Ser√° revisado el caso de una mujer condenada por matar a su expareja

Marcela Mendoza

Había sido sentenciada a perpetua, pero se ordenó la realización de un nuevo juicio por no haberse tomado en cuenta la violencia de género

“Soy cel√≠aca y estoy pesando 52 kilos, con brotes de psoriasis, hemorragias, v√≥mitos, diarreas, todo derivado del deterioro que padezco en estos casi cuatro a√Īos sin poder realizar la dieta. Como si eso fuera poco, el desgaste psicol√≥gico que estoy sufriendo por la espera de una respuesta a mi pedido de libertad, es agobiante, no encuentro explicaci√≥n. Me pregunto qui√©nes est√°n detr√°s de este ensa√Īamiento”. La que habla a trav√©s de un celular desde el pabell√≥n de buena conducta de la Unidad 33 de Los Hornos es Marcela Mendoza, detenida desde el 9 de agosto de 2015, luego de que el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 de La Plata la condenara a prisi√≥n perpetua por el homicidio de su expareja. Desde un primer momento, ella jur√≥ -con el apoyo de las organizaciones feministas y los organismos de derechos humanos- que su √ļnica culpa fue la de haber sobrevivido a un femicida, que muri√≥ quemado luego de intentar prenderla fuego.

A fines de abril pasado, la Sala I de la C√°mara de Casaci√≥n Penal bonaerense declar√≥ la nulidad del veredicto condenatorio y orden√≥ la realizaci√≥n de un nuevo juicio. El fallo consider√≥ que no existieron pruebas para sentenciarla y que no se tuvo en cuenta el contexto de violencia de g√©nero que sufr√≠a Marcela. Sin embargo, ella sigue presa. “Es una verg√ľenza que estas personas que me condenaron representen la Justicia de nuestro pa√≠s: arbitraria y mis√≥gina. Yo no les pido que me regalen nada, solo que apliquen la ley como debe ser. Adem√°s de inocente, soy una v√≠ctima”, afirm√≥.

El 9 de agosto de 2015, Marcela salió de su casa en Bartolomé Bavio, una localidad en el partido de Magdalena, para encontrarse con su expareja, Eduardo Gómez, a la vera de la ruta 11. Gómez tenía dos denuncias por violencia de género y una restricción perimetral.

“Decid√≠ concurrir para que no fuera a mi casa y evitar que mis hijos viviesen otro episodio de violencia. Sub√≠ a su auto y luego de recibir insultos y hasta un sopapo, sac√≥ un envase del costado de su asiento mientras me dec√≠a que me las iba a hacer pagar. Me lo arroj√≥ y por instinto me cubr√≠ con las manos y eso hizo que el l√≠quido tambi√©n cayera sobre √©l. Enseguida sent√≠ como una explosi√≥n y el fuego en parte de mi cuerpo. Autom√°ticamente abr√≠ la puerta y me tir√© del auto”, record√≥ Marcela.

Gómez sufrió quemaduras graves y tres días después falleció en el Hospital San Martín de La Plata. El 14 de agosto, Marcela fue detenida y luego, en el juicio, sentenciada a prisión perpetua por el delito de homicidio agravado por el vínculo.

“Durante el juicio pudimos demostrar la inocencia de Marcela. Ten√≠a quemaduras en la parte dorsal de las manos que son las t√≠picas heridas de protecci√≥n. G√≥mez era una persona que med√≠a un metro noventa y pesaba 120 kilos. Es il√≥gico que ella hubiera podido rociarlo con combustible. Pero desde un principio hubo un sesgo, se la discrimin√≥; no hubo investigaci√≥n de parte de la polic√≠a y despu√©s se vulner√≥ el derecho a un juicio justo. Se la acus√≥, se la mand√≥ a juicio y se la conden√≥ a perpetua”, dijo el abogado defensor Adri√°n Rodr√≠guez.

Marcela se resignó a que la Justicia no le creyera, hasta que la Sala I de la Cámara de Casación revisó el fallo y, con el voto de dos jueces, decidió anularlo y ordenar un nuevo juicio. El tercer juez directamente solicitó la absolución y la inmediata liberación de la acusada.

Los cinco hijos de Marcela, organizaciones de mujeres y feministas, y organismos de derechos humanos piden por su libertad. La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) presentó tres habeas corpus por su grave estado de salud, en tanto que la Secretaría de Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata se constituyó como amicus curiae.

“Mi mam√° siempre fue una mina que estuvo diez puntos, pero ahora la veo muy flaca, deprimida. Cuando pienso en c√≥mo termin√≥ presa me angustio mucho. A veces me pregunto qu√© tengo que hacer para que la Justicia la deje en libertad, ¬Ņme tengo que encadenar a las rejas de los tribunales para que me den una respuesta? No quiero que me la devuelvan en un caj√≥n”, manifest√≥ Florencia Aleman, una de las hijas mayores que asumieron el reclamo.

La defensa de Marcela present√≥ un nuevo habeas corpus solicitando su libertad fundado en el tiempo excesivo que lleva detenida sin que la condena haya quedado firme (por ley no puede ser superior a dos a√Īos), pero a√ļn el juez Emir Caputo T√°rtara, del TOC 4 de La Plata, no se pronunci√≥.

“La realizaci√≥n de un nuevo juicio va a generar una revictimizaci√≥n de Marcela en su condici√≥n de acusada”, indic√≥ el abogado Rodr√≠guez.

“Mientras los jueces -concluy√≥ Marcela- tratan de tapar el mal accionar de sus colegas, yo contin√ļo presa. La fe es lo √ļltimo que uno pierde y todos los d√≠as le pido a Dios que algunos de estos magistrados realicen su labor correctamente y de una vez me otorguen la libertad que me corresponde”.

ADEM√ĀS

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