Santi Cañizares: «Un error que se nos diera por favoritos»

El paso del tiempo suele engrandecer las gestas de los equipos que escriben la historia del fútbol a la vez que se olvida del daño colateral del mismo, el derrotado. Es una frase hecha, sí, pero es tan tópico como real. De un subcampeón no se acuerda nadie. O casi nadie, porque la vida y el deporte también tienen asteriscos, y uno de ellos es el Valencia finalista de Champions en el año 2000 y 2001. En su caso, el paso de los años hizo reconocer el enorme mérito de aquel equipo en lugar de defenestrarlo como un perdedor más. «Parar ganar siempre hay que perder antes. Nosotros veníamos de una línea muy buena desde la temporada 1998-99 que ganamos la Copa del Rey con Ranieri, rompiendo veinte años de sequía. De aquellas finales perdidas contra el Madrid y el Bayern aprendimos mucho. Me acuerdo en la temporada 2001-2002, en la que yo era capitán, que durante la presentación del equipo les dije a los aficionados que no volveríamos con las manos vacías de la próxima final. Y así fue», recuerda a este periódico Santi Cañizares. El Valencia ganó la Liga en 2002 y en 2004, año en el cual también levantó la Copa de la UEFA, un doblete histórico: «En la derrota nos fortalecimos y ganamos competitividad, ambición y experiencia. Pasamos a ser un equipo decidido, compacto y firme». Cañizares desvela que a la final del año 2000 varios compañeros llegaron tocados, y eso, unido al favoritismo previo, les hizo mucho daño: «Fue todo un acontecimiento la primera final de Champions de nuestra historia, pero llegamos físicamente agotados e, incluso, con jugadores que cayeron lesionados en los días previos y jugaron en condiciones mínimas. Además, yo siempre vi como un error que se nos diera por favoritos. Es verdad que en la Liga estábamos jugando mejor que el Madrid, pero una final de la Champions es un partido muy distinto, e influye mucho la experiencia». El Valencia había eliminado con un fútbol vertical y brillante al Lazio y al Barcelona, en cuartos y semifinales respectivamente, pero eso quizás generó más confusión que alegría: «El Madrid había ganado la séptima dos años atrás (de hecho, Cañizares formaba parte de aquella plantilla) y sabían perfectamente qué tipo de partido había que jugar. Yo siempre fui consciente de las dificultades que tiene un equipo que afronta por primera vez un hecho histórico como es final de la Champions. Es fútbol, pero la experiencia y el haber vivido ya situaciones parecidas influye mucho en el rendimiento en un momento tan especial». Una de las jugadas más recordadas de la octava es el 3-0 de Raúl. Carrera de 60 metros en dirección recta hacia Cañizares y un cara a cara con final feliz para el hoy técnico del Castilla: «Raúl hace una jugada muy típica en él, en todos los sentidos. Un regate que tiene bien aprendido, que se lo leo bien sacando el brazo y dejando el balón dividido, pero que saca adelante con esa fe que tenia para ganar ese tipo de disputas. Con ese tercer gol ya fue una situación prácticamente imposible para nosotros». Perdió el Valencia, pero su derrota también supuso un triunfo del fútbol español. El trampolín de la final de París sigue hoy latente veinte años después: «El fútbol español siempre ha tenido un gran talento y del 2000 en adelante han sido años gloriosos a nivel de clubes y selecciones».

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