Santiago Sierra y Eugenio Merino, artistas del esc√°ndalo

En el mercado del arte contempor√°neo escandalizar suele resultar muy rentable. En el preciso momento en que una obra y su hacedor ‚Äďllamado vulgarmente artista‚Äď entran en la lista de los chicos/as malos, ya se pueden echar a dormir, y rascar la panza, porque su valor sube como la espuma. Tienen asegurados esos escasos minutos de gloria que inaugur√≥ Warhol y que √©l mismo cifr√≥ en quince. En este corto espacio de tiempo, cuando la caja registradora se pone a funcionar, puede que sume cifras millonarias. Su jugada acaba siendo la ganadora, la que pone el casino del arte patas arriba. Asalto a la banca. R√≠anse ustedes del atraco de los chicos de Ocean‚Äôs Eleven al hotel Bellagio de Las Vegas. Pura nader√≠a. Por eso a Eugenio Merino y Santiago Sierralo de dar la nota en ARCO les viene de perlas y le tienen pillado el punto, el traquillo o como quieran llamarlo. Le echan mucha cara y siempre (nos) terminan metiendo un gol por la escuadra.

Santiago Sierra colg√≥ en 2018, en el estand de Helga de Alvear, su particular galer√≠a de ¬ępresos pol√≠ticos¬Ľ
Santiago Sierra colg√≥ en 2018, en el estand de Helga de Alvear, su particular galer√≠a de ¬ępresos pol√≠ticos¬Ľ

Digamos que el m√°s veterano en estas lides es el se√Īor Sierra. Ha tatuado a prostitutas en una performance de las suyas mientras les pagaba una miseria, pero √©l facturaba millones por comercializar esa obra; ha inundadado de gas una sinagoga en Alemania, ha tapado la palabra Espa√Īa en el pabell√≥n espa√Īol de la Bienal de Venecia all√° por el a√Īo 2003… Renunci√≥ al premio Nacional de Artes Pl√°sticas bajo la proclama de ¬ę¬°Salud y Libertad!¬Ľ... Esas son algunas de sus ¬ęlindezas¬Ľ art√≠sticas, pero en la pasada edici√≥n de ARCO riz√≥ el rizo cuando jug√≥ con el fuego de los pol√≠ticos independentistas presos en una serie fotogr√°fica expuesta en el estand de su galer√≠a espa√Īola, Helga de Alvear. Las fotos pixeladas duraron menos que un bizcocho a la puerta de un colegio. Lleg√≥ la autoridad competente y las retir√≥. Censura, clamaban unos y otros por los pasillos. Esc√°ndalo con may√ļsculas, pero √©l las vendi√≥ y se sali√≥ de rositas. Cr√≠a fama y √©chate a dormir.

Eugenio Merino tiene menos trayectoria en estas lides de escandaliza que algo queda, pero logr√≥ un √©xito may√ļsculo cuando dio la vuelta al mundo la imagen de su escultura de Franco metida en el refrigerador de una conocida marca de refrescos. Tambi√©n tiene a un Bin Laden vestido y bailando a lo Travolta, a Damian Hirst peg√°ndose un tiro en la sien y la testa de Donald Trump embalada en una caja de cart√≥n. Con Santiago Sierra y Eugenio Merino se junt√≥ el hambre con las ganas de comer. Con ellos lleg√≥ el esc√°ndalo.

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