo», denuncia Martínez.

Desde que iniciaron las protestas los transportistas demandan al Gobierno una transición energética justa. Pedían que la eliminación del carbón se hiciese de forma paulatina para que les diese tiempo a recolocarse. «A nosotros nos llamaron un día y nos dijeron, mañana no vengáis a trabajar. Pensamos que sería un tema puntual por mantenimiento. Pero desde entonces llevamos más de cinco meses parados», explica Lolo Filgueiras. Los camioneros habían decidido dar un margen a las administraciones para ver si se encontraba una solución que permitiese volver a arrancar los hornos de As Pontes. Pero ya advertían de que «si nos echan a la calle no nos vamos a quedar de brazos cruzados». De madrugada, tras conocer la noticia del cierre, varios neumáticos ardieron en dos carreteras de acceso a As Pontes y ya organizan nuevas protestas «contundentes».

Su futuro no es sencillo. «No hay sitio para 150 camiones. Alcoa y Megasa están también amenazadas. Podrían ir detrás de nosotros, y además ya tienen sus transportistas», explica Filgueiras. En el salón de plenos cada uno mastica la indignación como puede ante una pregunta sin respuesta: «¿A quién le pides la responsabilidad, al Gobierno, a Endesa?», afirman.

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